La noche era muy diferente en este pueblo. Había un silencio pesado, como si se pudiera tocar, no había el sutil ruido de los coches, ni esos típicos ruidos de ciudad. No, aquí la noche ocultaba algo más, eran susurros, el tic tac del reloj de pie pero en el fondo era algo mas lo que no me dejaba dormir.
Era esa sensación, ese cosquilleo. No había desaparecido desde que nos acercamos a Taramundi. Se sentía como si un millón de hormigas me corretearan por debajo de la piel.
El ruido de sabanas moviéndose llenó la habitación, y las tablas crujieron bajo mi peso al levantarme de la cama, tiritando pues apenas protegida por el fino camisón que la abuela me había prestado me acerque a la ventana.
—¿Me había dejado la ventana abierta? —El aullido del viento, como una voz grave y espeluznante, me respondió inesperadamente.
Un chirrido inundó la habitación, la ventana se había abierto sutilmente, la luz de la luna iluminó suavemente el lugar. Al otro lado el bosque estaba en paz, los árboles se elevaban como si quisieran tocar la luna y el derruido molino era mas escalofriante que nunca.
El aspa que le faltaba hacía que la silueta pareciera coja, torcida, casi incompleta. Y aun así juraría que algo se movió, como si una sombra estuviera mirando subida en el molino. Una sombra, rápida, como si se hubiera escondido al notar que la miraba. Un escalofrío frío me recorrió la espalda, seguramente solo fuera alguna rama movida por el viento, ¿Verdad? Mi temblorosa mano a duras penas consiguió cerrar el pestillo de la ventana, impaciente por meterme entre las sábanas y olvidarme de todo.
El cantar de un gallo se escuchaba a lo lejos y el sol entraba entre la cortina. Un leve quejido salió de la boca de Carlos quien aún estaba dormido. Para ser verano Carlos estaba tiritando, cubierto por la sabana hasta el cuello y seguro que solo hasta ahí porque si no se ahogaría.
El suelo de madera estaba igual de frio que la noche anterior, de puntillas evitando despertar a Carlos me cambié y lentamente salí por la puerta. La casa de la nana Fidi era antigua, sus padres habían vivido ahí y también sus abuelos. La casa no era del todo fea, simplemente antigua. El pasillo oscuro se extendía hacia mi, dando pasos cortos pase por enfrente de la habitación de la nana Fidi. La puerta estaba entreabierta y la luz apagada, el ruido de una silla arrastrándose por el suelo de madera llego hasta mis oídos, llenándome de curiosidad. Lentamente me asomé por el resquicio de la puerta era tan pequeño que las sombras de los muebles se entrelazaban entre si.
Una melodía llego a mis oídos, era como un secreto que se susurra, las palabras no se distinguían y no se podía entender. Esa melodía salía del cuarto de la nana, mas concretamente de ella. Fidi, pequeña y encorvada sobre la mesa, dándome la espalda canturreaba mientras escribía algo en... ¿Un libro? El borde de las páginas estaba amarillento, parecía estar cubierto de cuero o algo parecido.
Retrocedí un paso, expiré y junté mis manos, de repente la temperatura del pasillo había descendido y sin darme cuenta, choqué contra un reloj de cuco.
Se hubiera caído si no fuera por un barranqueño que casualmente estaba muy bien colocado. Al empujar la pequeña figurita del reloj sonó un característico clic. Definitivamente en esta casa todo es un misterio, rodé los ojos cuando el cuco empezó a sonar. Las 7 y todavía no había desayunado, antes para las 7:15 mamá ya había hecho las magdalenas que tanto me gustaban.
Clonc.
Algo se había caído al suelo y había acabado rebotando hasta esconderse en el polvoriento hueco debajo del reloj.
—Buenos días Amanda, ¿Qué tal has dormido? —La nana Fidi sonrió sin mostrar los dientes, me apoyo una mano huesuda en el hombro. —Vamos a desayunar, ¿Vale? Y por favor, no te acerques a ese viejo reloj, esta polvoriento y tiene un montón de astillas, no queremos que te hagas daño, ¿No, Amanda?
—No, nana. ¿El desayuno está listo ya?
—Oh no cariño, ¿Me quieres ayudar a preparar la leche?
—Claro.
Cada vez que bajaba una escalera vieja y chirriante no pude evitar pensar si mi adorable nana tendría un secreto oculto.