El PrÍncipe Y La Prostituta

El secreto que puede esperar

Elisa respiró hondo antes de acercarse a la puerta. Procuró serenar el pulso y acomodó con rapidez su vestido y su cabello frente al espejo. Solo cuando estuvo segura de que no había nada fuera de lugar, giró lentamente el picaporte. Al abrir, encontró a dos doncellas aguardando con una respetuosa inclinación de cabeza. Ambas sostenían una expresión amable, completamente ajenas a lo que acababa de ocurrir dentro de la alcoba.

—Señorita Elisa —dijo una de ellas con cortesía—, el señor duque la espera en el comedor principal para compartir el desayuno.

Elisa mantuvo la compostura, aunque por dentro seguía nerviosa. Lanzó una fugaz mirada hacia el interior de la habitación, asegurándose de que Alejandro continuara oculto, y volvió a dirigir su atención a las jóvenes.

—Muchas gracias. Terminaré de asearme y bajaré en unos minutos. No es necesario que me esperen.

—Como usted ordene, señorita —respondieron al unísono antes de retirarse por el pasillo.

Elisa esperó hasta que sus pasos se perdieron en la distancia. Solo entonces cerró la puerta con cuidado y apoyó la espalda contra ella, dejando escapar un largo suspiro de alivio. Alejandro salió lentamente de su escondite con una leve sonrisa.

—Por un momento pensé que nos habían descubierto.

Elisa negó con la cabeza mientras soltaba una pequeña risa.

—Yo también lo creí... pero parece que todavía tenemos un poco de suerte de nuestro lado.

Alejandro la observó con ternura, aunque la preocupación regresó casi de inmediato a su rostro. La verdad seguía esperando el momento oportuno para salir a la luz, y ahora comprendía que ese momento tendría que esperar un poco más.




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