El Puro que Aúlla

Capítulo 12

La joyería que Amelia y yo usamos ese viernes por la noche que nos encontramos, eran nuestros anillos de compromiso y un regalo que mi familia nos hizo por lo especial de la fecha. Aunque entre los humanos solo la hembra utiliza anillo de compromiso, Marianne sabía de una tradición coreana en la que después de los primeros cien días de iniciada la relación, la pareja comparte unos anillos sencillos –“couple rings”, como se han hecho a conocer en el mundo-. Lo que hizo mi hermana fue mezclar ambas tradiciones y darnos a cada uno un anillo que significaba el compromiso predestinado con el que nacimos, ya que las alianzas que compartí con Amelia eran la promesa de amor eterno e infinito, y las utilizaríamos en la boda.

  • Gracias, Marianne, hermoso detalle -le dije a mi hermana mientras la abrazaba, aprovechando que Amelia estaba en la cocina con Caroline.
  • La idea me la diste tú, cuando me comentaste lo de las alianzas –reía, mi querida cómplice.
  • Igual agradezco que me ayudaras con eso, con el anillo de compromiso.
  • Solo te he dado tiempo para que planifiques una romántica velada en la que le pidas a Amelia matrimonio. Ella se merece vivir esa experiencia.

(…)

A puertas del ocaso, Amelia me sugirió regresar al apartamento. Cuando le dije que no era necesario, que la mansión era nuestro hogar, percibí una dualidad de sentimientos proviniendo de ella. Por un lado, estaba feliz porque nunca tuvo una familia y ahora tenía una muy grande, con suegros que fungían de padres, cuñadas y concuñados que la trataban como una hermana y sobrinos que, desde que supieron de mi conexión con ella, la llamaron tía. Sin embargo, por el otro lado, se sentía preocupada de lo que Solís pudiera pensar de ella al saber que vivía conmigo en la mansión. Acordamos que al llamar a Solís primero mencionaríamos otros temas para luego, al final, comentarle lo del cambio de residencia.

Amelia no podía hablar por lo nerviosa que estaba, así que yo fui introduciendo los temas con Solís. Cuando le dije que nos gustaría que nos ayude con lo de la ceremonia religiosa y que sea junto a Torres nuestros testigos ante el Dios Supremo, Solís dejó de hablar porque las emociones que sentía la hicieron llorar. Eso dio oportunidad a que se sumara Torres a la conversación, y como no creía que yo fuera Stefan Höller, sugerí hacer una videollamada. Torres le no había creído a Solís que Amelia me conocía y que se casaría conmigo. Solís y Torres tomaban a bien todo lo que le comentábamos, hasta que les dije que ahora la Mansión Höller sería el hogar de Amelia. Un silencio incómodo llegó y ninguno de los que participábamos de la conversación quiso romperlo. Escuchar el andar de mis padres hacia donde estábamos realizando la videollamada me llenó de tranquilidad porque supe que ellos ya habían captado la conversación que sosteníamos con la pareja de humanos que han cuidado de Amelia desde que la encontraron siendo una bebé, y llegaban a nuestro rescate. Saludando a Torres y Solís, mis padres entraron en la plática.

  • Disculpen que nos inmiscuyamos en la conversación que están sosteniendo con nuestros hijos -comenzó papá después de saludar. Debo remarcar que me encantó escuchar “hijos”; eso hizo que Solís esbozara una sonrisa y a Torres se le cayera la mandíbula, otra vez-, pero queremos apoyar lo que Amelia y Stefan acaban de comunicarles. Con mi esposa hemos hablado largo y tendido el tema, y creemos prudente que Amelia viva con nosotros en la mansión. No nos gusta que esté viviendo sola, por más seguro que sea el Condominio Palast.

Ante la oferta y motivos que el “todopoderoso” Maximiliam Höller expuso, Torres quedó mudo y Solís atinó a agradecer por el amor, cuidado y protección que toda la familia estaba prodigando a Amelia. Al cortar la llamada, solo pude agradecer a mi padre y darle un fuerte abrazo. Papá me repitió en alemán: «Estoy ahora y siempre, hijo», haciendo que recuerde el consejo que me dio de vivir el presente con Amelia.

(…)

A Matthias y Milena los encontramos al salir del elevador cuando llegamos al apartamento para recoger nuestras pertenencias. Ellos recién llegaban de hacer las compras de alimentos para la semana, después de haber almorzado con Gonzalo, Nadia, Patrick y Gaia. Por todo lo suscitado el fin de semana, no pude conversar con mis hermanos ni darles las buenas nuevas. El fuerte abrazo que me di con Matthias llamó la atención de Amelia. Ella no se esperaba que fuéramos tan cercanos. Aún no le había comentado sobre mi relación con Matthias, Gonzalo y Patrick.

  • Hola, Amelia, qué gusto verte ahora al lado de Stefan -la saludó Matthias con un beso en la mejilla. Fruncí el ceño y Matthias me sacó en cara que él nunca ha visto mal que yo salude de igual forma a Milena-. ¡No puedes ser tan celoso, Stefan!
  • Ya, lo siento, es que todo esto es nuevo para mí -dije para excusarme.
  • No te sientas mal, Matthias. ¡Hasta con Elrond me ha celado! -recordó Amelia cuando en la cena no me gustó que preguntara por él.
  • Poco a poco irá acomodándose a la idea de que con otros machos sobrenaturales no debe sentir celos -dijo Milena acercándose a Amelia para saludarla-. Hola, Amelia, soy Milena, la predestinada de Matthias. Durante la cena no tuvimos oportunidad de conversar ni de conocernos más, pero por mi amado Beta sé mucho sobre ti, y estoy segura que nos vamos a llevar muy bien.
  • Gracias, Milena. Si eres la compañera de Matthias, entonces eres maravillosa porque él es una muy buena persona y un amigo incondicional –dijo Amelia y yo afirmé con un movimiento de cabeza a la par que sonreía y le daba un cariñoso golpe en el hombro a mi Beta.
  • Antes que me olvide -interrumpí y cambié de tema-, el próximo sábado se hará la Ceremonia de Entrega del Mando Alfa y de Séquito, así que debemos hablar con Patrick para que nos instruya en el protocolo.
  • Entonces, ya marcaste a Amelia -Matthias sonreía, demostrando una sincera felicidad por mí.
  • Sí, ya es completamente mía -la cargué y comencé a girar con Amelia en mis brazos. Matthias y Milena aplaudían por la noticia y mi Luna reía aferrándose a mi cuello.
  • ¡Felicitaciones, hermano! -nuevamente nos abrazábamos-. Gonzalo y Patrick ya deben estar en camino, para que les des la gran noticia -palmoteaba mi espalda con mucha alegría.
  • ¡Felicidades, Amelia! -Milena abrazó a mi Luna-. Bienvenida a nuestro mágico mundo sobrenatural. Nadia, Gaia y yo te ayudaremos en todo lo que necesites para que te sientas cómoda entre nosotros.




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