Capítulo 5
Esa misma noche, el príncipe regresó al pueblo.
Como esperaba, encontró a Mara en el mismo lugar de siempre. Estaba sentada en silencio, con la mirada perdida, sosteniendo entre sus dedos un pequeño cigarro. Cuando lo vio acercarse, la expresión de su rostro cambió inmediatamente.
El miedo apareció en sus ojos.
Sin decir una palabra, se levantó y comenzó a correr hacia el bosque.
Alejandro quedó sorprendido, pero no la persiguió con desesperación. Caminó detrás de ella con calma, dándole espacio para que no sintiera que era una amenaza.
Mara se refugió en una pequeña cabaña abandonada, convencida de que había logrado perderlo. Sin embargo, pocos segundos después escuchó unos golpes suaves en la puerta.
Su corazón se aceleró.
Cuando abrió, encontró nuevamente al joven frente a ella.
—¿Por qué me sigue? —preguntó molesta.
—¿Me permitirías entrar, por favor? —pidió Alejandro con tranquilidad.
Mara dudó unos segundos, pero finalmente se apartó.
—De acuerdo. Entre.
Alejandro entró lentamente y cerró la puerta detrás de él.
—¿Por qué huyes de mí?
Mara apartó la mirada.
—Porque si él me encuentra, me matará.
El rostro de Alejandro cambió al comprender.
—¿Mister Chio?
Ella lo miró sorprendida.
—Sí... ¿cómo sabe usted eso?
—Sé más de ti de lo que imaginas.
Mara frunció el ceño.
—¿Por qué sigue diciendo eso?
Alejandro dio un paso hacia ella.
—Porque sé que tu verdadero nombre es Elisa Molina.
El rostro de Mara perdió todo color.
—Nunca mencione ese nombre... por favor.
—¿Por qué?
—Porque será más fácil que me encuentre si alguien sabe quién soy realmente.
Alejandro sintió tristeza al escucharla.
—Yo quiero protegerte.
—¿Por qué quiere hacer eso?
—Porque me importas, Mara.
Ella negó lentamente.
—Aquí estoy bien. Gracias por su preocupación, pero no iré con usted.
—Conmigo estarás segura.
Mara soltó una pequeña risa amarga.
—¿Segura con un simple campesino?
Alejandro la miró con serenidad.
—No tienes que confiar en mí ahora. Solo necesito que me permitas demostrarte quién soy.
Ella lo observó en silencio.
—¿Por qué se preocupa tanto por mí? Nadie lo ha hecho durante quince años.
Antes de que Alejandro pudiera responder, unos sonidos interrumpieron la conversación. Hojas secas crujieron alrededor de la pequeña cabaña.
Mara comenzó a temblar.
El miedo que intentaba esconder apareció nuevamente en sus ojos.
Pero Alejandro permaneció tranquilo. Se acercó a ella y la abrazó con cuidado, sin obligarla, esperando que fuera ella quien aceptara ese gesto.
Mara permaneció inmóvil.
Aquella noche descubrió una sensación que había olvidado hacía mucho tiempo: sentirse protegida.
Después de varias horas, finalmente aceptó acompañarlo. Alejandro la llevó hasta la cabaña junto al lago, donde podría permanecer lejos de quienes querían hacerle daño.
Al llegar, Mara tomó un baño tibio. Cuando salió, encontró un armario lleno de hermosos vestidos cuidadosamente preparados.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
Aquellas prendas eran elegantes, delicadas y de una calidad que jamás había tenido en sus manos.
—¿Cómo podría un simple campesino tener algo así? —pensó confundida.
Sin embargo, eligió uno de los vestidos y se lo colocó. Al mirarse en el reflejo del espejo, apenas podía reconocerse. Durante mucho tiempo había olvidado que también podía verse como una mujer digna y hermosa.
Mientras tanto, Alejandro preparaba la cena en la cocina. Cuando Mara apareció, llevaba muchas preguntas en la mente, pero el aroma de la comida recién preparada logró distraerla.
Se sentó frente a él mientras el joven le servía el plato.
—¿Eres real? —preguntó de repente.
Alejandro sonrió ligeramente.
—Claro que lo soy.
Mara tomó sus manos y lo miró fijamente.
—Nunca nadie se había preocupado por mí de esta manera... ¿acaso quieres algo a cambio?
Alejandro comprendió que aquella pregunta no nacía de la malicia, sino de una vida donde todos habían querido obtener algo de ella.
Con suavidad apartó sus manos.
—No quiero nada a cambio. Solo quiero que estés bien y que puedas vivir sin miedo.
Mara lo observó sorprendida.
Estaba acostumbrada a que todos se rindieran ante su belleza esperando recibir algo de ella. Pero aquel hombre era diferente.
Y eso era precisamente lo que más miedo le daba.