El Quarterback y La chica imposible

Cena con los Carrington

Emily

El cuero italiano de los asientos del coche nos envolvía en un silencio sepulcral, aislado por completo del bullicio gélido de la Quinta Avenida. Fuera, los copos de nieve caían con pereza sobre los techos de los taxis amarillos y las luces navideñas de la ciudad titilaban como diamantes congelados. Observé a Mason de reojo. Llevaba las manos apoyadas en las rodillas, ríspido en su traje oscuro, mirando por la ventanilla con los ojos muy abiertos.

—Aún no proceso lo del avión, Carrington —murmuró, sacudiendo la cabeza con una sonrisa incrédula—. Quiero decir, sabía que tu familia tenía una buena posición, pero que tu padre mande un jet privado a Georgia solo porque no quería que manejáramos con el temporal en la carretera... Eso es otro nivel de juego.

Me reí sutilmente, estirando la mano para entrelazar mis dedos con los suyos. Sus nudillos estaban fríos y sutilmente tensos.

—Te lo dije en el aeropuerto, Johnson. Mi padre es un hombre de logística. Si hay una tormenta de nieve amenazando el noreste, él prefiere controlar las variables. No iba a dejar que su única hija —ni el mariscal de campo estrella de los Bulldogs— se quedara varada en una autopista.

—Aun así, es irreal —admitió, girándose para mirarme, relajando un poco la postura al sentir mi tacto—. La mansión que conocí en Atlanta ya me parecía un palacio, Emily. Pensé que pasaríamos las fiestas allá.

—Atlanta es el centro operativo, la sede de las industrias y donde crecí la mayor parte del año —le expliqué, recostando la cabeza en su hombro mientras el chofer giraba con suavidad en dirección a las afueras de la ciudad—. Pero las Navidades para los Carrington siempre han sido neoyorquinas. Mis abuelos compraron la propiedad de Upstate New York hace cuarenta años. Para mi padre, la Navidad no es real si no hay un metro de nieve cubriendo los pinos y una chimenea de piedra encendida las veinticuatro horas. Es su única desconexión del mundo financiero.

El coche avanzó durante una hora más, adentrándose en una zona boscosa y exclusiva donde las propiedades se escondían detrás de imponentes rejas de hierro. Cuando el vehículo finalmente cruzó el arco de entrada de la residencia Carrington de invierno, escuché a Mason soltar el aliento de golpe.

Si la mansión de Savannah le había parecido increíble, esta era una obra de arte arquitectónica totalmente distinta. Era sutilmente más compacta, pero el nivel de lujo era abrumador. Construida en piedra oscura, madera de roble rústica y enormes ventanales de piso a techo, la propiedad se alzaba en mitad de una colina nevada, perfectamente integrada con el paisaje alpino. Decenas de luces cálidas perfilaban la estructura, reflejándose en la nieve intacta del jardín.

—Bienvenido a mi refugio de invierno, mariscal —le susurré al oído antes de que el chofer abriera la puerta.

En cuanto pusimos un pie en el imponente recibidor, el olor a pino natural, canela y leña quemada nos inundó. La decoración era impecable: un árbol de Navidad de tres metros de altura decorado con luces blancas y adornos de cristal dominaba la estancia.

—¡Emily! —La voz profunda y resonante de mi padre ecoó desde la planta alta.

Bajó las escaleras de roble a paso firme, habiéndose despojado ya de su habitual traje de negocios por un suéter de cachemira gris. En cuanto llegó a mi encuentro, me estrechó en sus brazos con una fuerza que me hizo despegar los pies del suelo. Ante el mundo, Liam Carrington era un tiburón implacable, pero conmigo, era simplemente mi papá.

—Te extrañé, mi niña. Estás hermosa —dijo, dándome un beso en la frente antes de separarse y fijar su mirada letal, pero cortés, en el hombre que estaba a mi lado. El ambiente pareció enfriarse un par de grados en un segundo—. Y tú debes de ser Mason.

—Un honor conocerlo en persona, señor Carrington —respondió Mason, dando un paso al frente con una postura firme y extendiendo la mano con decisión.

Mi padre evaluó el agarre, midiendo la fuerza del mariscal de campo, antes de asentir con una sutil inclinación de cabeza.

—El honor es mío, muchacho. Pasen al salón, la cena está lista. Esta noche seremos solo nosotros tres; consideré que después de un viaje largo, una cena íntima sería más cómoda que lidiar con el protocolo del resto de la familia, que llegará mañana.

Agradecí el gesto internamente con una mirada. Nos dirigimos al comedor secundario, una habitación exquisitamente acogedora con una mesa de madera maciza situada frente a una chimenea crepitante. La cena transcurrió entre platos gourmet y copas de vino, con mi padre manteniendo una conversación fluida conmigo sobre mis notas y el estatus de mis proyectos, mientras observaba de reojo cada movimiento de Mason.

Cuando los platos principales fueron retirados y la velada parecía haber alcanzado su punto más relajado, mi padre dejó su copa sobre la mesa, entrelazó las manos apoyando los codos y miró fijamente a mi novio. La calidez del padre desapareció, dando paso al implacable interrogador de Wall Street.

—Dime una cosa, Mason —comenzó mi padre, con una voz gélida y analítica que me hizo tensar la espalda de inmediato—. He estado revisando tu perfil. Eres el capitán del equipo, tienes ofertas proyectadas para el Draft de la NFL el próximo año y tu nombre empieza a sonar fuerte en los medios de comunicación. Estás rodeado de atención, lujos rápidos y una burbuja de fama universitaria bastante volátil.

—Papá... —intenté intervenir, pero la mano alzada de mi padre me detuvo en seco. Su mirada seguía fija en Mason.

—Déjame terminar, Emily. Solo quiero entender —continuó Liam Carrington, inclinándose sutilmente hacia adelante—. Mi hija está acostumbrada a un estándar de vida, a una estabilidad y, sobre todo, a rodearse de personas con una visión de futuro clara y estructurada. El mundo del deporte profesional es efímero, Mason. Las lesiones ocurren, los contratos se cancelan y la fama se esfuma. ¿Qué es lo que realmente le ofreces a mi hija más allá de un pase de anotación y la atención del campus? ¿Cuál es tu verdadero valor cuando las luces del estadio se apaguen?




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