El primer latido

Capítulo 5

Aurora

—Eso no es cosa del otro mundo querida Rory — dice Valeria con una sonrisilla al dirigirse a mí por el apodo, que ella no me puso.

Creo que ha sido una mala idea contarle la situación que vive rondando en mi cabeza desde que intente pegar ojo luego de que todos se fueran de casa, que va, desde que ese momento se rompió y en mi caso fingí que nada raro había ocurrido.

—Ahora no se si podré verlo a la cara — me pongo encima la almohada por tercera vez desde que mi amiga ha pisado mi habitación.

—Lo harás — forcejea para levantarme de la cama tomándome de las muñecas — por si no lo recuerdas, estamos en el mismo grupo y hoy…

—No lo digas por favor — digo con súplica.

—Hoy nos vamos a reunir para ponernos al día.

Que tonta fui al creer que lo de anoche no me iba a tocar el alma, que por ser mejores amigos íbamos a tomar aquello como un juego y que por un segundo él iba a restarle importancia la presencia de nuestros amigos y la de mi familia para proceder a besarme porque yo le había abierto las puertas. Pero no sucedió. Se que hubo algo que lo detuvo a no serlo.

Y la respuesta es que quizá no le pareció mi atrevimiento, que él solo puede verme como una amiga o como una hermana. Me dan náuseas de solo pensarlo, porque me pasé de la raya.

En definitiva, no lo quiero ver. No hasta que esté preparada para lo que tenga que decirme sin sentirme más mal de lo que ya estoy.

—No voy a ir y es mi última palabra Valeria.

Dejo que me levante de la cama con un poco de esfuerzo, luego siento como me quita la almohada y me da en la cara, yo hago un gesto de indignación y ella solo se ríe.

—Le vas a dar motivos para creer que a ti si te pegó la situación.

—¡No!

—Va a creer que estás enamorada de él y por eso diste el primer paso.

—Dame otro golpe — me cubro la cara con las manos — puede que se me olvide hasta mi nombre.

—Ya quisieras.

Valeria se vuelve a reír y yo me frustro por la razón que tiene. Ahora no sé qué hacer, mi mente no deja de imaginar ese par de ojos verdes, su nariz y cada rasgo de su cara hasta caer en sus labios que…

—Debes ponerte algo provocativo — dice Valeria dirigiéndose a mi vestíbulo.

—¡¿Qué?! Estás loca, no voy a ponerme nada de lo que elijas.

—El mundo necesita verte con vestido.

Solo puedo pensar en la pena que pasaría si se me levantara con el aire no tan confiable de nueva York, además de que no estoy de acuerdo por mucho que me encante la idea. Siento que le daría más motivos para hacerle creer que sigo coqueteando.

No, no y no.

—El mundo entero me ha visto con vestido, es más hasta los alienígenas

Valeria pone sus manos a la cintura y ya no insiste más. Se dedica a darme opinión sobre lo que me queda mejor para la ocasión sin verme muy elegante pero tampoco muy friki, mucho menos muy abrigada. Dice que lo que más me favorece para la salida son unos jeans con botines negros, blusa con tirantes y un cardigan color lila.

Se que hemos quedado esta noche en el bar que está cerca de la casa de Pablo, un lugar no tan grande pero si agradable, al que hemos ido cada que podemos para tomarnos un trago y relajarnos del estrés universitario.

Recuerdo la primera vez que llegué sola con el afán de conocer gente nueva, he de recalcar que aún no entraba a la universidad porque apenas estaba en el proceso de inscripción… La cuestión es que la primera impresión que tuve del bar fue en el preciso instante en el que Valeria estaba bailando encima de una mesa al son de la música y del silbido de los chavos que la miraban desde abajo. Al voltear hacia la entrada me vio a los ojos y sonrió, yo le devolví el gesto dando por hecho que iba a ser la primera y última vez que nos cruzaríamos.

Esa noche no solo la conocí a ella sino que también a Pablo y a Sofía, que llevaban varios meses de ser pareja en ese entonces, a Erick lo conocí cuando nos tocó hacer grupos en el primer semestre y su última opción fuimos nosotros, Lucas se integró desde el día uno que empezó a molestar a Valeria en los pasillos de la universidad, y charlé por primera vez con Matías afuera de una clase importante.

—Aún tenemos tiempo las dos para ir a otro lugar antes de toparnos con los demás en el bar.

—¿Qué sugieres? — le preguntó mientras me coloco unas horquillas en el cabello dejando mi fleco intacto.

—Tengo unas grandes ganas de comer pizza.

—Pues comamos.

—Ya la pedí y en cinco esta por acá pero…

—¿Qué ocurre?

—Pero también quiero irme a hacer una prueba de embarazo.

Me quedo tiesa, tal vez no literal pero mi cuerpo ha quedado intacto por lo que ha pronunciado, como si de repente me hubiera tirado una piedra enorme. No puedo articular ni una palabra, solo la veo a los ojos sin poder creerme lo que acaba de decir, estoy esperando a que se ría pero no lo hace. Ha soltado la bomba y se ha quedado igual que yo.

Lo que si puedo deducir es que no hay ningún rastro de miedo en su cara, se ve relajada o es lo que aparenta.

—Hoy no es el día de las bromas — digo y luego río como una tonta.

—No es una broma.

La casa esta en total silencio, tanto que se escucha claro cuando tocan el timbre. Si, tiene que ser la pizza.

No digo nada al momento en el que me dirijo hacia la entrada de la casa, escucho como mis pasos resuenan sobre el porcelanato y mi respiración comienza a hacerse agitada. Abro la puerta en tiempo récord para recibir la pizza que ya está pagada como arte de magia, admito que no siento como es que vuelvo a estar de nuevo en mi habitación poniendo la caja sobre la cama, lugar donde sigue estando sentada Valeria acomodándose el cabello detrás de sus orejas.

El reloj suena con cada segundo que pasa sobre el silencio no tan cómodo, pero que nos da a entender que tenemos el tiempo suficiente para hablar. No estoy para juzgarla ni nada, solo que tengo el presentimiento de que el año pasado me aislé mas de lo normal, como para mantenernos al tanto. No debí alejarme tanto, no debo sentirme mal porque no me haya contado nada de su vida amorosa, porque yo no le he contado todo lo que ha pasado en mi vida.




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