Mason
Tenía los brazos cargados con tres bolsas de regalo enormes, envueltas en un papel satinado plateado que gritaba el nombre de mi hermana por todas partes. Estaba de pie en el reservado del fondo del Gridiron Pub, el bar de siempre, pero esta vez el ambiente era completamente diferente. Habíamos reservado la sección VIP del segundo piso; la mesa larga estaba repleta de globos con el número veintiuno en tonos oro rosa, un pastel de tres pisos que Nia había ayudado a encargar y botellas listas para el brindis. Era el cumpleaños de Skyler, y yo estaba jodidamente feliz de ver que todo estaba saliendo perfecto.
En el lugar solo estábamos el círculo más íntimo: Logan, que ya estaba revisando el menú de bebidas; Asher, conversando tranquilamente en una esquina; Luke, terminando de acomodar unas luces LED decorativas; y Nia, la mejor amiga de artes de mi hermana, que no dejaba de supervisar la estética del lugar. Emily se había encargado de traer a la cumpleañera bajo el engaño de que irían a una cena tranquila de negocios con su padre. El plan era impecable.
Estaba terminando de acomodar los regalos en un sofá cuando Jayden se acercó a mí. Caminaba con las manos metidas en los bolsillos de sus vaqueros, arrastrando los pies con una seriedad que no encajaba con el ambiente de fiesta. Tenía una tensión en los hombros que capté de inmediato.
—Mase, ¿tienes un segundo? —preguntó en voz baja, mirando de reojo hacia las escaleras antes de clavar sus ojos en mí.
—Dime, Cooper. Mira cómo quedó esto, a Sky le va a encantar —le respondí con una sonrisa enorme, dándole un golpe amistoso en el hombro—. Esa combinación de colores que sugirió Carrington fue un acierto.
—Sí, está increíble... Pero necesito decirte algo antes de que ellas crucen esa puerta —Jayden soltó un suspiro pesado, rascándose la nuca. Dio un paso más hacia mí, bajando la voz al mínimo—. Hermano, tengo que confesarte la verdad. Ya no puedo seguir ocultándotelo, especialmente hoy. Estoy saliendo con tu hermana. Estoy saliendo con Skyler.
La sonrisa se me borró del rostro de golpe. Sentí que toda la sangre se me subía a la cabeza y lo miré con unas ganas salvajes de partirle la cara en ese mismo instante. Di un paso al frente, invadiendo su espacio personal, con la mandíbula tan apretada que me dolió.
—¿Qué demonios estás diciendo, Cooper? —mascullé, con una voz ronca y peligrosa—. Sabías perfectamente las reglas. Sky estaba completamente prohibida. Es mi hermana pequeña, maldita sea. Te abrí las puertas de mi casa y te metiste con ella a mis espaldas.
—Lo sé, Mase, juro que lo sé y sé que soy un idiota por no decírtelo antes —respondió Jayden de inmediato, levantando las manos en señal de tregua, aunque no retrocedió; me sostuvo la mirada con una seriedad que nunca antes le había visto—. Pero Sky siempre me ha gustado. Desde el primer día que la vi en el campus. No es un juego para mí, hermano, te lo juro por mi carrera. Me estoy portando bien, la trato como a una reina. Nunca he querido a nadie como la quiero a ella.
Lo sostuve con la mirada fija durante unos segundos eternos, sintiendo la furia inicial transformarse en una resignación protectora. Jayden era mi mejor amigo, un buen tipo, y sabía que si había tenido el valor de decírmelo a la cara hoy, era porque iba en serio.
—Escúchame bien, Jayden —le advertí, señalándolo con el dedo directamente al pecho, con el tono más letal que pude descifrar—. Te conozco. Sé cómo eres con las chicas del campus. Si veo a mi hermana llorar una sola vez por tu culpa, si descubro que le haces una sola idiotez, me voy a olvidar de que compartimos camiseta y juro que te voy a romper la cara en medio del vestidor. ¿Te queda claro?
—Completamente claro, capitán —asintió Jayden, soltando un suspiro de alivio visible, como si se hubiera quitado un piano de encima—. Gracias, hermano.
Antes de que pudiera decirle algo más, Luke gritó desde la entrada del reservado: —¡Ya vienen! ¡Luces fuera, rápido!
Las luces del segundo piso se apagaron de golpe, dejando el lugar en una penumbra cómplice, rota solo por las velas aromáticas que Nia había encendido. Escuchamos los pasos elegantes subiendo las escaleras de madera. La puerta se abrió y Emily entró primero, guiando a una Skyler que traía los ojos vendados con una bufanda de seda.
Ambas estaban vestidas de una manera espectacular. Sky llevaba un vestido corto de lentejuelas plateadas que la hacía brillar, pero mis ojos, por puro imán magnético, se desviaron de inmediato hacia Emily. Llevaba un vestido ajustado de satén negro con un escote asimétrico que remarcaba cada curva de su figura; el cabello rubio le caía en ondas perfectas sobre los hombros y sus ojos azules brillaban con una malicia divertida en la oscuridad. Estaba devastadoramente hermosa, tanto que me costó recordar cómo respirar.
Emily le quitó la venda a Sky justo cuando Luke encendió los interruptores.
—¡SORPRESA! —gritamos todos al unísono, mientras Logan hacía sonar una corneta de fiesta y Asher destapaba una botella de champán que estalló con fuerza.
El lugar se convirtió en un estallido de risas, aplausos y felicitaciones. Skyler se llevó las manos a la boca, con los ojos llenos de lágrimas de absoluta felicidad al ver el reservado entero decorado para ella. Me adelanté antes que nadie, abriendo los brazos de par en par.
—¡Feliz cumpleaños, pulga! —exclamé, levantándola del suelo en un abrazo fuerte, balanceándola en el aire mientras ella se reía a carcajadas, rodeándome el cuello con los brazos.
—¡Mase! ¡No lo puedo creer! ¡Organizaste todo esto! —gritó Sky, feliz, completamente emocionada, dándome un beso ruidoso en la mejilla cuando la bajé—. Eres el mejor hermano del mundo.
—Te mereces esto y más, Sky —le sonreí, dándole un toque cariñoso en la nariz.
Me hice a un lado para dejar que los demás la saludaran. Vi a Nia abrazarla dando saltos, a Logan entregarle una copa de champán y, finalmente, vi a Jayden acercarse. Lo observé con atención. Jayden no se limitó a un saludo cortés; la tomó por la cintura, la pegó a su cuerpo frente a todos y le plantó un beso real, largo y tierno en los labios.