El Quarterback y La chica imposible

Noche de Karaoke

Mason

—Si el coordinador defensivo vuelve a hacernos correr las rutas de cincuenta yardas con pesas en los tobillos, juro que voy a pedir mi transferencia a una universidad comunitaria —se quejó Logan, dejando caer pesadamente su tarro de cerveza sobre la mesa de madera del Gridiron Pub.

—Deja de llorar, West. El partido contra Florida es el próximo sábado y ellos tienen una línea ofensiva que parece una pared de ladrillos —le respondí, soltando una risa floja mientras estiraba mis piernas debajo de la mesa—. Si no tenemos resistencia para el cuarto cuarto, nos van a pasar por encima. Hoy fue un día del demonio en el campo, pero lo necesitamos.

Estábamos en nuestro bar favorito del campus, rodeados de pantallas gigantes que transmitían repeticiones de la NFL, olor a alitas de pollo y el murmullo constante de los universitarios. El entrenamiento de hoy había sido una tortura militar de tres horas bajo el sol, así que los chicos y yo decidimos que nos merecíamos una noche tranquila de tragos casuales.

—Mason tiene razón —intervino Jayden, dándole un mordisco a una papa frita—. El año pasado nos ganaron por un punto en los últimos diez segundos. Esta vez no pienso dejar que sus esquineros me toquen la cara. Por mí, como si tenemos que entrenar los domingos.

—Uf, habla por ti, receptor estrella —se burló Asher, apoyándose en el respaldo de su silla—. Yo tengo planes con mi cama los domingos.

Estábamos en medio de las risas y las discusiones sobre la estrategia de juego cuando la puerta del pub se abrió. Desvié la mirada por puro instinto y sentí cómo el pulso se me aceleraba sutilmente. Eran mi hermana Skyler y Emily.

Sky venía con su usual estilo relajado, pero Emily... Dios, esa chica sabía exactamente cómo llamar la atención sin siquiera intentarlo. Llevaba unos jeans negros de cuero que se amoldaban a sus piernas como una segunda piel, una blusa rosa pastel que contrastaba de manera perfecta con su cabello claro, botines negros de tacón y, para mi sorpresa, una chaqueta de cuero negro que era idéntica a la que yo traía puesta esa noche. Parecía una versión femenina y peligrosamente atractiva de mí mismo.

—Miren lo que trajo el viento —anunció Jayden, enderezando la postura y aclarándose la garganta de inmediato mientras las chicas se acercaban a nuestra mesa.

—Hola, chicos. Supuse que estarían aquí ahogando sus penas post-entrenamiento —saludó Sky, tomando asiento junto a Jayden con una sonrisa cómplice.

Emily se paró al lado de mi silla, cruzándose de brazos y mirándome de arriba abajo, deteniéndose deliberadamente en mi chaqueta antes de clavar sus ojos azules en los míos.

—Vaya, Johnson. Veo que compartimos el mismo pésimo gusto para el abrigo —comentó con su clásico tono sarcástico, aunque una sutil sonrisa curvó sus labios—. ¿O es que acaso tu asistente de moda te dijo que vestirte como yo te daría más puntos de carisma en la biblioteca?

—Ya quisieras, Carrington —me reí, ladeando la cabeza para mirarla desde abajo—. Yo usaba esta chaqueta antes de que tú supieras lo que era el cuero negro. Pero tengo que admitir que a ti se te ve un... diez por ciento mejor. Solo por el color rosa de la blusa.

—Me conformo con ese diez por ciento —respondió ella, tomando asiento en la silla vacía a mi lado.

A los pocos minutos, Jayden se levantó de la mesa murmurando algo sobre ir a buscar más servilletas y saludar a un tipo del equipo, dejando que el ambiente se relajara entre nosotros. Me incliné un poco hacia Emily, apoyando el codo en la mesa.

—¿Y bien? ¿Qué te trae por el territorio de los mortales un martes por la noche? Pensé que estarías revisando las proyecciones de Wall Street.

—Sky insistió en que necesitaba un respiro de los libros —explicó, mirándome de reojo—. Además, escuché un rumor de que hoy era noche de karaoke aquí. Dime que el gran mariscal de campo no va a subirse a la tarima a destrozar los oídos de todos. No creo que tus reflejos con el micrófono sean mejores que tus reflejos en el lodo.

—¿Yo? ¿Cantar? Por favor, Carrington. El número diez solo da espectáculos dentro de la cancha —respondí con una sonrisa de suficiencia—. Mi voz es un recurso limitado y muy valioso. No la regalo así como así.

Justo en el segundo en que terminé de pronunciar esa frase, el DJ del bar hizo chirriar el micrófono principal desde el escenario del fondo, llamando la atención de todo el pub.

—¡Muy bien, gente de Georgia! —gritó el animador por los altavoces—. Para nuestra próxima canción de la noche, tenemos una petición especial firmada por la mesa del equipo de fútbol. ¡Queremos ver en el escenario a Asher Kingsley y al mismísimo capitán, Mason Johnson!

Me quedé congelado. Miré hacia la barra y vi a Jayden y a Logan levantando sus vasos de cerveza en el aire, matándose de la risa y apuntándonos con el dedo. Los malditos infelices nos habían inscrito a traición.

—¡No, ni hablar! —Asher se levantó de inmediato, negando con la cabeza con fuerza—. ¡Yo no me subo ahí ni harto de tequila!

—¡Vamos, muchachos, no sean cobardes! —comenzó a corear el bar entero, motivado por Logan, que ya venía hacia nuestra mesa junto con otros tres líneas ofensivas enormes para arrastrarnos a la fuerza.

—Es una orden del equipo, Johnson. ¡A la tarima! —bramó Logan, agarrándome por los hombros mientras Jayden empujaba a Asher.

Miré a Emily antes de que me levantaran de la silla. Ella tenía ambas manos en la barbilla, mirándome con una sonrisa absolutamente triunfal, divirtiéndose a mi costa de la manera más cruel posible.

—Disfruta tu recurso limitado, Johnson —me lanzó un beso irónico al aire—. No te olvides de la letra.

No tuvimos opción. Con el bar entero aplaudiendo y gritando nuestros nombres, Asher y yo subimos los tres escalones de madera de la tarima, resignados a nuestro trágico destino. El DJ nos entregó un micrófono a cada uno y nos dedicó una mirada de disculpa antes de darle play a la pista que los idiotas de nuestros amigos habían elegido.




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