El Principio de mi Caos

CAPÍTULO 6: Pasta para tres

De camino a casa por fin me enteré de quién era la desconocida que llevaba al lado. Se llamaba Gin, tenía veinticuatro años y vivía en frente de mi edificio. Me tenia bien controlada y me veía salir y entrar, incluso con Tom. Era fisioterapeuta pero su madre no le dejaba atender a clientes en casa porque decía que los vecinos pensarían que era prostituta así que llevaba unos meses trabajando para un equipo de baloncesto, los New York Knicks, a los que no conocía pero ella aseguraba que eran famosísimos. Por los gustos y aficiones que me comentaba era tan especial y peculiar como yo imaginaba. Lo cierto es que era muy divertida y su compañía, lejos de lo que creía, me estaba resultando francamente grata.
- ¿En serio me estás diciendo que no tienes amigos en Nueva York?- preguntó horrorizada.
- Lo juro- contesté levantando la palma derecha .
- ¡Joder tía ! No puede ser… nadie vive en una ciudad de más de ocho millones de habitantes y no tiene un puto amigo. ¿Es que eres una psicópata?¿Es eso? Dime la verdad tía, podré soportarlo, en serio- bromeó Gin.
- Un poco especial si que soy. Pero no sé si llego al grado de psicopatía o no. Lo cierto es que trabajo mucho y he dedicado mucho tiempo a mi carrera. Además, hacer amigos es algo fácil para personas extrovertidas como tu pero creo que, a la vista está, yo no soy una de esas.
- Me estás diciendo que no eres capaz de hacer amigos pero ya tienes un churri…
Sonreí por la mirada pilla que me dedicó Ginebra. La chica me había hecho sonreír varias veces con sus locas ocurrencias y se estaba convirtiendo en lo más interesante de mi día.
- Tom me encontró a mi. Supongo que soy de esas a las que hay que encontrar por casualidad- contesté encogiéndome de hombros.
- ¿Y cómo fue?
- Me ayudó a subir mis cosas en la mudanza. Todo un caballero. Luego quise invitarle a un café, por agradecimiento, pero solo quedaba uno… así que lo compartimos.
- Qué bonito , ¿no? Como la dama y el vagabundo.
- Una comparación curiosa pero entiendo el símil- dije soltando una carcajada.
- ¿Y qué más? ¿Un café llevó a una cena y de ahí a la cama? Supongo que follaba tan bien que te enganchó. Así es como siguen todas las historias de amor .
- ¿Qué? No…-contesté ruborizada- quedamos muchas veces antes de todo eso. Tom es un hombre encantador y muy atento. En realidad fue una noche de tormenta en la que se fue La Luz y…
- ¡Vamos no me jodas! ¿Una noche de tormenta?¿En serio? Pero vosotros habéis salido de una puta novela o qué…La pareja perfecta, de esas que dan asquito, ¿no?
- En realidad ya no.
Gin me miró con los ojos como platos. Creo que, en parte, se arrepentía de haberme preguntado.
- Bueno no es para tanto. Creo que simplemente hemos pasado la etapa de empalagamiento total y ahora estamos acostumbrándonos a un nuevo nivel.- dije restado importancia al asunto.
- Eso es lo normal. Todo el mundo se acaba cansando de comer lo mismo todos los días.
Cuando me quise dar cuenta habíamos llegado a la puerta de mi edificio. No me apetecía nada quedarme sola y la compañía de Gin era lo mejor a lo que podía optar. No quiero menospreciarla, nada mas lejos de mi intención, solo vengo a referirme a que no tenia ningún plan para el resto del día. Ni para el resto del fin de semana.
- Gin, ¿te apetece quedarte a comer?
- ¿En serio?- mi ofrecimiento pareció sorprenderla- Por mi guay, si no te importa que Clotis se quede con nosotras. Suele tomarse muy mal que la deje en casa y me vaya. Se siente abandonada.
- Sin problemas, las dos sois bienvenidas.
Subimos los cinco pisos que nos separaban de casa en silencio. Parecía que habíamos abordado todos los posibles temas de conversación y nos quedábamos sin repertorio aunque por lo poco que conocía a Ginebra aquello me parecía muy improbable. Quizás, después de todo, había hecho que la timidez de Gin saliese a flote.
- Tienes un apartamento de la hostia- exclamó desde el umbral de la puerta.
Mi nueva amiga lo miraba todo con curiosidad y aquello me divertía bastante. Lo cierto es que estoy orgullosa de mi apartamento. Casi todo venia reciclado del anterior pero lo poco que dejaron era bastante cookie y el estilo se acercaba mucho a lo que siempre había deseado. Habitaciones amplias y blancas con enormes ventanales. Muebles en tono pastel a juego con los estores. El salón comunicaba con una terraza que me tenía totalmente enamorada. Tom y yo solíamos salir a mirar las estrellas casi a diario. Con nuestra mantita a cuestas y a veces acompañados de un chocolate caliente. Adoraba esos buenos momentos que pasábamos juntos. Hacía tiempo que ya no disfrutábamos de momentos como aquellos.
- Laura, colega. ¿Estás bien? Te has quedado ida perdida de repente.
- ¿En serio ?- Pregunté confundida- estaba pensando en qué podríamos preparar para comer. ¿Te apetece una copa de vino?
- Una cerveza mejor.
- Claro- me dirigí a la nevera para darle a mi invitada su bebida y cogí un refresco para mi. Light , porque ya que había salido a correr tenia que hacer el esfuerzo- aquí tienes.
- Guay. Túmbate en el sillón y te miro lo tuyo- dijo dejando la cerveza sobre la mesita auxiliar.
- ¿Lo mío?
- Tu tirón tía. Vamos, ven aquí – insistió palmeando el sillón a modo de invitación.
Había olvidado mi pequeña mentirijilla pero qué podía decirle a Ginebra. Era muy insistente y sabia que no lo dejaría estar así que decidí tumbarme sin rechistar y dejarme hacer.
- Relájate que soy una profesional. Ya verás como te dejo nueva.
- ¿Llevas mucho tiempo trabajando de esto?
- Unos meses. Terminé hace relativamente poco. Hace las practicas y esas mierdas pero solo te explotan y no te pagan. Prácticamente este es mi primer trabajo. ¿Y tu? Cuéntame de tu vida.
Ginebra había remangado un poco la pernera de mi pantalón y masajes a mi muslo con sumo cuidado. Debía reconocer que aquello no estaba nada mal y hasta empezaba a disfrutar de ello, me relajaba.
- Yo llevo cuatro años en Nueva York. Parece que fue ayer cuando llegué … pero ya me siento más de aquí que de mi país.
- ¿Cuatro años currando por aquí ? Pero si eres super joven tía, ¿qué edad tienes?
- Veintisiete. Me vine aquí para estudiar el máster, hice las practicas en la TWT y allí me quedé. Tuve suerte.
- ¿La TWT es esa revista para snob que está tan de moda en el Upper East Side? A mi madre le chifla es una adicta. Creo que tiene suscripción VIP. Siempre está dándome la chapa con la tiparraca esa que la dirige, ¿cómo se llamaba?... tenía un nombre muy friky.
- ¿Laura Sorda?- pregunté con sorna.
- ¡Exacto! Siempre me está restregando lo joven que es y el puesto que tiene. Está claro que no debía de tener vida. Es el típico caso de los cerebritos que viven enclaustrados y luego se forran. Vale si, ¿pero qué vida has tenido? Te has muerto del asco.
Mientras ella hablaba sin parar yo la miraba con cara de circunstancias. ¿De verdad necesitaba muchas mas pistas para caer en la cuenta de que yo era esa Laura de la que hablábamos? De repente, Ginebra se quedó mirándome fijamente y se calló.
- Ala…- por fin se había dado cuenta- Lo siento…- añadió avergonzada- En casa eres casi famosa así que te tienes que pasar un día …
- Tranquila. No te has equivocado demasiado. Era una cerebrito sin amigos y , por qué no decirlo, un poco friky. Lo cierto es que pase mi infancia, y parte de mi adolescencia, metida en mi habitación detrás de un ordenador.
- Pues no te pega nada, ¿eh? Tu eres muy guay.
- Me miras con buenos ojos. Pero lo cierto es que estoy cumpliendo un sueño. ¿Sabes lo que es para una chica como yo acabar en un lugar como este? ¿Cuánto esfuerzo requiere?
- Me llama la atención que veas este lugar como un paraíso. Para las personas que, como yo, llevamos toda nuestra vida aquí puede que no lo sea tanto.
- ¿Bromeas?- no podía creer que Ginebra pensase de ese modo. Casi me parecía insultante.
- Crecer con la elite de Manhattan no es tan maravillo como crees. Son pequeñas brujas y arpías en potencia que llegan a un nivel de crueldad increíble. Pero no son solo ellas, sino que es todo. La sociedad, la escuela, la ciudad… te someten a un nivel de presión y de exigencia inhumano. Es imposible que seas un niño feliz que crece despreocupado si vives por aquí. Las escuelas te preparan para Harvard o Yale incluso antes de saber hablar. Yo soy totalmente contraria a los estúpidos estereotipos que se establecen por aquí . Creo que podrás hacerte una ligera idea de cómo fue mi juventud.
- Discrepo con tu opinión. Yo pienso que esta ciudad más bien está llena de oportunidades infinitas. Tener la oportunidad de formarte en una universidad como Harvard o Yale no hace más que abrirte puertas que para la gente como yo son inalcanzables. Pertenecer a la elite de Manhattan es un privilegio.
- Y una mierda. Mira , dices que pasaste tu infancia y tu adolescencia enclaustrada en tu habitación. Supongo que tu ordenador era tu único amigo, ¿me equivoco?- me encogí de hombros a modo de respuesta y la dejé continuar- seguramente tu instituto estaba lleno de cabronas y niñatos que , como mucho, lo más que hicieron fue pasar de ti e ignorarte todos los días. No eras nadie, invisible, olvidada… prescindible en todos los sentidos. Aquí nadie es invisible. Si les vales, si le sigues el rollo , optarás a ser una marioneta sin personalidad que vivirá y respirara para hacer lo que otros les dicen que hagan. Si no les vales pasarás a ser el objetivo de todas sus maldades. Y créeme cuando te digo que por aquí andan sobrados de imaginación. Nada de tirarte los libros por la ventana o esconderte la mochila durante la hora del almuerzo… aquí las burlas sobrepasaron todos los limites…
El discurso de Ginebra me dejó un poco impactado la verdad. Hablaba con tanta pasión y con una rabia contenida que me descolocaba.
- Quizás exageras un poco …
- Sufrí bullying durante varios años. Intenté suicidarme a los quince. Entonces me metieron en una clínica muy exclusiva y muy cara donde juraron que me curaría y mi madre contó por el edificio que estaba en rehabilitación porque me drogaba. Por cierto, mis compañeros de clase se enteraron de todo y me hicieron llegar sus ánimos a través de una serie de memes que subieron a las redes sociales con él hashtag “Ginebra la virgen suicida”.
Un bola de angustia creció de golpe en la boca de mi estómago. Debía haber imaginado que las palabras de Ginebra venían motivadas por alguna experiencia cercana. Qué poco observadora podía llegar a ser.
- Creo que ahora soy yo la que te debe una disculpa.
- Que va, ¿Por qué? Yo soy la que ha querido contártelo. Lo sabe todo el puto Manhattan … tu también tenias derecho, jajaja. Solo quiero que veas que ,a lo mejor, no has tenido tan mala suerte. Bueno, ¿Qué hay de papeo?
Decidí respetar el cambio de tema de Ginebra.
- Había pensado hacer pasta.
Clotis me dedicó un par de ladridos a modo de aprobación mientras su dueña me levantaba el dedo pulgar.
Noté que desde que habíamos hablado del tema del acoso la cara de Gin había cambiado un poquito. Su semblante se había endurecido y su sonrisa, que parecía no desaparecer nunca, se había esfumado. No me atreví a hondear en la herida y decidí que lo mejor era que ella me hablara de lo que quisiera cuando quisiera sin forzar la situación. Cuando quisiese hablar allí estaría. Lo cierto era que aquella muchachita se iba ganando un lugar en mi solitario corazón.




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