El príncipe de la mafia

II

AMALA BASU

CAPITULO II

El frío de la oficina no venía del aire acondicionado.

Venía de él.

Pero no se comparaba con la presencia del hombre que estaba de espaldas, con los brazos cruzados, completamente inmóvil. Marcus Basu no necesitaba moverse para imponer respeto; bastaba con su silencio.

—Padre —incliné ligeramente la cabeza.

No se giró de inmediato. Como siempre, hacía que cada segundo contara.

—Regresaste.

No era una pregunta.

—Sí.

Di un paso más dentro de la oficina, cerrando la puerta a mi espalda con suavidad. El sonido seco resonó más de lo que debería.

—¿Estás al tanto de lo que debes hacer?

—Si.

Hubo una breve pausa. Lo vi tensar apenas los hombros antes de hablar de nuevo.

—Tu hermano fue un idiota.

La forma en que lo dijo hizo que apretara la mandíbula, pero no respondí.

—Pisó territorio Larson —continuó, girándose finalmente para mirarme—. Y aprovecharon la enemistad entre nosotros. Ahora estamos contra la pared.

Fruncí el ceño, cruzándome de brazos.

—¿Qué significa exactamente "pisar territorio"?

Mi padre se acercó al escritorio con calma, apoyando una mano sobre la madera antes de responder.

—Vikram se enamoró de una chica de los Larson.

Solté una pequeña risa sin humor.

Desde niña había aprendido la regla más importante: jamás tocar lo que pertenece al enemigo. Vikram no solo la rompió, la destrozó.

—¿Cómo vamos a recuperarlo?

Mi padre se sentó, observándome con esa mirada calculadora que siempre parecía medir cada una de mis reacciones.

—Vicent Larson me ha contactado.

Entrecerré los ojos.

Ya empezamos mal.

—¿Y?

—Quiere que su hijo asuma el poder.

Fruncí el ceño.

—Eso no es nuestro problema.

—Ahora lo es.

Lo miré fijo sin ninguna expresion.

—No.

Él sostuvo mi mirada.

—Sí —una pausa —. Para recuperar a tu hermano... debes hacer que Fox Larson se enamore de ti.

Lo observé unos segundos.

Por un momento pensé que estaba bromeando. Pero mi padre no bromeaba.

—Eso es... absurdo.

—Es efectivo.

Sostuvo mi mirada sin pestañear.

—Un hombre enamorado es predecible —dijo con calma—. Y los hombres predecibles son fáciles de manejar.

Exhalé lentamente, ladeando la cabeza.

No estaba segura de si aquello era una misión o una condena.

—Quieres que me meta en la boca del lobo...

—Quiero que controles al lobo.

Sonreí un poco.

—Eso suena mejor.

Suspiré.

—Está bien. Lo haré.

Porque claro que lo haré.

Es Vikram.

—Vicent quiere hablar contigo —añadió.

Genial.

La primera vez que vi a Vicent Larson, tenía solo diez años. Él hablaba con mi padre en la sala, ambos rodeados de hombres vestidos de negros y con pistolas en los bolsillos. El hombre me ponía los nervios de punta.

—¿Donde está Cataleya? ¿Ella no es capaz de hacerlo?

Mi padre sonrió de medio lado, sarcástico.

—Cataleya —repitió entre dientes —. Tu hermana no aguantaría ni un segundo tratando de seducirlo antes de reventarle una bala en la cabeza.

Asentí.

Justo.

Clásico de Cataleya.

Bajé las escaleras sin prisa, tratando de ordenar las ideas que chocaban en mi cabeza. La sala principal se abría ante mí con una elegancia silenciosa: techos altos, ventanales amplios cubiertos por cortinas oscuras y muebles perfectamente alineados que parecían más de exhibición que de uso.

Leo estaba de pie frente a uno de los cuadros, analizándolo como si realmente pudiera permitírselo.

—Eso vale más que tú —le dije, acercándome.

—Entonces definitivamente lo necesito —respondió sin apartar la vista.

Me dejé caer en el sofá, cruzando las piernas.

—Tengo que seducir a Fox Larson.

Leo giró la cabeza lentamente hacia mí.

—Vaya... suena peligroso.

—Es ridículo.

—Es lo mismo.

Lo miré de reojo.

—¿Alguna sugerencia útil?

Sonrió apenas.

—No te enamores tú.

Bufé.

—No soy tan tonta.

—Eso espero.

—No se trata de quitarse la ropa para seducir a un hombre —dije con calma, cruzando las piernas—. Se trata de saber cuándo mirar, cuándo callar... y cuándo hacer que crean que tienen el control.

Leo soltó una risa suave, pero antes de que pudiera responder, una voz interrumpió el momento.

—Amala, Amalita...

La burla en su tono era inconfundible.

Por un segundo, vuelvo a verla como cuando éramos niñas: corriendo por los pasillos, riendo después de hacer algo que definitivamente iba a meternos en problemas. Cataleya siempre un paso delante, siempre más rápida, más temeraria... y yo siguiéndola, aprendiendo a no quedarme atrás.

Ahora es lo mismo, solo que más peligroso.

Recuerdo su largo cabello, siempre enredándose mientras corríamos y peleábamos a golpes, hasta que un día simplemente lo cortó, como si estuviera dejando algo atrás.

Ahora lo lleva negro, corto y desordenado; ojos oscuros y afilados; facciones marcadas, mandíbula firme y una sonrisa ladeada, completamente peligrosa.

Levanté la mirada justo cuando Cataleya descendía por las escaleras con esa seguridad irritante. No miraba el lugar, no miraba a nadie hasta que sus ojos se posaron en Leo.

—Hola, Cata —respondí, sin moverme del sofá.

—¿Hasta ahora recuerdas que tienes familia? —ladeó la cabeza, sonriendo con frialdad—. Justo cuando le colocan una pistola en la cabeza a tu querido hermanito.

No reaccioné. No le iba a dar eso.

Cataleya se detuvo frente a nosotros, demasiado cerca, evaluando a Leo como si fuera un objeto.

—No vine a pelear —dije con calma—. Vine a recuperar a mi hermano, así que no metas las narices donde no te han llamado.

Su risa fue baja y afilada.

No dio aviso. Se movió. En un segundo, ya estaba detrás de Leo, sujetándolo del cuello mientras el brillo de un cuchillo rozaba su garganta. Leo se quedó completamente rígido, con la respiración cortada.



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En el texto hay: principe, drama, mafia amor y venganza

Editado: 06.04.2026

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