El Quarterback y La chica imposible

Noche de chicas

Emily

Estaba terminando de colgar mis blazers en el clóset, ordenándolos estrictamente por gama de colores, cuando la puerta de la residencia se abrió con un cruce de llaves apresurado. Skyler entró prácticamente flotando, con las mejillas encendidas y una sonrisa tan amplia que parecía que le iba a dar la vuelta a la cara. Dejó caer su mochila de arte sin importar el lugar y se arrojó de espaldas a mi cama, soltando un suspiro teatral.

—Oficialmente, la noche de chicas queda inaugurada —anunció, mirando al techo con los ojos brillantes—. Y más te vale estar preparada, Carrington, porque tengo tanta información acumulada que mi cerebro va a colapsar si no la saco ya.

Me reí, cerrando las puertas del clóset y caminando hacia la cama. Me senté con las piernas cruzadas a su lado, arrastrando el tazón gigante de palomitas de maíz que había preparado diez minutos antes.

—Bueno, Johnson, soy todo oídos —le respondí, dándole un empujón amistoso con el pie—. Llevas desde el lunes por la mañana prometiéndome un secreto de estado sobre cierto receptor abierto. Suelta la sopa.

Sky se sentó de un salto, cruzando las piernas frente a mí. Tomó un puñado de palomitas y masticó rápido antes de empezar a hablar a la velocidad de la luz.

—Es Jayden, Em. De verdad, no tienes una idea de lo lindo y encantador que ha estado conmigo estos últimos días. Me manda mensajes por las mañanas, me deja notas graciosas en los casilleros de la facultad y... bueno, ¿recuerdas el martes por la noche en el Gridiron Pub, después de que tú te fueras en el auto?

—Sí, claro que lo recuerdo. Dijiste que te habías quedado un rato más con los chicos.

—Bueno... mentí un poquito —confesó Sky, mordiéndose el labio inferior con una mezcla de timidez y pura emoción—. No me quedé con los chicos. El día del karaoke, cuando no llegué a la residencia a dormir y te puse ese mensaje diciendo que me había quedado en el estudio de pintura... en realidad estuve con Jayden. En su habitación.

Me quedé congelada con una palomita a mitad de camino a la boca. Mis ojos se abrieron por completo, procesando la información a toda velocidad.

—Espera, espera... ¿qué? —solté, completamente sorprendida—. ¿Me estás diciendo que mi mejor amiga se acostó con Jayden Cooper? ¿El mejor amigo de tu hermano sobreprotector?

—¡Sí! ¡Eso mismo te estoy diciendo! —Sky se tapó la cara con una almohada, soltando un grito ahogado de felicidad antes de volver a mirarme—. ¡Y fue increíble, Em! Juro que pensé que sería el típico jugador de fútbol arrogante que solo piensa en sí mismo, pero fue superdulce, atento y... Dios, esos músculos no son solo para el campo de juego, te lo aseguro.

Estallé en una carcajada limpia, contagiada por su energía, aunque una parte de mi mente fría y calculadora recordó de inmediato que Jayden era uno de los involucrados en la estúpida apuesta de Mason. Aun así, ver a Sky tan genuinamente feliz hizo que dejara la venganza de lado por un momento. Ella no se merecía que le arruinara su burbuja.

—Vaya, Johnson, veo que te tomaste muy en serio lo de romper las reglas de tu hermano —bromeé, dándole un toque en la rodilla—. Me alegro mucho por ti, de verdad. Si él te trata bien y te hace sentir así, tiene mi sello de aprobación provisional. ¿Y cómo se siente? Digo, estar con alguien del equipo de tu hermano debe tener su dosis de peligro.

—Se siente extrañamente bien, como una traición divertida —rio Sky, robándome más palomitas—. Además, mantendremos el secreto de Mason por un tiempo más. Si mi hermano se entera, es capaz de pedir un traspaso de equipo solo para no darle pases a Jayden. Cambiando de tema... la química fue una locura. Hablando de sexo, Em... ¿qué hay de ti? Llevamos meses siendo compañeras de cuarto y nunca te veo traer a nadie, ni hablas de tus noches locas en Nueva York. ¿Cómo es tu prototipo ideal en la cama?

La pregunta me tomó completamente desprevenida. Sentí un ligero calor subir por mi cuello y desvié la mirada hacia el tazón de palomitas, sonriendo con un deje de timidez que rara vez mostraba.

—Bueno... para serte completamente honesta, Sky —susurré, aclarándome la gárganta—... yo nunca he estado con nadie.

Skyler se quedó completamente paralizada, con la boca abierta y una palomita a medio camino. Me miró como si acabara de confesarle que era una agente encubierta de la CIA.

—¿Qué? ¡No puede ser! ¿Emily Carrington, la chica más codiciada, elegante y hermosa de la Quinta Avenida, es virgen? —prácticamente gritó, ganándose una mirada fulminante de mi parte para que bajara la voz—. Lo siento, lo siento. Pero... ¡es que no me lo creo! Tienes a medio campus babeando por ti. Mason me ha dicho mil veces que eres... bueno, que eres irreal. ¿Cómo es posible?

—Es posible porque nunca he tenido novios, Sky —le expliqué, encogiéndome de hombros con total tranquilidad—. En la secundaria y en Manhattan tuve muchísimos pretendientes; chicos ricos de familias influyentes que mi padre aprobaba, deportistas, estudiantes de la Ivy League... pero nada fuera de lo común. Ninguno me generaba ese interés real. Para mí, el sexo y el amor no son un pasatiempo de fin de semana. Mi padre me enseñó a valorar mi tiempo y mi cuerpo, y simplemente no iba a entregarle algo tan importante a un idiota que solo quería presumir que había salido con la hija de Liam Carrington.

Sky me miró con una ternura infinita, sus ojos suavizándose por completo. Se inclinó hacia delante y me tomó de las manos.

—Eso es hermoso, Em. De verdad. Y demuestra lo increíblemente valiosa e inteligente que eres. No dejes que nadie te presione. El tipo que tenga la suerte de estar contigo va a tener que ganarse el cielo primero.

—O la cuenta bancaria de mi padre —bromeé, haciendo que ambas estalláramos en risas de nuevo.

—Bueno, si Mason sigue portándose bien en las sesiones de estudio, tal vez le dé una pista —soltó Sky con una sonrisa pícara, haciéndome recordar el juego helado que tenía entre manos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.