El Principio de mi Caos

Capítulo 2: Nunca me han Besado

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Los siguientes meses fueron fluyendo sin sobresaltos. Me sentía mucho más suelta en mi nuevo puesto y comenzaba a notar que mis compañeros me miraban con respeto. Eso solo podía significar dos cosas. O tenían miedo a que los despidiese o estaba haciendo las cosas realmente bien . A Tom me lo seguía cruzando por el edificio. En realidad me lo cruzaba demasiado. A veces me daba la sensación de que había memorizado mis horas de salida y de llegada y siempre estaba, casualmente, en el lugar exacto para encontrarse conmigo. Eso es lo que pensé en aquel momento, después supe que teníamos mas o menos el mismo horario y su oficina estaba cerca de casa. Pero era bonito pensar que alguien se tomaba tantas molestias solo por verme a mi, ¿Verdad? Algunas semanas después de haber tomado aquel café para dos y de haber mantenido pequeñas conversaciones improvisadas, en el ascensor, Tom me propuso acompañarle a ver una película en Central Park. Era aficionado al cine antiguo y, aunque yo no lo era, nunca rechaza una proposición así ya que no me hacían demasiadas. La idea de salir con alguien como una persona normal era bastante tentativa. No fue la única. Después del cine vino un concierto, patinaje sobre hielo, bolos, cena, un picnic en el parque un domingo de sol radiante... y así, poco a poco y sin a penas darme cuenta mi desconocido, Tom, se convirtió en mi Tom. Descubrí que además de ser educado y amable también era inteligente , divertido, atento, cariñoso y daba unos besos de infarto. Vale, no es que me hubieran besado muchas veces, en realidad nunca me habían besado , así que para mi era maravilloso. Los días, los meses y las estaciones fueron pasando, junto a Tom , a una velocidad pasmosa. Nuestro amor se convirtió en la brújula que guiaba mis pasos y en la unidad que media mi tiempo. Es increíble como el amor y la felicidad te hacen ser mejor en todos los aspectos de la vida. Estoy segura de que me convertí en mejor persona, en mejor compañera, en mejor amiga y en mejor amante. Sobre todo porque con Tom lo aprendí todo. Nuestro primer beso llegó una noche de tormenta. De esas en las que se va La Luz y te ves obligada a encender velas cuquis por toda la casa, porque no tienes más. El salón solo estaba iluminado por los colores de mi cara, roja como un tomate, y una vela con el mensaje de "haz el amor y no la guerra" que me había regalado mi amiga Lena. No me arrepentía de haber esperado tanto porque al fin había encontrado a la persona correcta. Mi persona perfecta. No tenia ninguna duda, él había sido, era y sería el amor de mi vida siempre.

Con el otoño llegaron las primeras caídas de hojas, la fría brisa de las mañanas y Central Park se tiñó de oro. El paisaje era tan increíblemente maravilloso que solo me incitaba a pasear cogida de su mano. Estaba totalmente hipnotizada y daba mucho asco. En serio, era asquerosamente cursi. Lo sé y lo reconozco. Cuando tosía me daba miedo escupir muffins de colores y pegatinas de unicornio, de verdad. Pero no podía evitarlo el amor me controlaba, era su marioneta. Por eso no fui consciente del momento en que Tom había empezado a vivir conmigo. No lo recuerdo, sin más. Mi piso era más amplio y tenía muchas más comodidades que el de Tom. Ventajas de que el mío lo pagara la empresa. Por eso dormíamos casi siempre en mi casa y a penas pasábamos por la suya. Básicamente bajaba a ducharse y a cambiarse y poco más. Las plantas las regaba la asistenta cuando veía que amenazaban con marchitarse. Una tarde en la que recogía el piso , Tom se había marchado al gimnasio, empecé a ser consciente de que la casa estaba plagada de sus cosas. Su pijama bajo la almohada, su cepillo de dientes en el baño, sus zapatillas en el armario del recibidor... su taza favorita de "Hoy va a ser un buen día" para el desayuno... y de repente sentí pánico. Por primera vez, en todos esos meses, ¿o quizás había pasado ya un año?, sentí miedo. Miedo de sentir lo que sentía, de la posibilidad de perderle y volver a quedarme sola y de que el no sintiese lo mismo que yo. Pero Tom era tan amable, tan atento y tan cariñoso que era imposible que no estuviese enamorado de mi. Recuerdo perfectamente aquel otoño y como me envenenaba a mi misma imaginando que cualquier tontería era un signo de su falta de amor. Es increíble como la mente humana lo enrevesa todo y lo complica. Al menos la mía, la vuestra no lo sé. Cuando hablaba con Lena, la única amiga que había conseguido tener, amiga de toda la vida además, intentaba convencerme de que a travesar esa etapa era normal. Incluso me aseguró que la pasaría varias veces y entré en pánico. Por lo visto las personas tendemos a preocuparnos de cosas que no han pasado sin motivos aparentes y sin indicio ninguno. Lo que viene siendo emparanollarse por la cara. Pero yo estoy convencida de que mi mente perversa envenenó mi relación . Esa relación idílica y perfecta que tenía. Creo que, en cierta medida, agobié a Tom y lo nuestro comenzó a enfriarse aunque nunca sucedió nada que lo evidenciara. Eran sólo pequeños detalles. Recuerdo una noche en especial en la que abrí los ojos. Los abrí hacía otro mundo que no había sido capaz de ver hasta ese momento. Llamémoslo Realidad. Una noche , un viernes para ser más exactos, me duché, me puse un camisón y me perfumé hasta que casi me ahogo yo misma. Me metí en la cama , donde él leía un libro y le mostré mi mejor sonrisa. El me la devolvió y siguió leyendo. Repito que me había puesto un camisón, escotado, en pleno invierno. Además no llevaba bragas y el lo sabía. Quise convencerme de que el libro era jodidamente interesante y no quise interrumpirle así que me conecté a Netflix para matar el tiempo imaginando que , en algún momento, pasaría de la lectura para centrarse en mi. Cuando me quise dar cuenta estaba roncando. Me quedé pasmada. Primero sentí asombro, luego rabia, luego tristezas y rabia otra vez. Mucha rabia. Me levanté indignada de la cama y sustituí el camisón por el pijama menos sexy que tenia en el armario, era de Winny Pooh. Me desahogué con el espejo mientras le maldecía de mil formas distintas, no se como no se despertó con la de maldiciones que le eché. Y ahora os diré a vosotros, en confianza, a los que os preguntáis por qué no busqué yo el acercamiento, a los que pensáis que él no fue consciente de que quería llamar su atención , no conocéis a Tom. El no funciona así. Creo que ningún tío funciona así, ¿o si? Os recuerdo que no tengo mucha experiencia pero estoy casi segura de que si un hombre tiene a una mujer al lado en camisón, con escote y sin bragas haciéndole ojitos deja el puto libro y se dedica a lo que se tiene que dedicar. Y si no es así, si no es así amigas mías es que la cosa pinta mal. Yo lo sabía y alguna de vosotras también lo está pensando ya. Y ahora aclararé que la rabia contenida que sentía por dentro no era porque fuera egoísta y no pudiera comprender que mi hombre estaba cansado, necesitaba dormir y no podía entregarse al placer carnal. Quiero que entendáis lo poco valorada que me sentía. Me sentía como una mierda. Una de las grandes que pesan toneladas. La moñiga más grande del universo. Es muy triste sentirte poco valorada y nada deseada y no es un sentimiento agradable. Lo peor fue sentir, por primera vez, que ahora era yo la que empezaba a perder el interés y entonces el miedo fue otro. Ya no temía que el me dejara, que se fuera y que no estuviera enamorado de mi. El miedo era por empezar a sentir que quizás yo nunca había estado enamorada. Y entonces, mi vida, la única vida que conocía, habría sido mentira.




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