El Quarterback y La chica imposible

Talentos ocultos

Emily

—¡No hay manera de que esa palabra exista en el diccionario de la Real Academia, Logan! —grité entre risas, golpeando la mesa del pub con la palma de la mano—. Te la acabas de inventar solo para salvar tus últimos cinco puntos.

—¡Apoyo a Emily! —secundó Luke, quien ya se había recuperado de su gripe y se había unido a la mesa—. Como estudiante de periodismo, exijo un árbitro. Eso no es una palabra, West, es un insulto a la lengua anglosajona.

Estábamos todos amontonados alrededor de la mesa grande del Gridiron Pub, jugando a un juego de mesa absurdo de cartas y palabras rápidas que Skyler había sacado de su mochila. El ambiente era una completa locura de risas, gritos y desorden. Incluso Jayden y Asher estaban metidísimos en la competencia, defendiendo lo indefendible. Era una de esas noches universitarias perfectas donde el estrés de las clases y los entrenamientos se borraba con un par de tragos y amigos.

En medio del alboroto, Mason se inclinó hacia mí, apoyando su brazo en el respaldo de mi silla. Su cercanía me trajo de golpe el aroma de su colonia, mezclado con el cuero de su chaqueta que ahora descansaba en el borde de la mesa.

—Mucho criticar a Logan, Carrington, pero veo que estás evadiendo el verdadero elefante en la habitación —me pinchó con esa voz baja y ronca, mirándome con una chispa de malicia en sus ojos verdes—. Hace un rato me diste un ocho de diez por mi espectacular interpretación de Justin Timberlake, pero tú sigues invicta. ¿Qué pasa? ¿La jefa de Negocios solo sabe mirar desde la barrera o es que te da miedo que tu voz arruine ese perfil perfecto de chica refinada?

Lo miré de reojo, sosteniéndole la mirada mientras una sonrisa desafiante aparecía en mis labios. Recordar lo ridículamente guapo —y divertido— que se había visto allá arriba cantando SexyBack me dio el impulso de adrenalina que necesitaba.

—¿Miedo, Johnson? Por favor. Te aseguro que no soy una aburrida como algunos de tus amigos creen —repliqué, acomodándome la chaqueta de cuero y devolviéndole el juego con total ligereza—. Simplemente sé cuándo hacer una entrada triunfal.

Me giré hacia mi mejor amiga, que estaba tomando un sorbo de su bebida. —Sky, deja esa carta. Nosotras nos vamos a la tarima.

—¡Sí! ¡Por fin! —gritó Skyler, dejando caer las cartas de inmediato y levantándose de un salto.

Los chicos de la mesa estallaron en aplausos y vítores. Jayden empezó a silbar, Logan golpeó la mesa con los tarros de cerveza y Mason se reclinó en su asiento, cruzándose de brazos con una sonrisa de pura expectación, fascinado por ver qué iba a hacer.

Subimos los tres escalones del escenario. A diferencia de Mason y Asher, que habían sido arrastrados como prisioneros de guerra, Sky y yo tomamos los micrófonos con total propiedad. Había una ventaja secreta de nuestro lado: Skyler estaba en el grupo de canto de la facultad de artes, así que técnicamente yo tenía el mejor respaldo del lugar.

Hablamos rápidamente con el DJ y elegimos una canción que encajaba perfectamente con la energía de la noche. En cuanto los primeros acordes rebeldes, electrónicos y pesados de Break The Rules de Charli XCX empezaron a retumbar en los altavoces, el pub entero se vino abajo.

Going to the discotheque... Getting high and getting wrecked... —comenzó Sky, con una afinación perfecta que dejó a más de uno con la boca abierta.

I don't wanna go to school... I just wanna break the rules... —le seguí yo en el coro, soltándome por completo.

Tengo que admitir que se sentía increíblemente liberador. Saltábamos en el escenario, reíamos entre frase y frase, y nuestras voces se acoplaban de una manera limpia y potente. El público del bar nos apoyaba por completo, coreando el estribillo con los puños en el aire.

A mitad de la canción, mientras Sky dominaba una de las transiciones, decidí pagarle a Mason con la misma moneda. Caminé hacia el borde de la tarima, agarré el micrófono con firmeza y clavé mis ojos azules directamente en él.

Boys and girls across the world... Putting on our dancing shoes... —canté con una sonrisa provocadora, sosteniéndole la mirada de una forma tan directa que vi cómo su sonrisa de suficiencia se congelaba por un segundo, reemplazada por una expresión de absoluto encanto.

Mason estaba embobado mirándome. No apartaba los ojos de mí, completamente cautivado por la versión sin filtros y desinhibida de la Emily Carrington que solo conocía entre libros y presupuestos.

Seguimos cantando, subiendo la intensidad de la música. Sky y yo nos plantamos en el centro para el clímax de la canción, alcanzando las notas altas con una energía vibrante que hizo que hasta los barman aplaudieran. Fue un derroche de adrenalina puro.

Cuando la pista terminó, dejamos los micrófonos en sus bases entre una ovación de gritos y aplausos. Bajamos las escaleras riendo, con las mejillas encendidas por el calor de las luces y el esfuerzo. En cuanto llegamos a la mesa, los chicos nos rodearon.

—¡Oficialmente declaro que las Carrington-Johnson acaban de aplastar al equipo de fútbol! —exclamó Luke, dándome un medio abrazo exagerado.

—Tengo que aceptarlo, Cooper, nos dejaron en ridículo —admitió Asher, riendo mientras le tendía una servilleta a Sky para el sudor.

Me deslicé de vuelta a mi asiento al lado de Mason. Él seguía sin ponerse la chaqueta, y la distancia entre nosotros se sentía peligrosamente corta. Se inclinó hacia mí, obligándome a mirarlo directamente.

—Vaya, Carrington... —susurró, y sus ojos verdes brillaron con una intensidad que me aceleró el pulso de una manera que no quise admitir—. Resulta que la jefa de Negocios es una caja de sorpresas. No cantas nada mal. De hecho, diría que ese " break the rules" te queda demasiado bien para ser alguien que vive bajo un manual de reglas estricto.

—Te dije que no me conocías, Johnson —le respondí, sosteniéndole la mirada fija, perdiéndome por un segundo en la profundidad de sus ojos—. Las reglas están para mantenerse en la biblioteca. En el mundo real sé perfectamente cómo divertirme.




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