Emily
Era viernes por la tarde, el día de la semana que normalmente reservaba para empacar mis maletas y viajar a Savannah a pasar el fin de semana con mi padre. Sin embargo, antes de tomar la carretera, decidí hacer una pequeña excepción. Había aceptado acompañar a Skyler a las canchas de entrenamiento para ver los últimos minutos de la práctica de los chicos. ¿Cómo negarme? Tenía que apoyar a mi mejor amiga y alimentar el evidente enamoramiento que tenía con Jayden, aunque ella insistiera en llamarlo "solo amistad". Además... no iba a mentirme a mí misma: después de la tarde que pasamos bajo la lluvia en la biblioteca, una parte de mí se moría por ver a Mason en su elemento.
Llegamos a la cancha principal y nos apoyamos contra la barandilla de metal. El sol de la tarde caía con fuerza sobre el césped, pero mis ojos se desviaron de inmediato hacia el centro del campo. Allí estaba él.
Mason estaba usando su uniforme de práctica: pantalones ajustados blancos y una camiseta sin mangas del equipo que dejaba al descubierto sus brazos esculpidos y llenos de venas marcadas por el esfuerzo. Tenía un balón entre las manos y estaba rodeado por un grupo de jugadores de primer año, enseñándoles la técnica exacta para un pase de profundidad. Había que aceptar la realidad objetiva: el chico era devastadoramente atractivo. Un Adonis musculoso, alto y con una presencia imponente que dominaba todo el lugar con solo dar una orden. Verlo moverse con esa seguridad innata en el campo me hizo sentir un extraño vuelco en el estómago.
Justo cuando el silbato del entrenador anunció el final de la práctica, mi teléfono vibró en mi mano. Era un mensaje de Skyler, que se había alejado unos minutos antes para hablar con uno de los coordinadores de la facultad.
Sky: Me entretuve con el profesor de arte. Voy directo para el pasillo de los vestidores, llego en cinco minutos. Espérame allá.
Le respondí con un emoticón de confirmación y me adelanté hacia el edificio de atletismo. El pasillo que conducía a los vestidores principales de Sigma Nu estaba inusualmente silencioso a esa hora. Mi plan inicial era simple: quedarme afuera esperando a Sky y, tal vez, charlar un poco con los chicos cuando salieran, manteniendo el tono sarcástico e informal que habíamos construido.
Avancé por el pasillo de baldosas grises hasta quedar a unos pocos metros de la puerta entornada del vestidor de los jugadores estrella. Iba a llamarle a Sky para avisarle que ya estaba allí, pero el sonido de unas risas familiares provenientes del interior me hizo detenerme en seco.
—Te lo digo, hermano, el número diez está perdiendo su toque —escuché la voz burlona de Logan West. Hubo un sonido de agua corriendo y el golpe de un casillero—. Lleva tres semanas atrapado en la biblioteca con la "chica imposible" y todavía no hemos visto resultados concretos.
Sentí que el aire se congelaba en mis pulmones. Di un paso más hacia la puerta, con el corazón empezando a latir con fuerza contra mis costillas.
—Cierra la boca, Logan —respondió la voz de Jayden Cooper, acompañada de un suspiro—. Mason está jugando al largo plazo. Carrington no es como las chicas de Alpha Chi. Ella tiene una coraza de titanio, ya te lo dijo Asher.
—A mí no me metan en sus apuestas —intervino Asher Kingsley, y su tono sonaba notablemente más serio y un tanto incómodo—. Ya le dije a Mason el viernes de la fiesta que todo esto de la apuesta es una soberana estupidez. Emily es una buena chica, y honestamente, creo que a Mason le está empezando a gustar de verdad. Deberían cancelar esa mierda antes de que alguien salga lastimado.
—¿Cancelar? Por favor, Kingsley, hay quinientos dólares sobre la mesa y el orgullo del capitán en juego —insistió Logan, soltando una carcajada limpia—. La apuesta fue clara desde el primer día de clases: Mason tiene que lograr que Emily Carrington caiga rendida a sus pies antes de que termine el semestre. Y por lo que vi en el pub el martes, el progreso va bastante bien. Ella ya le sonríe y hasta le canta canciones de Justin Timberlake. Mason la tiene en la palma de su mano, es solo cuestión de tiempo para que cobre el dinero.
Cada palabra que salía de esa habitación se sentía como un golpe directo y certero en el centro del pecho. El pasillo pareció volverse inmenso, el aire denso y asfixiante. Una presión horrible se instaló en mi garganta, acompañada de una profunda y punzante ola de tristeza que me nubló la vista por un segundo.
Una apuesta.
Todo había sido un maldito juego. Los choques "casuales" en el campus, las sonrisas en la cafetería, las bromas en el bar, la vulnerabilidad y la conversación sobre su familia en la biblioteca bajo la lluvia... todo formaba parte de una estrategia diseñada por el mariscal de campo estrella para ganar quinientos dólares y alimentar su ya inflado ego con sus amigos. Yo no era su compañera de proyecto; era la "chica imposible", el trofeo de la temporada.
Me quedé paralizada frente a la puerta, sintiéndome increíblemente estúpida por haber bajado la guardia, por haber creído por un instante que detrás de los músculos y la sonrisa perfecta de Mason Johnson había un chico real que valía la pena conocer. Mi oasis verde se había derrumbado por completo, transformado en un escenario de humillación.
Escuché pasos acercándose a la puerta desde el interior del vestidor. No iba a quedarme ahí. No iba a permitir que me vieran débil, ni a darles el gusto de saber que los había escuchado.
No esperé ni un segundo más. Respiré profundo, tragándome el nudo de lágrimas y rabia que amenazaba con salir, apreté las manos en puños dentro de los bolsillos de mi chaqueta y di media vuelta con una frialdad absoluta. Caminé a paso rápido por el pasillo, dejando atrás el edificio de atletismo, las canchas y la mentira perfecta de Mason Johnson, decidida a subirme a mi auto y manejar hacia Savannah para no volver a mirar atrás.