Aurora
Admito que me he considerado débil a pesar de que muchas personas me han dicho que soy lo suficientemente fuerte como para tirar la toalla, lo cierto es que he aparentado tanto que me lo creo. Olvidando las veces que he llorado en silencio teniendo a muchas personas al otro lado de la puerta, limpiándome las lágrimas con el dorso de la mano y morderme la lengua hasta sentir dolor para que las lágrimas cesen y así poder salir con una sonrisa dibujada en mi cara como si nada complicado estuviera pasando conmigo.
Paso una vez más el cepillo a mi cabello y salgo de mi habitación, hoy mamá sale del hospital y quedamos en ir a traerla con papá y mis hermanos. Le llevamos las rosas que tanto le gustan y a los nietos para verle una sonrisa en el rostro.
Al bajar las gradas veo como Josh le hace cosquillas a la pequeña Alice mientras que Jasper corretea por toda la sala, creo que sin ellos está casa se sentiría un poco tensa.
—Luces bien — dice clara cuando nos topamos en la entrada de la casa — me gusta el flequillo que te has hecho.
—Quería verme diferente — encojo los hombros — y creo que lo he conseguido.
—Por supuesto, hermanita.
—Cállate Nicolás.
Sonreímos antes de darnos un abrazo que termina siendo un forcejeo de mi parte para poder zafarme de su agarre, su novia le dice que me deje en paz, pero no lo hace ya que a él le encanta molestarme.
—Por favor ya — dice papá y abre la puerta principal — ya no son unos niños.
Y a eso me refiero cuando digo que mis sobrinos hacen que la casa parezca menos aburrida.
Nicolás me suelta y le silba a papá como forma de saludo antes de que él salga de la casa llevando su maletín de trabajo, por supuesto que irá a trabajar, es lo que más ama hacer y su oficina es su lugar favorito. Por favor que alguien le suplique que no es lo único necesario en esta vida, tomando en cuenta que a su edad le favorece muy poco llegar consigo los problemas de su propia empresa, ya que hasta el momento a pesar de que mi hermano y mi cuñado le ayudan, no los deja tener el control.
—Ya se hace tarde, dile a Julie que el carro no la esperará todo el tiempo — dice papá sin mencionar si me lo dice a mi o a Nicolás.
Intercambio miradas con mi hermano y decido ir yo a la biblioteca a llamarla, espero que no se haya quejado con él sobre lo de Josh.
—Juls ya se hace tarde, tenemos…
Me quedo callada al verla limpiarse los ojos, los tiene rojos.
—¿Qué pasa?
—Se lo he dicho y no me ha creído — se suena la nariz antes de continuar hablando — dice que son ideas locas mías, que debo de empezar a trabajar y buscar quién cuide a mis hijos, que estar tanto tiempo en la casa me hace imaginar más allá de mis narices.
—Conociéndolo y se lo dices — niego con la cabeza.
—Es mi padre y debo desahogarme.
La jalo del brazo con suavidad hacia la salida y en el transcurso del camino entrelazo nuestras manos, lo bueno es que todos ya están afuera quizá desesperados por irse gracias a nuestra culpa, pero es lo de menos. Lo importante es que lleguemos a traer de nuevo a casa a mamá.
—Estoy yo por si no te has dado cuenta — le recrimino con un poco de humor.
—Lo sé, solo quería comprobar si papá me diría algo que no me sentiría más mal de lo que estoy.
—Puede que tenga razón — digo y abro la puerta para que ella sea la primera en ir hacia el carro.
No me responde y prosigue su camino, soy la última en subir al coche donde también va papá, el chófer asiente al mando de papá y arranca. En otro que es el de Nicolás solo va con Clara y juls es su coche con su esposo y los niños.
—¿Tú le crees? — pregunta de repente mi papá.
—Por primera vez en la vida estoy de acuerdo con lo que le dijiste — le hago saber.
No hay más palabras de su parte y yo doy por finalizada lo que se supone que es una conversación con él. No es que odie a mi padre ni que lo haga de menos, pero desde que tengo memoria siempre nos ha formado de una manera dura, en donde de alguna u otra manera los sentimientos de ambas partes no importa, media vez tengamos buenos resultados con el apoyo que nos ha dado basta.
A la única que he visto que le ha dado cariño que hasta da miedo su nivel de ternura, es a mi madre, claro siempre y cuando no estén en el ojo de la gente ya que él es una persona reservada, no le gusta llamar la atención.
Llegamos al hospital antes de lo habitual y doy paso de nuevo a esa sensación que me sigue nublando la mente como la primera vez, sin hacerme entender que ya todo está bien, últimamente no sé qué es lo que me sucede, solo sé que teniendo responsabilidad muy grandes, puedo quitarme aquello de encima como una hoja del árbol.
Me llevo las manos calentitas a mis mejillas justo cuando subimos al ascensor, papá me observa por unos instantes y luego se centra en su celular, para comprobar que no necesitan nada de él en su empresa. Caminamos por el pasillo hasta llegar a la habitación donde se encuentra descansando mi madre, atrás de nosotros vienen mis hermanos y Clara, Josh se quedó afuera con los niños para que el plan de sorprenderla siga en pie.
Entramos al cuarto y la vemos leyendo un libro, la enfermera le termina de hacer una trenza justo cuando ella voltea a vernos, el primero en acercarse es papá con una sonrisa en los labios, le besa la frente y luego permite que uno por uno la saludamos, recibiendo un abrazo cálido por parte de ella. Es justo lo que necesitaba al entrar a este lugar, el solo sentirla me hace sentir segura. Mamá es un amor.
—No esperaba verlos el día de hoy — dice y baja de la cama con la ayuda de papá — ya me encuentro bien, necesito ir a regar las plantas que están en mi balcón.
—No te preocupes, las estuve cuidando en tu ausencia — le dice papá
—¿Estás seguro?
—Créele mamá, escuché que buscaba en internet el cómo cuidar plantas verdes — bromea Nicolás — ese hombre que parece un tronco, en realidad es una florecilla.