En junio llegaron esos malditos quince días antes de las pruebas de acceso. Estaba más que segura de que no iba a aprobar. Tenía la cabeza en cualquier parte menos en los libros, y ese "cualquier parte" tenía nombre y apellidos: Javi. Es que... en cuanto nos quedábamos solos, era imposible no aprovechar para darnos el lote como si el mundo se fuera a acabar. Clara llegó a quejarse, y cuando Clara se queja, no hay quien la pare.
—Tía, ¿es que ya no existo para ti? —me soltó un día mientras estábamos en mi habitación.
—¿Qué dices? Claro que existes. Eres la mejor amiga de mi vida. El yin de mi yang. —Intenté sonar dramática, pero ella me miró con cara de “no cuela”.
—Sí, claro, si no fuera porque, a ver, ¡tía! No me cuentas nada. Solo Javi, Javi y más Javi. Que parece que estás haciendo el máster en "Loteo Avanzado".
—¿"Loteo Avanzado"? —me reí tanto que casi me atraganto con el té—. Pues sí, no te voy a engañar, pero bueno, el máster no se saca solo, amiga.
Clara me lanzó una almohada a la cara, y ambas rompimos a reír. Pero tenía razón. Estaba en una nube con Javi y, claro, nos costaba horrores concentrarnos en los estudios. Pero lo intentábamos, ¿eh? Que conste. Día a día, ahí estábamos, hincando codos, aunque también hablando de cualquier cosa que se nos cruzara por la cabeza. Y sí, cuando digo cualquier cosa, me refiero a esas charlas eternas sobre nuestras pelis favoritas, nuestros actores de culto... lo que sea para distraernos.
Y fue hablando de nuestras actrices de culto, junto al agobio, que un día me dio un venazo de esos. Me levanté de la silla, me miré al espejo y lo supe: me iba a cortar el pelo. Me inspiré en Winona Ryder en ‘Reality Bites’ —mi película de culto del momento—. Corto, rebelde, como diciendo: “Aquí estoy yo”. Me lo hice justo el día antes de los exámenes de acceso. Lo sé, muy yo. No sabía si a Javi le iba a gustar, pero me daba igual. Necesitaba sentirme diferente, como si ese corte de pelo me fuera a dar superpoderes para sobrevivir a los exámenes.
Clara lo flipó cuando me vio.
—¡Estás brutal, tía! Winona está viva en ti. ¡Madre mía! Si es que tú y yo lo llevamos en el ADN. Winona y Drew... ¡somos nosotras!
Y así era. Nosotras éramos muy fans yo de Winona Ryder y ella de Drew Barrymore. Con eso éramos felices y tontas, sí, pero ¿quién no hace tonterías con su mejor amiga?
Cuando Javi me vio con el pelo corto, sus ojos se abrieron como platos. No dijo nada al principio, simplemente se quedó mirándome, lo cual me puso más nerviosa de lo que quería admitir. Yo intentaba hacerme la tranquila, pero por dentro estaba como, “por favor, di algo, lo que sea”.
Finalmente, rompió el silencio con una sonrisa lenta, de esas que hacen que se te aflojen las piernas.
—Vaya... no sé qué decir —empezó, llevándose una mano a la nuca, como siempre que estaba nervioso—. ¿Cómo has sabido...?
—¿Saber qué? —pregunté, confundida, mientras me tocaba el pelo, intentando no mostrar lo insegura que me sentía.
—Que... este es exactamente el tipo de chica que siempre me ha gustado. —Soltó una risa breve, como si no pudiera creer lo que estaba diciendo.
—¿Qué dices? —le miré incrédula, medio riendo. No me lo esperaba para nada.
—Te lo juro. Mi prototipo de chica siempre ha sido una morena de ojos claros, piel blanca y el pelo corto, como lo llevas ahora. —Me miró de arriba abajo, sonriendo más abiertamente—. Y ahora vas y te cortas el pelo así... No puedo creerlo.
—¡No me lo creo! —dije, riendo nerviosa. Intentaba parecer tranquila, pero por dentro estaba explotando. ¿De verdad había acertado sin saberlo?—. O sea, no tenía ni idea, ¿eh? Me lo he cortado porque... bueno, necesitaba un cambio, ya sabes. Como un momento Winona Ryder en mi vida.
Él se acercó un poco más, sus ojos claros fijos en los míos, y me apartó un mechón de pelo que se había escapado de su sitio.
—Me encanta, Sofi —me dijo en voz baja, con esa mirada que me dejaba sin aliento—. De verdad, me parece perfecto.
Mi corazón latía tan rápido que pensé que él podría escucharlo. Sentir que le gustaba de esa forma, justo cuando me había arriesgado con el corte, era como ganar el premio gordo de la lotería emocional.
—¿De verdad? Porque... no estaba segura de si te gustaría o si te parecería raro.
—¿Raro? —dijo, riendo—. Me parece que ahora encajas aún más en esa imagen que siempre tuve. Aunque, ya sabes... contigo no es solo por cómo te ves. Eres todo lo que me gusta, Sofi.
Y ahí estaba, ese comentario tan suyo, que me hacía sentir que no solo se fijaba en lo superficial. Al final, me quedé callada, solo sonriendo como una tonta mientras él me miraba con esa intensidad que solo Javi sabía tener.
—Bueno... —dije, rompiendo el momento de pura emoción—, entonces supongo que este corte de pelo se queda por un tiempo.
—Se queda definitivamente —respondió, antes de besarme de la manera que hacía que todo lo demás dejara de importar.
Justo cuando Javi y yo estábamos inmersos en nuestro momento —uno de esos donde el mundo parecía detenerse y solo existíamos nosotros—, apareció Clara, como siempre, sin ningún tipo de aviso.
—¡Pero bueno! —dijo, con los ojos como platos y las manos en la cintura—. ¿Es que me vais a obligar a ver otro capítulo de telenovela o vais a hacer algo útil con vuestra vida?