El Quarterback y La chica imposible

Noche de hotel

Emily

La habitación 207 se sentía como un refugio completamente aislado del resto del hotel, del partido de mañana y del mundo entero. Mason había encendido el pequeño altavoz portátil que siempre cargaba en su bolso, y una melodía indie acústica y suave flotaba en el aire a un volumen muy bajo, apenas un murmullo que se mezclaba con el sonido de la lluvia fina que había empezado a golpear los cristales.

Yo estaba frente al espejo del baño, quitándome el rastro de maquillaje y cambiándome la ropa pesada del viaje por una camiseta de algodón gris, holgada y suave, junto con unos pantalones cortos de pijama. Al salir, me encontré a Mason de espaldas, cambiándose la playera por una sudadera limpia. La vista de sus hombros anchos y los músculos de su espalda recortándose bajo la luz tenue de las lámparas de noche me cortó el aliento por una fracción de segundo.

—Vaya, Carrington, pensé que te habías quedado dormida en el lavado —bromeó, girándose mientras se pasaba la camiseta gris por la cabeza.

Caminé hacia mi lado de la cama, soltando una risita. —Estaba asegurándome de que mi rutina de noche estuviera perfecta, Johnson. Alguien en esta habitación tiene que mantener los estándares de organización.

—Ven aquí —pidió, interceptándome a mitad de camino.

Me atrapó por la cintura, jalándome hacia su cuerpo con suavidad. Su boca buscó la mía de inmediato, robándome un beso cálido, juguetón, que olía a menta y a la frescura de la noche. Me reí entre sus labios, golpeando levemente su pecho con mis manos.

—Mason, se supone que ya deberíamos estar durmiendo. Tu entrenamiento es en menos de seis horas.

—El entrenamiento puede esperar cinco minutos —murmuró contra mi oído, su aliento cálido erizándome la piel—. Baila conmigo.

Antes de que pudiera objetar con algún argumento lógico sobre el descanso atlético, Mason comenzó a moverse lentamente, guiándome al ritmo pausado de la guitarra acústica que sonaba en el altavoz. Yo apoyé las manos en sus hombros, dejándome llevar por sus pasos torpes pero decididos. Nos mecíamos en el espacio reducido entre la cama y el ventanal, riendo en voz baja, compartiendo miradas cómplices que hablaban de lo mucho que nos había cambiado la vida en tan solo unas semanas.

—Eres una pésima influencia para mi rendimiento académico, Johnson —le susurré, mirándolo desde abajo, cautivada por la intensidad de sus ojos verdes.

—Y tú eres lo mejor que le ha pasado a mi vida, Carrington —respondió, su tono perdiendo de golpe la burla y volviéndose increíblemente dulce, casi reverente. Me acarició la mejilla con el pulgar, delineando mi pómulo—. Me vuelves loco, ¿lo sabes? Con tus esquemas, tus miradas de jefa y esa forma en que me desarmas con solo sonreír.

Las palabras flotaron entre nosotros, y de repente, las risas se desvanecieron, reemplazadas por una oleada de calor que transformó el ambiente por completo. La tensión acumulada durante semanas, el deseo contenido desde aquella noche en el porche y la intimidad de estar solos en esa habitación explotaron en un segundo.

Mason se inclinó y me besó, pero esta vez no fue un beso de buenas noches. Fue un beso profundo, hambriento, cargado de una pasión absoluta que me hizo temblar las rodillas. Sus labios se movieron contra los míos con una urgencia abrasadora, y yo le respondí con la misma fuerza, enredando mis manos en su cabello rubio, pegando mi cuerpo al suyo hasta que no quedó un solo milímetro de aire entre los dos. Me dejé llevar por completo. Olvidé las reglas, los miedos, el pasado; en ese momento, solo existíamos él y yo.

Caminamos a ciegas, tropezando suavemente, hasta que la parte trasera de mis piernas chocó contra el borde del colchón. Caímos juntos sobre las sábanas blancas, sin romper el beso ni por un segundo. Mason se posicionó sobre mí, sosteniendo su peso con los antebrazos a cada lado de mi cabeza, mirándome con una devoción tan cruda que me aceleró el pulso de forma violenta.

—Emily... —susurró, con la respiración agitada, sus ojos escaneando mi rostro—. Si no quieres, si es muy rápido... nos detenemos ahora mismo. Te lo juro.

Le sostuve la mirada, sintiendo una certeza absoluta en el pecho. —No quiero detenerme, Mason. Quiero esto. Contigo.

Una sonrisa tierna y descarada apareció en sus labios. Con una lentitud deliciosamente tortuosa, sus manos comenzaron a deslizarse por debajo de mi camiseta gris, acariciando la piel de mis costados con una calidez que me hizo soltar un gemido ahogado. Sus labios abandonaron mi boca para descender por mi mandíbula, trazando un camino de besos húmedos y lentos por mi cuello, deteniéndose en la clavícula, donde succionó suavemente, haciéndome arquear la espalda sobre el colchón.

Nos quitamos la ropa entre susurros coquetos y caricias encendidas. Primero su sudadera, dejando al descubierto su torso esculpido y fuerte, luego mi camiseta, hasta que quedamos completamente expuestos el uno ante el otro bajo la luz dorada de la lámpara. Cada caricia suya era una mezcla de adoración y deseo ardiente; sus manos grandes viajaban por mis curvas con un respeto infinito, haciéndome sentir la mujer más hermosa del mundo. Reíamos suavemente cuando el roce de su piel con la mía nos causaba escalofríos, disfrutando de la textura, del aroma, del erotismo puro y limpio que nacía del amor que nos teníamos.

—Eres perfecta, Emily. Joder, eres preciosa —murmuró, sus ojos fijos en mí mientras sus dedos delineaban la línea de mi cadera, haciéndome arder por dentro.

—Y tú hablas demasiado, Johnson —le respondí con voz trémula, atrayéndolo del cuello para besarlo de nuevo, buscando saciar el calor que me consumía el vientre.

Cuando el momento llegó, Mason se estiró hacia su mochila y sacó un pequeño sobre cuadrado. Se tomó su tiempo, asegurándose de usar el condón con cuidado, manteniendo la calma a pesar de que podía sentir la tensión y el deseo temblando en sus músculos. Regresó a mí, colocándose entre mis piernas, mirándome a los ojos con una ternura infinita al notar una ligera rigidez en mi postura.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.