—Su alteza, le llegó otra carta.
—Gracias, Myriam —respondí, tomando el sobre con cuidado.
El papel era grueso, elegante, antes siquiera de romper el sello, lo supe solo podía ser de Kael.
Hace poco había recibido una de Caelum, me escribió desde el frente, en plena expedición para cazar monstruos, monstruos, algo que jamás se mencionó en la novela original… y que ahora forma parte de mi realidad.
Al principio estaba aterrada. La sola idea de que existieran me robaba el sueño, pero aprendí algo desde que desperté en esta historia: preocuparme no cambia nada. Ocuparme, sí.
Rompí el sello y un delicado aroma a rosas escapó del sobre. Perfumó las cartas… sintiendo cómo mis labios se curvaban solos.
Hugh… escribió diecisiete páginas. Desplegué la primera hoja.
“A mi querida amiga:
Me alegra que escribiste nuevamente. Te escribo porque cada día te extraño aún más.
Padre ha comenzado a repartir invitaciones por mi celebración de siete años y quería invitarte.
Cada día deseo que pase más rápido para poder verte nuevamente.
Últimamente me siento más solo que de costumbre, creo que porque en mi estancia en Blein me acostumbré a la presencia de la princesa.
Anhelo de todo corazón que puedas asistir a mi cumpleaños.
Con anhelo: Kael Asterion.”
Y eso… era solo una pequeña parte de la primera página, a él le encantaba escribir. Sus pensamientos fluían como un río desbordado, sin filtros, sin reservas. Me pregunto si a Elyana también la atiborra de cartas…
—Kael consiguió el momento perfecto para poder ver a la emperatriz… —murmuré, sosteniendo ahora la invitación formal al banquete.
El sello imperial brillaba bajo la luz.
La emperatriz.
En la novela, su enfermedad avanzaba lentamente, consumiéndola desde dentro, nadie encontraba cura, nadie sospechaba nada más, pero yo sí.
Mi poder no se hizo público, sería demasiado peligroso. Un don capaz de sanar no atrae solo gratitud… también despierta ambición, codicia, miedo. No puedo simplemente presentarme y decir: “Deseo ver a la emperatriz para curarla”.
Sería un suicidio político y este cumpleaños es mi única oportunidad.
Kael… seguramente siente que cada año que cumple es una cuenta regresiva. En la historia original, él se culpaba por la enfermedad de su madre, por un incidente del que jamás tuvo responsabilidad real, pero que su padre —el imponente emperador— nunca se esforzó en desmentir.
El hombre debería ser más cariñoso con su hijo, más padre y menos gobernante, el debería de copiarle a mi papá. Mi papá era todo lo que siempre había deseado.
Apreté la carta contra mi pecho. Mi favorito debe sentirse más solo de lo que admite en estas páginas perfumadas, sus palabras son dulces, pero entre líneas hay huecos… silencios que pesan.
Espero que los monstruos no le hagan daño a Caelum y Espero que este evento inusual no arruine mis planes y, sobre todo… espero llegar a tiempo. Porque si fallo, no solo cambiará el destino de la emperatriz, cambiará el de Kael y quizás… el mío también.
***
—¡No, no puedes! —grita padre pasándose los dedos por la cien.
—Pero de verdad quiero ir —pido con miedo.
Esta en mi única oportunidad y si la pierdo ya no podre salvar a mi Gatito.
—Mamá —digo mirándola. Solo ella puede convencerlo.
—Lo siento, pero estoy de acuerdo con tú padre. Es demasiado peligroso, mas ahora con el incremento de monstruos —explica pasándome la mano por mi cabello.
Esos… malditos monstruosos. Ellos estaban desmantelando todo.
—Rowan —ruego con la mirada llorosa.
—Hugh —dice volteándose lejos de mí.
¿Por qué? Porque no me dejan ir. Si supieran por qué quiero ir me entenderían, pero no puedo decir nada.
—No me hablen nunca más —dije levantándome del comedor con rumbo a mi habitación.
—¡AURELIA!
Escucho que gritan mi nombre, pero no me importa. Están frutando mi único propósito que tengo. Ellos no me van a detener, iré yo sola, me escapare para poder ir.
Cerré la puerta de mi habitación con más fuerza de la necesaria. El sonido seco resonó como un portazo en mi pecho.
Me apoyé contra la madera, respirando agitada.
¿Por qué nadie me escuchaba?
¿Por qué nadie entendía que no era un simple capricho?
Me deslicé hasta quedar sentada en el suelo, abrazando mis rodillas. La carta de Kael seguía apretada en mi mano, ya un poco arrugada por mis dedos temblorosos.
—Tonto… —murmuré—. ¿Por qué tenías que invitarme ahora? Ahora que los monstruos han empeorado.
Mis ojos ardían, pero no lloré, no podía permitírmelo. Kael estaba solo y su madre se estaba muriendo y yo… yo era la única que sabía cómo cambiar eso.
Me levanté de golpe.
No.
No iba a rendirme.
Me acerqué a mi escritorio y abrí el cajón inferior, ese que nadie revisaba porque “solo guardaba cosas sin importancia” y saqué un pequeño cuaderno de tapas gastadas.
Ahí había anotado todo desde que desperté en este mundo: fechas, rutas, nombres, eventos que no deberían estar pasando… y otros que sí.
Pasé las páginas rápido hasta detenerme.
Cumpleaños de Kael Asterion.