Capítulo 1
Consecuencias de la lealtad
La muerte de la familia real, fue un golpe devastador para los reinos del sur, más para las familias leales a Rufus. Y quienes se veían más afectados, eran los del reino del bosque de Ciralir, ya que de ellos provenían el linaje real gobernante, el rey Sahir, quien regia durante la rebelión, tuvo miedo por su familia.
Miedo que se hizo real cuando vieron los estandartes de Dracaroth a la entrada del bosque, no venía en persona, ya que la muerte de sus hijos le afectó psicológicamente, pero sus aliados debían continuar con su trabajo, y habían elegido al General Marcus para esta tarea, quien había sido pieza fundamental para esta rebelión. Viendo Sahir esta situación, abdico a la corona y huyo, para cuando el ejército de Dracaroth llego a la capital de Ciralir, Sahir había huido a la frontera con los reinos del Este.
Viendo esta situación, Marcus tomo a la caballería y marcho hacia la frontera, al paso de Esec. Pero para cuando llego, Sahir ya había pasado por allí, aunque no por mucho.
La persecución que había durado varios días, llego a su fin pasando el reino de Zerach, a las orillas de un acantilado del gran rio del Este. Marcus estaba frente a los guardias reales de Sahir, quienes habían hecho un muro de escudos protegiendo a la familia real.
– Deberían rendirse, Sahir, ya no hay escapatoria – pronuncio Marcus, mientras sus hombres lo rodeaban.
– Que fácil es cambiar de lealtad, ¿no es así? Rufus te convirtió en noble, a ti y tu familia, y le pagaste con tu traición – le respondió Sahir, mientras se abría paso entre sus hombres y se ponía frente al ejército que le rodeaba.
– El reino estaba en decadencia, ¿acaso tu lealtad te cegó?
– Lo que no ves es que sigues a la ambición de los corruptos, pero discutirlo no llevara a ningún lugar, ¿cuál es tu orden? ¿Nos ejecutaras aquí?
– Eso lo decide mi rey.
Si algo sabia Sahir, era que Dracaroth amaba el espectáculo, y tomaría a su familia como ejemplo, no soportaba la idea de ver a su familia asesinada y exhibida como trofeos, por eso mirando al cielo, rogo por perdón, y tomando su espada apunto a Marcus, quien ordena a sus hombres ponerse en guardia, si algo sabia, era que Sahir era un dios menor poderoso.
De un momento a otro, Sahir golpeo el suelo con su espada, que al clavarse abrió una gran brecha, como por un kilómetro, y se precipitó al gran río, junto a toda la familia. Marcus solo observo, como el gran río devoraba los sedimentos.
Durante semanas buscaron a orillas del rio sus cuerpos, pero no encontraron nada, con esto, Marcus los daba por muertos y Dracaroth podía dar por menos a un enemigo poderoso. Aunque algo si le inquietaba al general, los dioses como Sahir, consideraban un paso al infierno el suicidio, no podía concebir el hecho de que se hubiera quitado la vida y a la de su familia.
Los reinos del imperio se sorprendieron al oír la noticia de la rebelión, pero no era el único lugar con conflictos, Ranaan, un reino del guardián del Oeste tenía conflictos internos, y al igual que Rufus, sus vasallos conspiraban en las sombras.
Cuando Sahir llego a la capital de Ranaan, luego de escapar de Marcus, vio el humo que ascendía al cielo, y el olor a los muertos se percibía desde kilómetros. La ciudad había sido asediada por semanas, y para su llegada, habían tomado el palacio.
Al entrar a la ciudad, vio que no era la que recordaba, pero lo que más le preocupaba, era su hijo mayo, Zohar, a quien había enviado de niño a Ranaan, a cuidar las tierras de su esposa, Elen, quien era una noble menor, con quien se había casado en secreto, y engendrado dos hijos, y al ser la única heredera de su casa, compartía la administración con Sahir.
Y pasando por las calles, llego a una plaza, donde vio a caballeros, vistiendo los emblemas de la casa de su esposa, un halcón llevando una serpiente en sus garras, dirigidos por su hijo, rematando a los de rebeldes, que habían derrotado momentos antes.
– ¡Zohar! – se escuchó un grito al otro lado de la plaza.
– ¡Padre! – le respondió Zohar, mientras limpiaba la sangre de su espada, mientras se acercaban el uno al otro.
– ¿Qué ha pasado aquí? – preguntaba Sahir.
– Un ejército de mercenarios y rebeldes atacaron la capital, yo estaba al norte, en la región de Alamu, cuidando nuestro fuerte, cuando me llego la noticia de la rebelión, ya era demasiado tarde.
– ¿Y la familia real?
– Resisten en el palacio, pero para esta hora, ya debe haber caído.
– ¿Qué tanto confías en tus hombres?
– Son buenos hombres, los mejores de nuestra casa, ¿qué planeas?
– Nos abriremos paso por el camino principal.
– Danos la orden.
Cuando Sahir y su hijo llegaron a los muros internos del palacio, las puertas ya habían caído, cientos de muertos cubrían los jardines reales, y frente las puertas de la sala principal, cerca de 300 rebeldes, que, por sus armaduras, eran caballeros.
– Hijo – pronuncio Sahir y agrego – ataca ahora.
Si de algo estaba seguro Sahir, era de la violencia y frialdad que luchaba su hijo, y cuando se abalanzo contra ellos, los rebeldes se concentraron directamente en él y sus hombres. Con la atención puesta en su hijo, Sahir entro al palacio y masacro a los que estaban a dentro, pero, aun así, era demasiado tarde, el rey Baruc estaba de rodillas en el suelo, cubierto de al menos 10 lanzas, y su cuerpo lacerado, una imagen que desgarraba a Sahir.
– Amigo, que fue lo que te hicieron – susurro en voz baja, mientras apretaba la empuñadura de su espada.
– Sahir – escucho con voz débil, mientras caminaba hacia él.
– Sigues con vida.
– Protege a mi hijo.
Estas fueron las últimas palabras de Baruc, cuando escucho esto, Sahir marcho hacia los dormitorios reales, y en la alcoba principal, vio a 3 hombres, sacando sus espadas del cuerpo de la reina Rut, para cuando lo percibieron, ya su alma se alejaba de sus cuerpos. Al observar la escena, vio donde la reina había puesto en la pared la mano ensangrentada por última vez.