El problema real

El problema real

La mañana del domingo 16 de junio del 2019, Carlos se había despertado con una llamada a su celular. A lo lejos, mientras se desperezaba, podía escuchar esa melodía monótona emitida por el dispositivo. Las gotas de lluvia que golpeaban contra su ventana no lograban opacar la música. Con sus ojos tan cansados como el cuerpo, fue incorporándose, poco a poco, sobre su colchón. Una vez recostado sobre la cabecera contestó el llamado.
Ni bien escuchó la voz del otro lado, sus ojos se abrieron a mas no poder. Algo así como asustado, o tal vez sorprendido, alejó el aparato de su oreja.
Carlos, entraba a trabajar a las seis de la mañana, en ese momento eran las seis y media. Tarde otra vez.
Mil perdones le pidió a su compañero, de quien es su relevo. Se levantó de un salto y rápidamente se vistió. Ya tenía las llaves en su mano, al momento en que se detuvo a tomar un mate, que le alcanzó su mujer, quien se despertó por el sobresalto del atrasado. Un beso, un te amo y la puerta se cerró después de su paso. Ya está camino a su trabajo.
Carlos pensó, que el haberse quedado dormido era un problema. Pero lo que no sabía, es que ese, no era el problema real.
Al llegar, luego de mil perdones más, se despidió de su compañero. El todavía dormido Carlos, ya está ocupando su puesto de trabajo.
Carlos trabajaba en un call center, una empresa chica. Creo que era un radio taxi, si no me equivoco. Un trabajo tranquilo, repetitivo, monótono y aburrido por demás. Esos trabajos que, uno los hace porque tiene que hacerlos, y no porque quiera hacerlo.
Es domingo, no hay mucho trabajo. Por lo que una persona sola alcanza. Tan solo con Carlos alcanza.
Siguiendo la misma rutina de siempre, luego de colgar su Montgomery en el perchero, abre su locker en busca de su único compañero de esa mañana. Algo lo decepcionó, pudo verse en su cara. Es que se acordó en ese preciso momento que, debido al apuro de su partida, se le pasó totalmente por alto traer yerba. Un mate vacío junto al termo lo observan casi riéndose.
Carlos pensó, que el hecho de no tener yerba era un problema. Pero lo que no sabía, es que ese, no era el problema real.
—Bueno, me hago un té— dijo en voz alta, hablando con él mismo. Así lo hizo. Para cuando sacó el saquito de té de la taza, eran las 06:55.
Atendió uno que otro llamado mientras, muy tranquilamente, daba sorbos a su taza humeante que reposa sobre el escritorio. La tranquilidad y la calma reinaban el lugar. Pero de pronto, justo a las 07:00, se quedó totalmente a oscuras. Carlos se quedó paralizado, inmóvil, con el humo dando en su cara, ya que estaba a punto de dar un sorbo más. A los diez segundos se encendió la luz de emergencia.
Un apagón más pensó.
Las únicas cosas que quedaron funcionando, además de la luz de emergencia, fueron los teléfonos y el equipo de radio que Carlos usaba para comunicarse con los choferes. Se hizo de unas cuantas hojas, agarró una lapicera y, como volviendo a otra época, donde las computadoras no existían, continuó con su trabajo.
Al cabo de quince minutos la batería, que proporcionaba energía al equipo de radio, comenzó a emitir un “bip” intermitente. Se encontraba descargada y a punto de morirse. Al menos, con la poca energía que le quedaba, podría trabajar algunos minutos más. No sabía cuantos, pero esperaba que sea hasta que vuelva la luz.
Carlos pensó, que no tener batería era un problema. Pero lo que no sabía, es que ese, no era el problema real.
Voy a esperar un rato pensó enseguida tiene que volver la luz
La empresa, en donde Carlos trabajaba, quedaba ubicada en la zona de Congreso, pleno centro porteño de Buenos Aires. Es eso por lo que le extrañó el informe de uno de sus móviles.
“Zona de Palermo sin luz” se escuchó por el parlante.
Perfecto. El sistema eléctrico funciona cada vez mejor. Más pagamos y peor funciona
El segundo reporte llegó a llamar, aún más, su atención.
“Zona de Lanús sin luz”
Palermo quedaba relativamente cerca de la zona donde Carlos trabajaba, pero Lanús se encontraba a una distancia considerable como para que se tratase del mismo inconveniente eléctrico. Carlos pensó en las casualidades. Él, no podía hacer más que continuar trabajando hasta que pueda, con el continuo “bip”intermitente casi perforándole el oído. Sonido que iba a torturarlo hasta que la batería por fin se agote.
“Sin luz en toda…”
El reporte no se alcanzó a escuchar por completo. El equipo de radio se pagó, al igual que el “bip” intermitente se perdió en un silencio sepulcral.
Esto no puede ser nada bueno
La batería estaba muerta. Lo único que había quedado funcionando en toda la empresa eran los teléfonos.
Enseguida se puso en contacto con el encargado que, obviamente, siendo domingo, se encontraba descansando en su cama. Quien le informó que tampoco había luz en su zona.
¿En San Justo? Esto no puede ser cierto
Para el encargado le era imposible acercar otra batería a la empresa, ya que su vehículo estaba desprovisto de combustible. Al no haber luz en sus alrededores tampoco estaban funcionando las estaciones de servicio.
Carlos pensó que, el hecho de que el encargado no pueda traerle una batería era un problema. Pero lo que no sabía, es que ese, no era el problema real.
Sin poder hacer nada, más que escuchar a los teléfonos sonar, decidió salir a la puerta a fumar un cigarrillo.
El portón metálico de la empresa quedó tras su espalda. El techo de la marquesina lograba cubrirlo de la tupida lluvia. El viento frío golpea su cara y decide levantar el cuello del Montgomery que lo abriga. Enciende el cigarrillo y, entre pitada y pitada, se detiene tan solo a observar el pasar de los autos que transitan las oscuras calles.
Todo se encontraba apagado. No había luz que provenga de ningún departamento y podía ver que algunas personas se habían juntado en el puesto de diarios de la esquina. Ni siquiera los semáforos prevenían accidentes.
Carlos pensó que, el no haber semáforos era un problema. Pero lo que no sabía, es que ese, no era el problema real.
La única luz, además del sol que apenas comenzaba a asomarse tras un encapotado cielo, son la de aquellos vehículos, que frente a ellos van dibujando las gotas con sus faroles.
Carlos los observaba pasar. Los anhelaba, como si realmente supiera que ese sería un paisaje que pronto no vería nunca más.
Arrojó el cigarrillo al cumulo de agua, que solía formarse en la base del árbol plantado frente a la empresa, exhaló la ultima bocanada de humo e ingresó nuevamente.
Al ubicarse en su escritorio, el silencio le hizo caer en la cuenta de que ninguna línea telefónica requería su atención. Algo mas que le resulta extraño en este día, teniendo en cuenta el tiempo que pasó fumando, la lluvia y que son doce líneas que no mostraban señales de vida.
Se encogió de hombros despreocupadamente y debido a la tranquilidad del momento se dispuso a leer. ¿Qué más podía hacer? Si quienes estaban a cargo de la empresa no podían hacer nada, meno iba a poder hacer él.
De su mochila, que era prácticamente una extensión de su cuerpo, sacó el libro que llevó para ese día, “Ensayo sobre la ceguera”, le pareció hasta incluso paradójico.
El tiempo pasaba rápidamente mientras sus ojos recorrían las páginas. En un determinado momento, extrañado aún por la ausencia de llamados, decidió comprobar si las líneas funcionaban correctamente. Tomó su celular y marcó el numero correspondiente. Nada se escuchó, ni tono de llamada, ni ocupado… nada.
Al retirar el celular de su oreja comprobó que, el indicador de señal estaba marcado con una x. No tenía línea, tampoco tenía internet. Carlos había quedado como encerrado en una capsula, totalmente desprovisto de información o contacto alguno. Pensó que la situación ya era demasiado extraña como para que se tratase de un corte como los demás.
Luego de unos minutos de confusión, decidió acercarse al puesto de diarios de la esquina, en el mismo que todavía había algunas personas reunidas, charlando. Allí fue donde recibió la primera noticia de lo que realmente estaba aconteciendo. Quien atendía el puesto le informó con exasperación, que el corte de luz no se trataba de alguno similar a los que el gobierno nos tenía acostumbrados, si no que, todo Argentina de encontraba a oscuras.
Carlos pensó que, la falta de luz en todo el país era un problema. Pero lo que no sabía, es que ese, no era el problema real.
La información que le dio el diariero, si bien era correcta, no estaba completa. Al momento exacto en que Carlos llegó al puesto de diarios, no había rastros de energía eléctrica en cinco países. Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y Perú, se encontraban completamente a oscuras. Pero Carlos, no se enteraría de eso hasta salir de su trabajo.
La información había llegado a oídos de Carlos, por medio de las palabras del diariero de la esquina. Sin darse cuenta, el futuro de la vida humana ya estaba mostrándose. Sin saberlo y sin siquiera percibirlo, en el aire, ya se olían vientos de cambios. Pero esta vez, cambios reales.
La mañana transcurrió tan solo dentro de la cabeza de Carlos. Un sinfín de preguntas vinieron a su mente ¿Qué está sucediendo? ¿Será una conspiración política? Tan solo dos de todas las que maratonearon en su cabeza.
Ya eran las 14:10 cuando volvió a cruzar la persiana metálica. Sus ganas de salir del trabajo ya no eran las mismas. Ahora, en Carlos, reinaba la incertidumbre. Hasta el día anterior, se moría de ganas por cruzar esa persiana, pero hoy no sabe que lo espera.
Ya se encontraba camino a su casa y le era inevitable ver la diferencia. Salvo por algún que otro coche particular, el asfalto estaba desierto. En los días feriados suele pasar algo así, pero esta vez era extremo. No pudo ver, en toda su vuelta a casa, más que algún que otro colectivo, pero ni un solo taxi rodaba por la ciudad. Incluso las estaciones de subte se encontraban cerradas.
A los costados del asfalto, sobre la vereda, la situación era totalmente opuesta. Las personas habían salido de sus hogares aprovechando que la lluvia había cesado. Incluso las personas longevas, que no podían usar los ascensores, habían copado los balcones. El murmullo era continuo y fue por este que se enteró lo de los cinco países.
Ya en su casa, luego de subir seis pisos por escalera, trató de acomodar sus ideas. No era cosa fácil, ya que la maratón craneal se había puesto en marcha luego de escuchar los murmullos ¿Una guerra? ¿Un ataque alienígena? Las ideas comenzaron a sonarle un tanto descabelladas, pero no por paranoia. Carlos tenía mucha imaginación. Aunque la paranoia no tardó en llegar.
Carlos creía que el problema eran cinco países a oscuras. Pero no sabía, que el mundo entero era una bola apagada en la noche.
Nadie supo que es lo que realmente sucedió. De un momento a otro, ese 16 de junio del 2019, dejó de haber rastros de electricidad en el mundo entero. La vida como la conocemos se volvió de cabeza. Por suerte, es solo la vida que nosotros conocemos, pero no la única que llevamos en la historia.
Al principio reinó el caos. No podía ser de otra manera, debido a lo electrodependientes que nos volvimos. A los días, no había celular que funcione en todo el mundo, ni computadoras, mucho menos internet. El ser humano tuvo que volver a aprender a comunicarse de otra manera. A las semanas, las estaciones de servicios habían quedado obsoletas. Por ende, los vehículos ya no recorrían las calles. Las cadenas de televisión, radios y diarios dejaron de existir. El sistema financiero colapsó, llevándose consigo al gubernamental. Había que reinventarse y Carlos estaba aterrado.
Diez años han pasado. Lejos de el sin fin de especulaciones que se hicieron, sobre lo que pasaría si un día el mundo se “apagara”, el resultado fue totalmente diferente. Pero no por simple evolución, si no, por inteligencia. Tan solo bastó con recordar y volver a lo que ya habíamos aprendido. En el 1800 no había electricidad, así y todo, el mundo siguió adelante.
Cada ciudad eligió a alguien para que los represente, basándose en la coherencia y las aptitudes de esa persona. Alguien que realmente quería ir hacia adelante, hacia un nuevo futuro.
Los diarios se mantuvieron inactivos, pero solo hasta que pudieron reacondicionar sus estructuras. La caja boba o televisión no existía más. Había que volver a comunicarse. Los hogares se comenzaron a llenar de familias compartiendo. Nadie podía negar lo cálido que todo se ve a la luz del fuego. Las construcciones arquitectónicas modernas se mantuvieron y si bien los rascacielos quedaron casi deshabitados, los pisos altos eran ocupados solo por los más jóvenes. El carbón volvió a ser el principal combustible y los mares ahora se cruzan en barcos de vela. Si bien muchos trabajos quedaron obsoletos, la caída de la electricidad había generado mas puestos laborales que todos los buenos gobernantes de la historia juntos. Las maquinas ya no hacían el trabajo por nosotros. El dialogo volvió a pertenecer al ser humano. La ansiedad y el ritmo de vida disminuyeron enormemente. Si necesitás comunicarte con alguien que no está cerca, tenés que ir al correo y esperar que luego de días llegue la respuesta.
Al momento en que, a Carlos, le dijeron que se quedaba sin trabajo, casi colapsa. A la mayoría le sucedió lo mismo, pero no todos pensaron como él. Eran momentos de cambios. Si el mundo no volvería a ser el mismo ¿Por qué el continuaría igual?
Desde esa mañana del 16 de junio de 2019, cada vez que surgió un problema, con imaginación lo trataba. Si no había yerba tomaba té. Si se quedaba sin electricidad leía. Si en argentina no hay luz imaginaba una conspiración política. Si cinco países se quedaban a oscuras imaginaba una guerra. Si el mundo sucumbía en la oscuridad pensaba en alienígenas. Carlos, lejos de salir a buscar un trabajo en este nuevo mundo, trabajó para él. Tomó una lapicera, la juntó con su imaginación y se puso a escribir.



Adriano Fuda

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En el texto hay: reflexion

Editado: 04.07.2019

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