El Príncipe De Las Sombras

Prologo

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“El príncipe de las sombras”

La cruzada del elegido

Bajo las sombras de la noche, Héctor, cuarto príncipe de los guardianes del Sur del reino de Saharis, arribó al puerto real de Finisterre. La imponente capital se extendía a lo largo de una costa sombría, con una iluminación casi nula. Entre las densas nubes, la luz de la luna filtraba una claridad pálida, que parecía penetrar el alma de los viajeros nocturnos.

Y mientras el joven príncipe se preparaba para continuar con su viaje, volteaba la mirada hacia el mar de los perdidos, el viento marino soplaba con fuerza, le recordaba su cruzada, su incursión a otro mundo, como un susurro de historias y secretos que tal vez heredaría a sus descendientes. A medida que el sol comenzaba a iluminar la costa, los aventureros se adentraban en la ciudad, y lo que parecía una ciudad fantasma, comenzaba a convertirse en una ciudad colorida llena de vida.

Vestido como un simple viajero, con un sombrero raído y una capa vieja y desgastada, paseaba por los bulliciosos y animados mercados y plazas. Mientras vagaba por los callejones, su mirada se cruzó fortuitamente con la de una adolescente, la cual reconoció de su niñez, la princesa Elis, del reino del Zerach, quien parecía andar como el, ocultándose entre los callejones, alejándose de las miradas curiosas.

Sus ojos se cruzaron por un breve instante, dejando un destello de intriga y conexión en el aire. Pero ambos eran almas en busca de objetivos diferentes, Héctor continuo su camino, tomando un caballo prestado de unos conocidos que vivían en la ciudad.

Después de prepararse, emprendió su viaje de regreso a su reino, lleno de emoción y nostalgia, preguntándose qué sería de su llegada, lo recibirían como un príncipe, su familia celebraría su llegada, su padre le abrazaría y compartiría su aventura, todo era una simple conjetura, pero todo se respondería tan solo con su llegada.

A medida que atravesaba los densos bosques y ciudades olvidadas, cada paraje recordaba antiguas batallas, aquellas que le contaba su abuelo, de las guerras contra los magos, y el exterminio de los mismos.

Luego de días de viaje, llego a su reino, pero lejos de ser lo que esperaba, el paisaje era desolador, una sublevación había estallado, y mientras avanzaba por la ciudad hacia el palacio, sus hermanos, sobrinos y sus ejércitos yacían sin vida por todo el reino, víctimas de un atroz crimen orquestado por el príncipe Dracaroth, Primo del Rey Rufus, quien se erguía victorioso sobre el cuerpo sin vida del rey.

Mientras Héctor trataba de asimilar este desgarrador suceso, era descubierto y rodeado por los hombres que estaban en el palacio. Y su tío, se acercaba cauteloso, sabiendo que su sobrino era conocido por ser uno de los dioses más prometedores de la nueva generación. Mientras que Héctor permanecía en silencio, calculando el momento en el que pudiera hacer algo, siempre había sido conocido por ser paciente en momentos críticos.

– ¡Sobrino! – exclamaba Dracaroth mofándose de él, mientras ondeaba la espada que aún tenía la sangre de su padre – siento que hayas regresado en un día como este, tenía otros planes para ti.

Y mientras Dracaroth hablaba llegaban sus hijos, quienes habían terminado de masacrar a los hombres leales a Rufus, exterminando así a todos los ejércitos del rey.

– ¡Hijos míos! – exclamaba Dracaroth señalando a Héctor – Su primo ha regresado, deberían darle la bienvenida.

Con estas palabras, Dracaroth daba la orden de asesinarle, y mientras Héctor analizaba su situación, rodeado al menos por una legión, observaba su entorno, ya no había nada que amase en la ciudad, su familia completa había perecido, y los que quedaban les habían traicionado. Pero recordó algo muy importante, para Dracaroth, sus hijos eran su orgullo, y los tres le rodeaban por su izquierda, eran conocidos por luchar juntos, como si fueran uno, pero nunca habían enfrentado a un asesino, y Héctor era talentoso en tácticas poco convencionales.

Para su suerte, detrás de ellos había una gran caída, ya que el palacio se encontraba como a cien metros sobre el nivel de la ciudad. Y antes que le atacasen, quería asegurarse que Dracaroth viera lo que haría.

– ¡Tío!, la verdad, no me sorprende tu traición – estas palabras hacían que Dracaroth voltease a verle – pero hay algo muy contradictorio, tú eres un dios que busca ser más de lo que es, pero tus hijos no fueron bendecidos con el poder sagrado, son simples mortales.

Mientras replicaba con eso último, lanzaba un artefacto en forma de esfera creado por el, que expandía una cortina de humo, y entre la confusión lanzaba 2 dagas en simultaneo a dos de sus primos, sabiendo que las evitarían, detrás, de bajo de sus mangas, lanzaba 2 dagas encadenadas, atravesando el pecho de ellos, mientras se abalanzaba sobre el tercero, quien trataba de abatirlo con un poderoso golpe descendente de su espada, pero sin lograrlo, Héctor lograba evadirlo por un costado, rodeándole los pies, con las mismas cadenas que atravesaban a sus hermanos, y en su último movimiento, le entrelazaba alrededor de su cuello las cadenas.

Mientras se lanzaba al vacío arrastrando a sus primos, cruzaba su mirada con Dracaroth, y le sonreía con satisfacción, tratar de matarlo, era una mala idea, pero arrebatarles a sus hijos, era una buena venganza. Mientras caía, observaba los estandartes que sobresalían en los muros, y con un movimiento logro cambiar su dirección, haciendo que el cuello de su primo frenara un poco su caída, pero desmembrándolo por el impacto.



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En el texto hay: fantasia dioses y magia

Editado: 10.08.2026

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