El Quarterback y La chica imposible

Que comience el juego

Emily

El sol del lunes por la mañana entraba a raudales por el gran ventanal de mi habitación en la residencia del campus, iluminando las carpetas y los libros de economía que estaba terminando de organizar sobre la cama. Había regresado de Savannah a última hora del domingo, con la mente fría, el corazón blindado y la estrategia perfectamente trazada en mi cabeza.

Estaba guardando mi tableta en la mochila cuando la puerta se abrió de golpe. Skyler entró con una enorme sonrisa, dejando caer su bolso de lona en el suelo antes de correr a tirarse en mi cama.

—¡Dime que sobreviviste al fin de semana de emergencias corporativas con el señor Carrington! —exclamó Sky, estirándose como un gato—. Te extrañé demasiado el sábado, Em. La residencia estuvo aburridísima sin ti.

—Sobreviví, Sky —le sonreí, forzando mi mejor tono ligero mientras terminaba de cerrar la mochila—. Mi padre y yo resolvimos todo el asunto de las propiedades. Tuvimos una cena espectacular y caminamos por los jardines. Me hacía falta un respiro de la universidad, honestamente. ¿Qué tal estuvo tu fin de semana?

—¡De eso mismo tengo que hablarte! —Sky se sentó de un salto, con los ojos brillando de una manera que conocía a la perfección—. Hoy tenemos que decretar noche de chicas obligatoria en el departamento. Cero libros, cero computadoras. Tengo un secreto enorme que contarte sobre... bueno, sobre cierto receptor abierto del equipo que ha estado mandándome mensajes muy lindos estos dos días.

Contuve una sonrisa genuina. Me alegraba por ella, pero saber que Jayden era uno de los que se burlaban de mí en el vestidor me dejó un sabor amargo en la boca. Aun así, asentí con entusiasmo.

—Lo prometo, Sky. Noche de chicas oficial. Me vas a contar absolutamente todo sin omitir un solo detalle —le aseguré, colgándome la mochila al hombro—. Ahora tengo que irme si no quiero llegar tarde a Ética. Te veo en la tarde.

Salí de la residencia a paso firme, respirando el aire fresco de la mañana. Justo cuando cruzaba el estacionamiento privado, el rugido de un motor me hizo voltear. Logan West estaba subiéndose a su camioneta deportiva. Al verme, se detuvo, apoyando el brazo en el marco de la ventana con esa sonrisa arrogante de atleta que ahora me revolvía el estómago.

Tuve que tragarme una oleada de enojo puro, recordando sus palabras exactas sobre "los quinientos dólares" y "la chica imposible". Forcé a mis músculos a relajarse y le dediqué una sonrisa impecable y cortés.

—¡Buenos días, Carrington! —gritó Logan, mirándome de arriba abajo—. Te fuiste como un fantasma el viernes. ¿Quieres que te lleve al edificio de Negocios? Ya voy de salida.

—Buenos días, Logan. Agradezco la oferta, pero ya voy hacia mi auto —respondí, señalando con la barbilla mi Mercedes-Benz AMG negro brillante, estacionado tres lugares más allá. El vehículo relucía bajo el sol, gritando sutilmente su valor de seis cifras.

Logan miró el auto y soltó un silbido de admiración, sacudiendo la cabeza. —Vaya... Tienes que admitir que ese juguete alemán humilla a mi camioneta por completo. Un día de estos tienes que prestármelo para darle una vuelta al campus, Em.

—Posiblemente, Logan. Si te portas bien y dejas de perder pases en los entrenamientos, tal vez lo considere —le lancé un dardo cargado de un sarcasmo tan sutil que él solo se rio, tomándolo como una broma juguetona.

—Hecho. Que tengas buen día, rubia.

—Igual tú.

Me di la vuelta y subí a mi auto. El viaje hacia el campus principal duró apenas diez minutos, el tiempo exacto para repasar mi guion mental.

Cuando entré al aula de Ética, el murmullo de los estudiantes llenaba el lugar. Caminé hacia mi fila habitual y me senté, acomodando mis apuntes con una tranquilidad casi teatral. A los pocos minutos, la puerta trasera se abrió y apareció él.

Mason Johnson. Vestía una camiseta negra ajustada que remarcaba sus hombros anchos y unos vaqueros oscuros; llevaba el cabello rubio ligeramente despeinado y esa presencia magnética que hacía que media clase volteara a mirarlo. Estaba jodidamente apuesto, era una realidad innegable.

Él buscó mi lugar de inmediato. Al conectar nuestras miradas, se tensó sutilmente, probablemente esperando mi usual frialdad o algún reclamo por sus mensajes ignorados del fin de semana.

Pero aquí comenzaba mi nueva estrategia.

En lugar de rodar los ojos o ignorarlo, deslicé mis labios en una sonrisa amplia, cálida y deslumbrante, sosteniéndole la mirada con total dulzura. Di un golpe suave a la silla vacía que estaba justo a mi lado, la que Luke solía usar antes de que lo reacomodaran.

—Buenos días, compañero —le dije en voz alta, manteniendo la sonrisa—. ¿Por qué tan lejos? Tu lugar del proyecto es aquí conmigo hoy.

Mason se quedó completamente desconcertado. Vi cómo sus ojos verdes se abrían un poco más de lo normal y sus pasos se ralentizaron por un segundo, totalmente fuera de juego. Nadie desarmaba al mariscal de campo estrella, pero yo acababa de romperle la formación antes de iniciar la jugada. Caminó hacia mí, dejando caer su mochila en el suelo y sentándose a mi lado con una mezcla de cautela y profunda intriga.

—Buenos días, Carrington —susurró, inclinándose un poco hacia mí, tratando de descifrar el cambio de clima—. Vaya... esta es una bienvenida muy diferente a la del jueves. Empezaba a pensar que me habías bloqueado de tu vida después de dejar mis mensajes en visto todo el fin de semana.

—Para nada, Mason —respondí con una suavidad calculada, girándome en la silla para quedar más cerca de él. Estábamos tan cerca que pude percibir su colonia, y una dualidad horrible me golpeó el pecho: sentía unas ganas absurdas de abrazarlo por lo bien que se había sentido su calidez bajo la lluvia, y al mismo tiempo, unas ganas feroces de arrancarle la cabeza por mentiroso—. Estuve incomunicada en la mansión. Mi padre se pone muy estricto con los horarios cuando estamos revisando auditorías, ya te lo había dicho. Pero pensé mucho en lo que hablamos bajo el techo de la biblioteca. Creo que... fui demasiado dura contigo al principio del semestre.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.