Aurora
Una lágrima, dos o quizá tres. Aun no puedo descifrar el puñado de pensamientos que me están atormentando con facilidad, y de los cuales me es imposible librarme, ya que es una de las cosas que forman parte de mi dia a dia, a veces para bien y otras en las que me encuentro encerrada por varios negativos.
Los rayos del sol alumbran las calles transitadas por personas que van y vienen, con sus propias preocupaciones, dudas y emociones que cada quien lleva consigo mismo. Sigo la dirección por la que se me hace mas facil para llegar al hospital monte sinaí lo más pronto posible.
Mi celular suena y compruebo que se trata de una llamada de valeria, contesto y lo pongo en altavoz.
—¿Dónde estás? hemos preguntado por ti y no te veo en ningún lado.
—Voy directo al hospital, mi madre se ha puesto mal.
—¿cual?
—En el hospital monte sinaí — murmuro y se me sale un sollozo.
—Le diré a los otros de la situación y en minutos me verás por allá, no me vayas a decir que no es necesario porque quiero estar cerca de ti.
Los ojos se me llenan de lágrimas pero me contengo, aun no quiero hacerlo, no puedo atormentarme antes sin saber nada de lo que sucede con mamá.
Nos decimos unas cuantas palabras más y la llamada se termina, respiro hondo tres veces seguidas al percatarme de que ya estoy cerca.
Si bien ya se me hace difícil entrar por motivos propios, se me complica aún más al sentir un nudo en la garganta y no saber cómo manejar la situación, solo camino por los pasillos como si estuviera perdida sin consuelo, viendo sangre, dolor y ojos apagados.
A lo lejos visualizo la silueta de papá y de mi hermano, el primero camina de un lado a otro y el segundo solo tiene los brazos por detrás de su cabeza y con el cuerpo recostado en la pared teniendo los ojos cerrados, en una silla julissa permanece sentada con los brazos cruzados.
—¿Qué han dicho de mamá?
ninguno responde porque da la casualidad que justo a tiempo sale el doctor del cuarto 305 con una enfermera.
Siento el brazo de mi hermana rodeándome los hombros y las ganas de llorar aumentan un poco, el olor a desinfectante del pasillo, las luces frías del hospital no ayudan a calmarme.
—Soy el doctor hall, cardiólogo de este hospital y los exámenes han revelado que hay un problema en el funcionamiento de su corazón —explica con serenidad—. No fue un infarto, pero sí detectamos un fallo moderado.
—¿Qué significa eso exactamente? —pregunto.
—Necesitamos hacer más pruebas para determinar la causa exacta. Y dependiendo de lo que encontremos, iniciaremos el tratamiento correspondiente.
—¿Cómo está ahora?
—Estabilizada —responde —. Está consciente y en observación. Pero necesitamos actuar con calma y responsabilidad.
El doctor se retira con una leve inclinación de cabeza junto con la enfermera dejándonos solos en el silencio tenso y sin saber que hacer o decir.
Siento como todo a mi alrededor se ralentiza y los pasos que doy hacia las sillas se me hacen pesadas, incluso mi propia respiración. no puedo parar de pensar en la palabra: corazón.
Papá se pasa las manos por el rostro como por tercera vez, tanto julissa como nicolás permanecen junto a mi, callados.
Mi madre está allí adentro en esa habitación sintiendo algún tipo de malestar, puede que durmiendo o no, y aunque sé que tengo veinticuatro años, la vida más o menos hecha, no estoy preparada para verla mal.
Recuesto mi cabeza en el hombro de mi hermana sintiendo la inquietud de que por muy fuertes que intentemos ser, los cuatro necesitamos sacar las lágrimas contenidas.
mi celular vibra. no una, sino dos veces.
mati:
estoy afuera.
Quiero decir: estamos con Valeria.
Guardo el móvil y camino hacia la salida con la cabeza un poco agachada y las manos metidas en mis bolsillos. Al salir percibo la sensación que me grita, que el momento ha llegado, que no puedo seguir conteniendo la fuerza que se me está acabando, lo primero que hago al verlos es estirar los brazos, porque necesito a las personas que me animan día a día, sin importar si ellos también necesita ayuda, tanto Matías cómo valeria han sido las personas a las que he acudido en cualquier situación, es un sentimiento mutuo ya que cuando uno de ellos se encuentra mal, hago lo que esté en mis manos hacerlos sentir bien.
Esta vez quiero derrumbarme, sabiendo que ellos me sostendrán.
—Oh linda, estamos aquí — Valeria acaricia mi cabello.
Las primeras lágrimas caen, me permito llorar, me permito ser vulnerable ante ellos.
Siento un fuerte peso en mis hombros, algo invisible que duele como nunca antes había experimentado, y que a pesar de eso y de tener la vista nublada, me siento apoyada, no se quien me besa la frente, pero lo hace con mucha delicadeza, como si pensara que me voy a romper.
—Aún no nos han dicho nada en especifico, pero tiene que ver con el corazón.
Me limpio las lágrimas cerrando los ojos por unos instantes y creer que solo se trata de una realidad alterada.
—Estamos contigo, por favor si necesitas algo de mi, dímelo Rory — dice Matías — no te aflijas tanto, tu mamá se pondrá bien.
Me abrazo a su cuerpo y suspiro.
Esta vez al entrar de nuevo al hospital, encuentro a Nicolas saliendo de la habitación donde está mi madre, me observa un momento y luego saluda a mis amigos.
Mi hermana me ofrece un café y se lo acepto, tardo en captar su indirecta para irnos hacia otro lugar y poder platicar solas, nos ponemos al dia de cómo sobrelleva el cuidado para sus hijos, de que a veces quisiera volver a trabajar con papá, de que quisiera dejar de sentir culpa por pensar en trabajar cuando ama demasiado a mis sobrinos, se contradice en algunas situaciones y duda hasta de lo que realmente hace bien.
—Incluso hasta he llegado a pensar que Josh ya se aburrió de mí. — nos sentamos de nuevo en el pasillo donde está el cuarto de mamá, July al ver que no hay nadie cerca sigue hablando — cuando tiene algún evento ya no pregunta si quiero ir con él como antes lo solía hacer, cada vez que se despide de mí lo hace con un beso en la mejilla, y a los niños los ve muy poco.