Sabía que el pueblo donde vivía la abuela era raro, un bosque frondoso donde no podíamos entrar. Esas miradas de la nana, tensas e incomodas, cada vez que le hablaba de la sensación o esas historias raras que nos contaba, pero no me imaginaba que el bosque escondería esto. Es demasiado extraño, no tiene sentido, pero lo que importa ahora mismo es encontrar a mi hermano.