El Príncipe De Las Sombras

Capítulo 3

Capítulo 3

El ascenso de las Sombras

Una noche de invierno, en la capital del reino de Zerach, en un puente entre los callejones de los barrios bajos de la ciudad, se contemplaba lo que parecía una emboscada por una docena de hombres. El silencio nocturno hacía fácil escuchar las pisadas sobre la nieve, y la respiración de cada individuo presente.

Allí, en medio de ellos, un hombre vestido de negro, el cual parecía ser la víctima, se desvanecía con cada movimiento, arrebatando la vida a sus atacantes.

Y así, sin más, la figura de lo que parecía un espectro, se centraba en la joven espectadora que se escondía en las sombras de una vieja casa a orillas del río. La primera princesa Elis, hija del rey Richard de Zerach, trataba de comprender la situación, sus pensamientos se cruzaban entre huir o tratar de confrontar al asesino.

Pero la oscuridad de la noche se hacía más intensa, lo que hacía que le perdiera de vista, y entre el pánico y desesperación, sentía la presencia del asesino detrás de ella. Y la sensación de una hoja tocando su espalda a la altura de su cintura.

– Joven princesa, ¿qué hace a estas horas de la noche siguiendo a un hombre tan peligroso? – le susurro al oído.

– Tú eres el responsable de los asesinatos que han ocurrido en los últimos meses, alguien tiene que detenerte – le respondía Elis con voz temblorosa.

– ¿Condenarías a un hombre por defenderse?, eso es algo injusto, ¿no crees?

– Deberías entregarte, si eres inocente podemos protegerte.

– ¿Protegerme?, princesa, ¿sabes quiénes son los hombres que he asesinado?

– Por sus emblemas sé que pertenecen al Pacto, y no sé por qué te persiguen, pero sé que no es nada bueno, y si están actuando en mi reino, podemos estar en gran peligro.

– Mi princesa, todo nuestro mundo está en peligro, pero existencias como tú, son muy importantes para nuestro futuro.

– ¿Qué estás insinuando?

– Pronto lo sabremos princesa…

Con esas palabras el asesino abandonaba el lugar sin dejar rastro, y sin comprender toda la situación, Elis también se marchaba al palacio a informar lo sucedido. Y al amanecer, el escenario estaba lleno de los agentes del orden, pero sin testigos, no había mucho por hacer.

Y mientras el palacio trataba de cerrar el asunto, la princesa discutía en privado junto al rey.

– Padre, no puedes dejar de investigar, hay una guerra que no vemos, y están en nuestro reino.

– Elis, creí haberte dicho hace tiempo que no intervinieras en esto.

– Si, lo recuerdo, y también dijiste que la guardia de la ciudad se encargaría, pero no han hecho nada.

– ¡Y tú tenías que perseguir al asesino por tu cuenta, ponerte en peligro y desobedecer todas las ordenes de tu padre, el rey!

– No tenía opción.

– ¿No tenías?

– Informe a los guardias y me ignoraron, no podía quedarme sin hacer nada.

– ¡Suficiente!, olvidaras este asunto, y tendrás guardia permanente, has tenido mucha libertad, pero anoche te fuiste del palacio a escondidas y casi haces que te maten.

– Padre, por favor.

– También tienes prohibido volver a los barrios bajos hasta que todo este asunto termine.

Y así la princesa dejó el palacio junto a su guardia, y se dirigió a la taberna principal del pueblo, llamada “Beso del ángel”. Allí se reunían los aventureros e individuos de profesiones cuestionables. Al llegar Elis, el lugar quedo casi vacío, y Mira, la líder de su guardia, le hablo en voz baja.

– Princesa, no sé qué lo que busque aquí, pero está claro que no somos bienvenidos.

– Lo sé, pero no estoy buscando un criminal, sino un cazador.

– Princesa, con todo respeto, no creo que sea el lugar para encontrar a alguien así.

– No te confundas, no busco un cazador de bestias, sino a uno de hombres.

– Princesa, no creo que hacer tratos con un asesino sea lo correcto.

– Puede que no, pero ya que no puedo hacer nada, él es la mejor opción.

– Como usted diga princesa, solo tenga cuidado.

Mientras Elis tenía esta charla, el tabernero se les acerco.

– Princesa, nos honra con su visita, ¿en qué podemos ayudarle?

– Joseph, tiempo sin verlo, perdón por los inconvenientes que causamos al llegar, pero tenía prisa de encontrar a Rain, el cazador.

– Mi señora, el ya no hace ese tipo de trabajos, pero puede encontrarlo junto al muelle del rio, suele vender armas a los viajeros.

– Gracias Joseph, que tengas un buen día.

Luego de saber dónde se encontraba el cazador, Elis se dirigió al puerto, y dejando su guardia a una distancia segura, se acercó a Rain, que se encontraba en su lugar habitual.

– Sabes, no pareces un vendedor – profirió Elis, mientras observaba a Rain darles mantenimiento a sus productos.

– Los tiempos cambian princesa, para alguien con mis talentos, un mundo sin guerra, no es lugar para él.

– El rey te ofreció ser mi guardia cuando salvaste mi vida.

– No estoy hecho para obedecer órdenes.

– Usas la misma respuesta que entonces.

– Y tú llevas la misma daga en tu cintura desde que te la obsequie.

– Nunca la he usado, pero ese regalo calmo mi espíritu hace 8 años.

– Me alegra saber que mi regalo le de paz, pero no creo que este aquí para recordar el pasado.

– No, estoy aquí porque necesito tus servicios, y antes que digas que ya no haces ese tipo de trabajos, quiero recordare que me debes una promesa.

– Lo sé, siempre está en mi memoria, pero cazar a alguien no tiene nada que ver con protegerla a usted o su familia.

– Tienes razón, pero creo que esto no solo afecta a mi familia, sino a todos los reinos.

– Esta bien, déjame recoger mis cosas, y hablemos más tranquilos y en privado en mi casa.

Una vez reunidos en casa de Rain, la princesa le contó lo sucedido, incluyendo las palabras que le había dicho el asesino.

– ¿Crees en las palabras de un asesino princesa?



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En el texto hay: fantasia dioses y magia

Editado: 02.09.2026

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