Emily
Música electrónica a todo volumen, luces robóticas tiñendo las paredes de azul y rojo, y un mar de universitarios saltando al unísono. En medio de ese caos, yo no podía evitar divertirme. Había venido a esta fiesta arrastrada y protestando, pero ver la cara de Mason Johnson completamente desarmado mientras la cerveza barata arruinaba sus zapatillas de colección había valido cada maldito segundo.
—¡Te juro que nunca en mi vida lo había visto poner esa cara! —gritó Skyler cerca de mi oído, riéndose con tantas ganas que tenía que apoyarse en mi hombro mientras nos movíamos al ritmo del bajo—. ¡Parecía que le habías tirado ácido en lugar de una Bud Light!
—¡Te prometo que fue sin querer! —le respondí de vuelta, riendo y girando sobre mis talones—. Aunque tengo que admitir que ver al rey del campus perder la compostura por un par de tenis fue bastante satisfactorio. Siento haberle arruinado el calzado, pero se interpuso en mi trayectoria.
—¡Se lo merecía por engreído! —Sky alzó los brazos, dejándose llevar por la música.
Estábamos pasándolo de maravilla cuando, de repente, la multitud pareció abrirse paso de forma natural. Jayden Cooper se acercó bailando con una confianza felina, moviéndose con una soltura que explicaba por qué media universidad suspiraba por él. Tenía esa sonrisa pícara grabada en el rostro y sus ojos azules fijos en una sola dirección.
—Hola, chicas. Qué desperdicio ver a las dos mejores de la noche bailando solas —dijo Jayden, integrándose a nuestro espacio con movimientos fluidos—. ¿Me permiten unirme al club?
Miré de reojo a Skyler y contuve una sonrisa triunfal. Mis sospechas se confirmaron en un segundo: mi amiga se ruborizó por completo, bajando la mirada una fracción de segundo antes de morderse el labio y volver a sonreír. Sky siempre intentaba actuar como "uno de los chicos" con los amigos de su hermano, pero estaba claro que moría por el receptor abierto del equipo. Y bueno, no podía culparla del todo. Había que aceptar la realidad objetiva: esos chicos del Savannah Rage eran unos adonis auténticos, esculpidos a base de genética perfecta y horas de gimnasio.
—Todo tuyo, Cooper. No le pises los pies, que ella no tiene asistentes de negocios para pagar facturas de tintorería —bromeé, dándole un empujón amistoso a Sky hacia él.
—Prometo ser un caballero, Carrington —rio Jayden, tomando a Skyler de la cintura de inmediato mientras ella le seguía el ritmo, olvidándose del mundo.
Me hice a un lado, dándoles espacio. Sin poder evitarlo, mis ojos buscaron mecánicamente entre la multitud hacia el área de la barra. Lo divisé al fondo. Mason estaba de pie junto a Asher Kingsley. Se estaba riendo de algo que su amigo acababa de decirle, con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás. Sin el casco de fútbol, sin la postura rígida de la clase de Ética, se veía... diferente. Menos como un mito del campus y más como un chico real de veintiún años. Sonreí para mis adentros, sacudiendo la cabeza para apartar el pensamiento, y caminé hacia la barra improvisada para buscar algo de tomar.
Mientras estiraba la mano para coger una lata de cerveza fría de la hielera, no pude evitar escuchar a dos chicas increíblemente guapas de una fraternidad rival que hablaban justo a mi lado, prácticamente gritando sobre la música.
—...te lo digo, si Mason Johnson me mira una vez más así, voy a terminar en su cama esta misma noche. Es un dios.
—Haz la fila, perra. Yo lo vi primero en los vestidores el martes —respondió la otra, retocándose el labial.
Puse los ojos en blanco con fuerza. Qué predecible todo. Dejé a las fanáticas del quarterback atrás y caminé directamente hacia donde estaban Mason y Asher, sosteniendo la lata fría entre mis dedos. Al verme llegar, Asher enderezó la postura con una sonrisa de bienvenida, mientras que Mason arqueó una ceja, cruzándose de brazos de inmediato.
—Vaya, miren quién decidió volver a la escena del crimen —dijo Mason, mirándome de arriba abajo.
—Hola, chicos —les sonreí con mi mejor toque de sarcasmo inocente. Le extendí la lata de cerveza fría a Mason, ofreciéndosela—. Toma. Considera esto un avance de la indemnización por tus preciados zapatos. De verdad pido disculpas, Johnson. No fue intencional. Mi radar de personas excesivamente altas falló por un momento.
Mason miró la lata, luego a mí, y una chispa de diversión brilló en sus ojos verdes esmeralda antes de aceptarla.
—Acepto la ofrenda de paz, Carrington, pero que sepas que una cerveza de cinco dólares no cubre el cuero italiano de edición limitada —replicó, abriendo la lata con un chasquido limpio.
—Por favor, Mason, si tienes un clóset lleno de esos —intervino Asher, riéndose y dándome un saludo con la cabeza—. Hola, Emily. Qué bueno que Sky logró sacarte del invernadero.
—A veces es necesario ver cómo vive el resto de los mortales, Asher —respondí divertida.
Estábamos hablando con bastante fluidez, manteniendo un ritmo cómodo de bromas, cuando Asher desvió la mirada hacia la pista de baile y sus ojos se abrieron un poco. Le dio un toque con el codo a Mason en las costillas.
—Oye, hermano... mira a las doce en punto. Creo que Cooper se está tomando muy en serio lo de la ofensiva.
Todos volteamos. En medio de la pista, Skyler y Jayden estaban bailando pegados, con una complicidad y una sensualidad que encendían el ambiente. La mandíbula de Mason se tensó de inmediato. El aire carismático desapareció y el hermano mayor sobreprotector tomó el control. Él tenía esa regla implícita con sus amigos del equipo: su hermana era intocable.
Mason dio un paso al frente, dispuesto a cruzar la sala para irrumpir entre ellos, pero yo me moví con rapidez y me le atravesé directamente en el camino, plantando mi mano en su pecho. La firmeza de sus músculos bajo la camisa negra me tomó por sorpresa un milisegundo, pero no retrocedí.
—Déjalos en paz, Johnson —le ordené, sosteniéndole la mirada con severidad—. Tu hermana es lo suficientemente inteligente como para saber lo que hace. Solo están bailando y divirtiéndose. No seas el aguafiestas de tu propio equipo.
Mason se detuvo en seco, mirándome desde su metro noventa con los ojos entrecerrados, respirando hondo.
—Cooper es mi receptor, Carrington. Sé perfectamente cómo piensa. Y no me gusta que mezcle las cosas con Sky. Quítate.
—No me voy a quitar. Sky se pasa la vida apoyándolos en cada partido y soportando su fiebre del fútbol. Déjala disfrutar de su noche sin que actúes como su guardaespaldas de la NFL —reté, cruzándome de brazos y plantando cara.
Mason bajó la vista hacia mí, la tensión flotando entre nosotros era tan fuerte que juraría que la distancia entre nuestros rostros se había acortado. Miró mis botines negros de tacón y luego volvió a mis ojos.
—Sabes... en este momento tengo unas ganas enormes de vaciar esta cerveza fría directamente sobre tus botines de diseñador para ver si sigues siendo tan valiente —amenazó, con la voz baja y ronca.
—Atrévete, Johnson —desafié, dando un paso más hacia él, desafiándolo con la mirada—. Te aseguro que mi padre compraría la marca entera de tus tenis solo para ver cómo te prohíben la entrada a todos los clubes de Georgia. Inténtalo.
Mason se me quedó mirando fijamente durante un par de segundos, procesando mi respuesta. Y entonces, contra todo pronóstico, la rigidez de su rostro se rompió. Una sonrisa lenta y genuina apareció en sus labios, y en su mejilla izquierda se marcó un hoyuelo sumamente atractivo que me tomó completamente desprevenida. Dios, era ridículamente guapo cuando no estaba intentando parecer perfecto.
Sentí un extraño vuelco en el estómago que no me gustó nada. Rápidamente coloqué los ojos en blanco, fingiendo un fastidio absoluto para ocultar el impacto, y desvié la mirada hacia Asher.
—En fin... ¿qué decías sobre la defensiva de Auburn, Asher? —pregunté, ignorando olímpicamente la risa ahogada de Mason a mi lado mientras seguíamos hablando con los chicos, tratando de ignorar el hecho de que mi oasis verde se estaba empezando a sentir un poco más cálido de lo normal.