Gabriel nos hizo caminar dos manzanas porque, según él, los mejores frapuchino se servían en D´Marco. Yo no tenía claro ni lo que era un frapuchino así que me daba exactamente igual pero los seguí. Los seguí porque , de repente, los dos parecían estar de acuerdo en todo. Mi nueva amiga y mi peor pesadilla se compenetraban como buenos jóvenes adultos casi recién salidos de la pubertad que eran. Nos sentamos en una mesita, con sillones, junto al cristal porque , según Gabriel, había que disfrutar de las vistas de Central Park cuando saboreabas un buen frapuchino. Yo me pedí una tila doble porque temía que la histeria volviera a apoderarse de mi. Ya había escrito a Susan, como una posesa, para que organizase una reunión de urgencia a primera hora del lunes. Tenía que cubrir aquel escándalo como fuese y para eso necesitábamos sacar una tirada fabulosa que hiciera que todos olvidaran lo que ya había bautizado como El Accidente.
Notaba como me latía la sien y caí en la cuenta de que me dolía la cabeza y ni si quiera me había dado cuenta. Iba tan absorta en mi pensamientos que no me daba cuenta de lo que asaba a mi alrededor. Era un autómata. Necesitaba aquella tila como respirar así que me retumbe en el sillón y me propuse disfrutar de ella hasta que lo vi. Casi me atraganto.
Ginebra y Gabriel se incorporaron de golpe , les preocupaba que me muriera en aquella cafetería y tener que ocuparse de mi cuerpo, así que me daban pequeñas Palma ditas en la espalda intentando evitar mi ahogamiento inminente. Las Palma ditas de Gabriel eran mas bruscas de lo necesario, creo que se estaba vengando.
- Qué pasa tronca, que la infusión está pagada. Ha invitado el millonario.
- Lo-lo he vis-vis-to- no sé como conseguí formular mas de dos sílabas seguidas, también te lo digo.
- ¿A quién has visto?
- Cualquiera diría que has visto al diablo- dijo Gabriel en tono guasón.
- Imposible, porque tu estás aquí…
Risas risas. Cada vez me daban mas asco estos dos tortolitos. Mi cabeza, que es un poco independiente, ya se había puesto manos a la obra con sus habituales conjeturas y para ella estos dos ya estaban tonteando al máximo. Aborrecía esa sola idea. Los pelos de punta te lo juro.
- Tom .
- ¿Tom ?¿tu Tom ?
- ¿Quién es Tom?- ¿Por qué Gabriel tenia que meterse en todo?¿Y por qué estaba allí con nosotras un sábado por la tarde? ¿Por quéeeeeee?
- Tom es su novio.
- ¡Ahhh! Si, pero ¿no estaba de viaje?
- ¿Y tu como demonios sabes eso niñato?- cuando era para meterme con él se me quitaban todos los males.
- Pues porque lo escucho todo en la oficina. Dicen que estás de tan mal humor porque tu novio está de viaje y no te da lo tuyo.
- ¡¿Quéeeeee?!- malditos bastardos. Al infierno todos.- Estoy de tan mal humor desde que tu has llegado, para que lo sepas.
- Pero conmigo no la pagues. Toma- dijo teniéndomela la tila- bebe un poco que te hace falta.
Apunto estuve de tirársela a la cara y achicharrarlo vivo pero me contuve porque todavía me quedaba un ápice de dignidad. DIG-NI-DAD.
- Ginebra, he visto a Tom te lo juro por mi vida. Estaba ahí.
- ¿Y no serán los nervios cari? Mira que los nervios juegan muy malas pasadas.
- ¡QUE TE JURO QUE ESTABA AHÍ!
Estaba segura de que a esas alturas ya le había quedado claro a ella, y a media cafetería, que Tom estaba allí. Lo había visto salir del Colyseo, un hotel de negocios en pleno centro de Manhattan. No tenía sentido. Había hablado con Tom la noche anterior y no me había dicho nada sobre volver antes. El plan era estar fuera hasta el miércoles y estábamos a sábado. Y por qué demonios saldría de un hotel, nunca había tenido reuniones en fines de semana. Todo era tan absurdo que empezaba a dudar incluso de mi misma. ¿Estaría volviéndome realmente loca?
- ¿Puede ser que haya vuelto antes por trabajo?- preguntó Gin- Quiero decir que quizás haya habido algún cambio de planes y no haya tenido tiempo de avisar. A lo mejor vuelve a irse cuando termine.
- ¿Y no la avisa ni se preocupa por verla?
Gabriel era un autentico toca pelotas pero también era muy sincero. Decía todo lo que le pasaba por la cabeza sin filtros, sin tapujos y yo agradecía que las personas fueran así. Siempre había odiado que mis padres disfrazasen las cosas cuando era pequeña. Detestaba sentir que los demás adornaban la situación para evita hacerme daño porque me hacía sentir engañada.
- Si quisiera engañarme no lo haría en un hotel al lado de casa, ¿verdad? Nueva York está repleto de hoteles en los que nadie le vería entrar jamás. ¿Por qué arriesgarse?
- Tienes razón.
Ginebra quiso evitar que Gabriel hablara de nuevo cuando le vio abrir la boca pero el pequeño diablo no se daba por vencido. No se daba cuenta de que su opinión no son importaba a ninguna de las dos o al menos a mi. Escucharle no hacia mas que empeorarme el día.
- ¿Sabes cuál es el verdadero problema? Que te sientes insegura.
- Se avecina tormenta…
- Ginebra sabes que tengo razón. Cuando una mujer se siente insegura es cuando empieza a ver fantasmas por todas partes. Esto está documentado no me lo invento yo y lo sabéis. Si tu te vieras como una diosa frente al espejo, jamás dudarías de Tom. En el peor de los casos ni si quiera te importaría lo que hiciese. El se lo pierde.
Le miré desde mis gafas de pasta negra, con mi frondosa melena castaña desaliñada y recogida en medio moño y mi chándal, que ni si quiera hacia juego y lo odie, lo odie mas que nunca porque sabia que tenía razón. Me sentía una caca de la vaca que queda muy lejos de diosa en la pirámide del glamour. Cada día me vestía de la misma manera. Un traje de chaqueta con una camisa neutra sin ninguna gracia y un moño que me hacía estratégicamente con un donut que me compré en los chinos de mi pueblo. Así pasaba doce horas al día. Las otras doce los pasaba con estos chándal horribles que ni si quiera eran sexys. Ginebra era una chica rara con gustos estrambóticos pero se pusiera lo que se pusiera se veía sexy. Hasta las señoras , extraditas en años, de mi edificio bajaban a comprar o al pasear al perro más elegantes que yo. Era un desastre y lo admito. Se que por eso me refugié tanto en mi trabajado porque sentía que era lo único que sabia hacer bien, en lo único que nadie me podría criticar y por eso era tan importante para mi que Gabriel no estropeara todo lo que había conseguido.
- Yo creo que eres maravillosa Laura. Y Clotis también, por eso nos acercamos a ti aquel día en el parque.
- Flaco favor le haces a tu amiga si no eres sincera con ella. ¿Y quién demonios es Clotis? Vaya nombre…
Ginebra tenia mucha paciencia menos cuando se trataba de su perro. Fue la primera vez que vi una intención, por su parte, de cogerlo por el cuello.
- Déjalo Gin, Gabriel tiene razón. Cuando Tim se fijó en mi no podía creérmelo y , a día de hoy, sigo sin entenderlo. Pero yo soy como soy y no puedo cambiarlo.
- Te equivocas, todos podemos cambiar y ser como nos gustaría ser. ¿ Crees que soy así de perfecto por naturaleza? Dedicó muchas horas y esfuerzos a estar maravilloso. Querer es poder- añadió acercándose a mi cara.
Gabriel tenia unos ojos azules brillantes y vivos, como los de Ginebra. La piel de su cara parecía perfecta. Lisa, hidratada, de un canela tostado impecable. Su melena rubia y desaliñada le daba un toque muy cool no como la mía, que me daba un toque guarro de no haberme duchado. Siempre había odiado a la gente así. Personas que no necesitaban esforzarse, por mucho que él dijera, para lucir intachables. Siempre a punto. Yo no podía quejarme demasiado, había heredado la compresión delgada de mi madre pero la falta de ejercicio se iba haciendo notar. Mi barriga estaba flácida, igual que mis pazos. Tenía la suerte de no tener ni una cana, eso si, no necesitaba echarme tintes y eso hacia que me cuidara el pelo aun menos. Tampoco tenia arrugas ni patas de gallo ni esas cosas, soy joven , es cierto , pero conozco a gente de mi edad que ya debe abusar de las cremas faciales. Me cuidaba lo justo, era cierto, un poco de crema hidratante y poco más pero es que a penas tenía tiempo para respirar. Cuando conocí a Tom procuré peinarme un poquito más y me compré algunos modelaros nuevos pero antes de eso mi armario estaba repleto de ropa de oficina y poco más. También me compre algunos pijamas porque , si soy sincera, dormía con ropa de propaganda. Muy triste.
- ¿Qué podría hacer?- pregunté distraída , hablando conmigo misma y casi ajena a mis acompañantes.
- ¿Y por qué no ejerces de coatch Gabriel?
- ¿Qué?- pregunté con espanto ante la ocurrencia de mi amiga.
- Pareces controlar mucho del tema , ¿serías capaz de obrar tu magia con otra persona?
Ginebra me señalaba con las manos como si presentara un producto nuevo a sus clientes. Esta chica estaba loca si pensaba que yo me ofrecería a semejante despropósito con mi peor enemigo. ¿Cómo iba a darle esa satisfacción al niñato?
- Sería un reto pero estoy dispuesto.
Un reto dice el idiota, ¿pero quién se cree que es?
- ¿Tan estropeada me ves que crees que soy un reto?
- No es por el físico , es por esto- contesta señalando su cabeza- tu mente está atrofiada, no crees en ti.
Abrí la boca de par en par, no porque pensara contestar, ya que me había dejado sin palabras, si no más bien por asombro. No esperaba que Gabriel fuera capaz de analizarme tan bien, ni a mi ni a nadie. Le creía demasiado superficial para ver las emociones de alguien. Se creía tan perfecto, tan capaz… que deseaba darle con la realidad en las narices y despertarle de ese mundo utópico que le rondaba la cabeza. Quería ser yo quien abriera sus ojos y le hiciera ver que , realmente, era un inútil que no valía para nada que no pudiese pagarse con dinero. Como odiaba a las personas como Gabriel… cada día entendía más a Gin aunque en este caso parecía haber caído en la red de mentiras del niñato rendida a sus pies.
- Te desafío a cambiarme- dije muy decidida.
Ginebra hizo palmas con sus manos, más emocionada que yo, que era la paciente cero. Gabriel arqueó las cejas dejando entrever media sonrisa chulesca que le hacia mucho juego con su Imagen.
- Solo pondré una condición.
- Vaya, ahora eres tu quién pone las condiciones… ya decía yo…
- Solo quiero que te tome esto como un trabajo.
Le miré sin entender muy bien lo que quería decir. ¿Un trabajo? ¿Pero acaso él sabia lo que significaba esa palabra? Antes de que pudiera volver en mi, Gabriel continuo con su discurso.
- Quiero documentar todo el proceso y escribir mi propio articulo. Todo será anónimo , por supuesto. Cuando hayamos terminado quiero que lo leas y, si es digno de TWT, quiero que me lo publiques.
- ¿Qué? – Gabriel se drogaba, indiscutiblemente. No podía estar hablando en serio- ¿Publicar el artículo de un becario? Quién te crees tu…
- Me creo alguien capacitado que quiere descubrir su talento. He visto de cerca lo que hacéis en la revista, el trabajo de muchos redactores y sé , perfectamente, que yo puedo hacerlo mejor. Además, os vendría muy bien publicar un artículo de “investigación” , realidad social… algo que se acerque a las mujeres de hoy ajenas a la élite de Manhattan.
- Este chico sabe lo que dice…
- Ginebra…- mi amiga levantó las manos a modo de disculpa. Maldita sea, el niñato tenía mucha razón y yo odiaba tener que reconocerlo- Está bien, te escucho…
- Estudio de mercado. Vuestra revista no vende entre las mujeres de a pie, sencillamente porque ven inalcanzables la clase la vida que se refleja en las publicaciones. Nuestra vida. Mi idea es publicar un artículo sobre la transformación de una mujer del montón en una diva para conseguir captar la atención de todas esas damas que ven inalcanzable nuestro mundo pero lo anhelan.
- Gracias por lo de mujer del montón… Pero parece una idea interesante creo que es lo que necesitamos para diferenciarnos de nuestras competidoras más directas. Estuve dando vueltas al tema mucho tiempo pero lo dejé un poco apartado la verdad. Mi única duda es si tu podrás hacerlo, quizás deberíamos encargárselo a alguien más cualificado y nombrarte como colaborador.
- Mi idea, mi artículo.
Gabriel sonaba tajante, no habría forma de hacerle cambiar de opinión y , en parte, yo ya lo sabía pero debía intentarlo. A Gabriel se le podía definir con muchos calificativos pero entre ellos no estaba el de responsable y comprometido. Aquello no podía salir bien pero tampoco me perjudicaba intentarlo y , al fin y al cabo, mi cambio se realizaría de cualquiera de las maneras.
- Está bien, trato hecho. ¿Cuánto tiempo crees que necesitas?
- Tres meses.
- Dos, y es mi última oferta.
Gabriel me ofreció su mano como señal de conformidad para hacer oficial el trato.
Cuando llegué a casa seguía inmersa en una espiral de preguntas, todas ellas sin respuestas, que me hacían sentir en una montaña rusa. No se me quitaba de la cabeza la imagen de Tom saliendo de aquel hotel pero , lógicamente, me negaba a llamarle. Quería esperar a que me llamara él y ver hasta donde era capaz de llegar con sus mentiras. Por otro lado estaba el tema con Gabriel. ¿Cómo podía ponerme en sus manos? Estaba perdiendo el juicio por completo pero todo comenzaba a darme igual porque estaba muy agobiada y muy perdida. Ginebra había insistido en que era una buena idea y yo confiaba en ella , no sabría decir por qué pero confiaba. A partir de ahora todo era cuestión de dejar pasar el tiempo y de ponerme en manos de mi becario aunque estaba a punto de descubrir que tiempo era lo que menos tenía y que , en realidad, estaba pactando con el diablo.