El Quarterback y La chica imposible

Lujos

Emily

—Por favor, dime que no vaciaste la tienda de la Quinta Avenida completa, papá —me reí, acomodando el teléfono contra la base de mi lámpara de escritorio para que tuviera una buena vista.
En la pantalla, Liam Carrington se reclinó en su sillón de cuero, sosteniendo una taza de café y con esa sonrisa cómplice que delataba que disfrutaba malcriarme tanto como yo disfrutaba que lo hiciera.
—Solo fue un pequeño detalle para recordarte que tu padre piensa en ti, Emily. Además, una Carrington nunca lleva demasiadas joyas —respondió con un guiño—. A ver, muéstrame cómo te quedan.
Tomé el estuche de cuero rojo que había llegado por mensajería privada esa misma mañana. Sobre el terciopelo descansaba un brazalete Juste un Clou de Cartier en oro de dieciocho quilates, incrustado con sutiles diamantes en la cabeza del clavo. Me lo deslicé por la muñeca junto a mi reloj. Era una pieza hermosa: arquitectónica, moderna y con esa elegancia silenciosa que me encantaba.
—Es perfecto, papá. De verdad. Me encanta el contraste —dije, moviendo la mano frente a la cámara para que viera cómo destellaba bajo la luz de la habitación.
—Te queda espectacular, mi amor. Tu madre tenía un gusto muy similar para las piezas estructuradas. Ella siempre decía que el lujo no es para gritarlo, sino para disfrutarlo en privado.
—Lo sé. Gracias, papá. Eres el mejor.
En ese momento, la puerta de la habitación se abrió de golpe y Skyler entró arrastrando los pies, cargando una mochila enorme de la facultad de artes y con un mechón de cabello rubio pegado a la frente por el sudor.
—¡Estoy oficialmente muerta! Si vuelvo a ver un una clase de economía esta semana, voy a... —se detuvo en seco al ver la pantalla del teléfono—. ¡Oh! ¡Hola, señor Carrington!
Mi padre enderezó la postura de inmediato, ensanchando su sonrisa al verla.
—¡Skyler, la artista de la familia! Qué gusto verte, linda. Espero que mi hija no te esté volviendo loca con sus sermones sobre el reciclaje y los presupuestos.
—Para nada, señor Carrington. De hecho, la mantengo bajo control —bromeó Sky, acercándose a la pantalla para saludar con la mano—. Aunque hoy la encontré presumiendo sus nuevos tesoros, veo que el correo de Savannah llegó temprano.
—Llegó justo a tiempo —dijo mi padre, divertido—. Bueno, chicas, las dejo para que descansen. Emily, recuerda revisar el informe trimestral que te envié al correo. Skyler, sigue pintando esas maravillas. Las quiero.
—¡Y nosotros a usted! —respondió Sky antes de que yo colgara la videollamada.
Dejé el teléfono a un lado y miré a mi amiga, que ya se había tirado boca abajo en su cama, quejándose del cansancio.
—No te quejes tanto, que también hay algo para ti —dije, tomando una segunda caja roja, más pequeña, que venía dentro del paquete de envío.
Skyler levantó la cabeza de la almohada instantáneamente. Sus ojos se abrieron por completo cuando le extendí la caja con el sello dorado de Cartier.
—¿Es... es lo que creo que es?
—Ábrelo.
Se sentó de un salto y retiró la tapa con un cuidado casi cómico. Adentro había un anillo Cartier Love en oro rosa, clásico y delicado. Skyler soltó un grito ahogado que resonó en todas las paredes de la residencia.
—¡No puede ser! ¡Emily, tu papá está demente! ¡Esto es precioso! —se lo colocó en el dedo anular, mirándolo como si fuera un boleto de lotería ganador—. Tienes que llamarlo y decirle que lo adopto como mi segundo padre oficial ahora mismo.
—Le encanta hacer estos detalles, Sky. Sabe que eres como una hermana para mí —le sonreí, guardando mi propio brazalete en el alhajero—. Además, dice que los artistas necesitan inspiración de alta gama.
—Pues estoy inspiradísima —rio, admirando su mano—. Tanto que este anillo necesita ver la luz del sol... o la luz de los neones. Hoy hay fiesta en la casa de Sigma Nu, Em. Tenemos que ir.
Mi sonrisa se desvaneció un poco y volví a sentarme en mi escritorio, revisando unos apuntes.
—Ay, Sky, no tengo muchas ganas, de verdad. Sabes que no soy muy fan de esas fiestas. Música demasiado alta, alcohol de dudosa procedencia y un montón de idiotas compitiendo por ver quién grita más fuerte. Prefiero quedarme a adelantar lecturas.
Skyler se cruzó de brazos y caminó hacia mí, plantándose a mi lado con una mirada de súplica que dominaba a la perfección.
—Por favor, Em. No me dejes ir sola. Prometo que no nos quedaremos hasta tarde. Solo un par de horas para bailar, distraernos del estrés de la semana y presumir nuestras joyas. Además... —añadió con una sonrisa pícara—, escuché que mi hermano andaba buscándote en la cafetería ayer. Jayden me dijo que Mason intentó comprarte con galletas y lo dejaste congelado en el patio. Tengo que ver la secuela de eso en vivo.
Puse los ojos en blanco, recordando la insistencia absurda de Mason Johnson bajo el árbol.
—Tu hermano es un pesado, Sky. Cree que una sonrisa y un número diez en la espalda le dan derecho a interrumpir mi tarde —suspiré, mirando a mi amiga, que seguía haciendo un puchero insoportable—. Está bien, iré. Pero bajo mis términos: si me aburro a la medianoche, nos regresamos.
—¡Hecho! Eres la mejor compañera de cuarto del universo —celebró, corriendo hacia el clóset.
Pasamos las siguientes dos horas transformando la habitación en un campo de batalla de ropa, maquillaje y perfume. A pesar de mi desgana inicial, tengo que admitir que arreglarse con Skyler siempre era divertido. Hablábamos de todo: desde los profesores más aburridos hasta los chismes del campus, mientras compartíamos sombras de ojos y labiales.
Terminé de aplicarme un poco de brillo labial y me miré al espejo. Elegí un atuendo que equilibraba perfectamente lo sexy, lo lindo y lo cómodo: unos pantalones de cuero negro de talle alto que estilizaban mis piernas, un top corto de seda blanca con la espalda descubierta y mis botines negros de tacón cómodo. Dejé mi cabello rubio suelto, cayendo en ondas naturales, y me aseguré de que el brazalete que mi padre me había enviado brillara sutilmente en mi muñeca derecha.
Skyler salió del baño luciendo espectacular con un vestido ajustado de color rojo oscuro que combinaba con su energía vibrante.
—Vaya... —dijo Sky, barriéndome de arriba abajo con una sonrisa de suficiencia—. Si Mason sobrevive a verte con ese top de espalda descubierta, confirmaré que no tiene sangre en las venas. Estás irreal, Emily. Y no me lo niegues, se que el anda mirándote mucho ultimamente.
—No me arreglé para tu hermano, Sky —respondí, colocándome unos aretes pequeños de diamantes—. Me arreglé para mí. Y más le vale a ese quarterback mantenerse alejado de mi espacio personal si no quiere que lo vuelva a dejar en ridículo frente a sus amigos.
—Eso es lo que más me asusta... y lo que más me divierte —rio Skyler, tomando su bolso de mano—. Vámonos, Carrington. Es hora de mostrarle a esa fraternidad cómo se ve la verdadera realeza de Georgia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.