Esta libro pertenece a una trilogía llamada "El primero"
La obra de Emma Murso, se sumerge en el romance oscuro y contemporáneo con fuertes tintes de drama y una marcada evolución personal de sus personajes. La autora construye una atmósfera íntima y emocionalmente resonante, donde la "magia literaria" reside en la forma en que entrelaza la cotidianidad con la intensidad de los sentimientos, la sombra de un pasado complejo y las problemáticas que rigen la vida de los protagonistas. Su narrativa se distingue por la capacidad de sumergir al lector en una historia de amor, resiliencia y reencuentros que se entrelazan de manera única en el tiempo.
Murso emplea una narrativa en primera persona (desde la perspectiva de Maddy en "El Primero"), permitiendo un acceso directo a los pensamientos, miedos, anhelos y resentimientos de la protagonista. Esta inmersión profunda crea una conexión empática con el lector, quien experimenta la historia desde la piel del personaje central
Nota para el lector
Esta es una obra de ficción perteneciente al género dark romance (romance oscuro) y suspenso psicológico, destinada exclusivamente a un público adulto (mayores de 18 años).
La trama aborda la complejidad de la naturaleza humana en sus matices más sombríos. Por favor, ten en cuenta que las páginas de este libro contienen descripciones explícitas y temáticas sensibles que podrían resultar perturbadoras o actuar como detonantes para ciertos lectores, incluyendo:
•Acoso escolar (Bullying): Situaciones de maltrato físico y psicológico sistemático dentro del entorno escolar.
•Violencia gráfica: Descripciones crudas de daños y agresiones físicas.
•Abuso y violencia sexual: Alusiones a agresiones, asaltos o secuelas de traumas relacionados.
•Salud mental: Exploración de la depresión grave, traumas psicológicos y conductas autodestructivas.
•Abuso doméstico y negligencia familiar: Dinámicas de abandono y violencia en el núcleo del hogar.
•Contenido explícito (Spicy): Escenas de sexo explícito acompañadas de dinámicas de poder complejas, posesivas o tabú.
Se solicita total discreción. Si te encuentras en un momento de vulnerabilidad emocional, te sugerimos posponer la lectura o avanzar con precaución. Tu bienestar es lo más importante.
EL PRIMERO
Primera parte
“Las heridas más profundas no sangran; solo se instalan en el alma, redefiniendo el mapa de tu existencia”
Otoño del 2005
I
Siempre acaparaban la misma mesa en el receso del almuerzo, mofándose de todos, poniéndoles el pie a los de noveno grado para que tropezaran y cayeran para poder reírse, humillarlos. El Primero y su equipo de fútbol allí, sobre la cima del patio escolar, creyéndose los reyes del lugar. Y no nos olvidemos de las mimadas de papi, siempre detrás de ellos.
Yo trataba de evitarlos, aunque era difícil; estaban en todos lados y cuatro días de los cinco escolares terminaba en el suelo por su causa. Y debo reconocer que les sobraba la astucia: siempre empujaban a las chicas cuando sonaba la campana del cambio de hora, el pasillo se abarrotaba de estudiantes, ahí en ese momento hacían la maniobra.
Alguien terminaba en el suelo; todos los que iban caminando distraídos terminaban pisoteándote, seguro. ¿Y a quién le reclamas? ¿A quién culpas? En ese mar de gente no se veía lo que sucedía.
Nuevamente iba caminando y sonó la campana de salida; ahí quedé yo, en medio de todo. Frente a mí venía caminando Dexter y, detrás de él, a cada lado, Matt, David, Mark y ese chico nuevo al que le decían «novato». No sé su nombre. Por supuesto, atrás del equipo venían las porristas luciendo sus uniformes; podría haber diez grados de temperatura y ellas estaban con sus faldas impecables.
Al ver al grupo que venía hacia mí, me paralicé. Sabía que iba a morder el polvo una quinta vez esta semana, y apenas era miércoles. No pude continuar caminando y Dexter ya me había puesto la vista encima, como a carne de cañón. Al tenerlo enfrente, él vio que yo no avanzaba; no podría ponerme el pie para que yo cayera. Me decidí y clavé mis pies. Pasó junto a mí. Respiré. Pero me apresuré a relajarme
Sentí su mano firme en mi espalda y el empujón. Terminé tendida en el suelo, boca abajo y con los brazos extendidos; mi cámara fotográfica se deslizó y la perdí de vista. Las primeras personas que iban caminando no pudieron evitar el cuerpo tendido y, obviamente, mis dedos y muñecas fueron aplastados.
Sumida entre los cientos de pies, lo único en mi mente era la cámara. Cuando el pasillo bajó su volumen estudiantil pude incorporarme; corrí hacia adelante buscándola, pero no tuve suerte. La había perdido. La busqué alrededor y nada.
Fui hasta la oficina de la directora Shans, esperando que Christine, la señora de admisión, estuviera aún allí. Quería dejar un reclamo de extravío; tenía la esperanza de que alguien la llevara a objetos perdidos, pero me estaba engañando. Era una cámara de fotos. ¿Quién la va a devolver? Nadie.
No me quedó más que salir del colegio. Afuera, el día se presentaba gris y algo ventoso. Esos vientos que desprendían las hojas de los árboles, pintando las calles con diversos colores, marcando la llegada definitiva del otoño; todo se iba tornando oscuro y apenas eran las cuatro de la tarde. Las calles se presentaban solitarias, sombrías y tristes.
Iba caminando pensando en todo lo que debía hacer al llegar a casa, los deberes escolares de hoy eran extensos. Atender a mamá y ayudarla en lo que necesité, hacer la cena, sumida en esos pensamientos, hasta que oí un Chistazo, que me trajo a la realidad.
No quise voltear; tuve miedo. Era un día de mierda para mí y, si le agregas un acosador, era una mierda elevada a la potencia. Comencé a caminar más rápido y, de pronto, vi por el rabillo del ojo una motocicleta que iba a mi par. Ahí estaba ese ser con casco que me siseaba. ¡Sí, era un acosador!