El primer vuelo de mis mariposas

Capítulo 3

Las semanas en el instituto seguían su curso, deslizándose entre clases, risas y esa leve monotonía que sólo las últimas semanas de un trimestre pueden traer. Sin embargo, algo había cambiado en el aire, como si de pronto todo el mundo se hubiera dado cuenta de un secreto del que ni yo misma era consciente.

Cada vez más, sentía los ojos de Javi sobre mí, pero no era solo curiosidad lo que percibía en su mirada. Había algo más, una tormenta silenciosa, una sombra de dolor que se escondía detrás de su aparente calma. Era como si estuviera peleando una batalla interna que lo mantenía atrapado, debatiéndose entre acercarse a mí o mantenerse a salvo en su distancia. Esa parte misteriosa de él, esa oscuridad que no compartía con nadie, me atraía de una manera inexplicable. Sabía que venía de un lugar profundo, quizás de una herida que no había sanado, pero que yo aún no entendía. ¿Alguna ex? Sin embargo, en el fondo me preguntaba si esa oscuridad era real o si formaba parte de un juego, si Javi utilizaba ese aire de chico atormentado para atraer a chicas como yo, para envolvernos en su misterio. Lejos de incomodarme, su mirada me envolvía en un cosquilleo que recorría todo mi cuerpo, como si fuéramos cómplices de un juego silencioso y peligroso. Y cuanto más intentaba desvelar su misterio, más me sumergía en él, sin saber realmente a qué estaba jugando.

Una tarde, mientras recogía mis cosas al final de la clase, no pude evitar comentárselo a Clara.

—Clara, creo que Javi me está vigilando —le dije, entre risas, aunque en el fondo me sentía intrigada por la idea.

Clara levantó la ceja, esa ceja que solo levanta cuando está tramando algo o está a punto de soltar una de sus típicas observaciones mordaces.

—¿Javi? —preguntó, girándose disimuladamente para mirar en su dirección. Javi estaba hablando con Andrés, pero de vez en cuando sus ojos se desviaban hacia nosotras, o mejor dicho, hacia mí.

Clara me miró de nuevo, y una sonrisa traviesa se apoderó de su rostro.

—Amiga, lo tienes en el bote y ni siquiera lo sabes. ¡Eres una maestra en el arte de la seducción sin esfuerzo! —dijo, dándome un pequeño empujón en el brazo.

—¡Calla! —respondí, riendo—. Si apenas nos hablamos.

—Ajá, claro, sigue diciéndote eso —respondió Clara, con esa típica mirada de "sé más de lo que tú crees".— Pero te advierto, Sofía, los chicos como Javi no miran así porque sí.

Las palabras de Clara resonaron en mi cabeza durante los días siguientes. ¿Podría ser cierto? Empecé a fijarme más, y me di cuenta de que no estaba tan equivocada. Javi siempre parecía estar cerca, aunque nunca directamente a mi lado. Hablaba con Clara, con Andrés, pero sus ojos... Esos ojos siempre volvían a mí, como si buscaran una señal, una respuesta a una pregunta que nunca hacía.

—Oye, Javi —dijo Clara un día, en el descanso, rompiendo el silencio entre nosotros—. ¿Vas a venir a la biblioteca hoy o vas a escaparte con tu moto como siempre?

Él levantó la mirada, con esa expresión medio seria, medio divertida que ya había empezado a reconocer. Su respuesta, como de costumbre, fue una mezcla de broma y desafío.

—Depende —dijo, encogiéndose de hombros—. Si me invitas a estudiar contigo, podría considerarlo.

—No seas flojo —respondió Clara, entre risas—. Sabes que siempre estamos en la biblioteca. Pero bueno, a lo mejor Sofía te convence mejor que yo, ¿verdad?

Y ahí estaba. Esa pequeña jugada de Clara, esa chispa que nos sacaba de nuestra zona de confort. Javi me miró de reojo, y por un momento, noté cómo vacilaba, como si no supiera bien qué decir. Me mordí el labio, incómoda pero al mismo tiempo emocionada.

—Quizá otro día —dije, intentando sonar despreocupada—. No te pierdes mucho.

Javi asintió, pero no respondió. Solo esbozó una ligera sonrisa antes de volver a centrarse en su conversación con Andrés. Sin embargo, en esa sonrisa, en ese pequeño gesto, algo en mi interior se encendió. Cada día que pasaba, me resultaba más difícil ignorarlo.

Unos días más tarde, me desahogué con mi amiga:

—Ay, Clara, si pudiera encontrarme a Javi en otro contexto… Todo sería más fácil, ¿no? —solté a Clara en uno de los descansos.

—Pues sí, pero ni idea de qué hace en su tiempo libre… Tendré que investigar.

—Nunca lo he visto en las galas juveniles, pero claro, él ya tiene edad para ir a las de adultos… —Hice una pausa, mordiéndome el labio—. ¿Tú crees que me verá como una cría? Seguro que piensa que los que vamos a las juveniles estamos poco menos que en una guardería.

—Bueno… —Clara alzó una ceja—. Técnicamente, comparado con él, eres una cría.

—¡Clara!

—¡Es broma, es broma! Pero si te sirve de consuelo, dudo que Javi te vea como una niña. Más bien como un misterio que aún no ha descifrado.

Esa idea me gustó más. Mucho más.

Entre Clara y Andrés podían montar un dueto cómico. Andrés siempre había sido el chico que no perdía la oportunidad de hacerme reír, aunque a veces lo hacía de una forma un tanto exagerada. En cada clase, en cada pasillo, encontraba la manera de hacer algún comentario ingenioso o montar un espectáculo improvisado solo para arrancarme una sonrisa. A veces lo conseguía, lo admito.




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