Mason
El trayecto en el auto hasta la casa de mis padres había sido un manojo de nervios flotando en el aire. No por Emily, sino por mí. Después de la tormenta que significó el encuentro con mi padre en el campus, necesitaba desesperadamente un refugio, y ese refugio siempre había sido mi madre. Invitar a Emily a mi casa natal para el fin de semana era el paso más grande que había dado, y la idea de ver a las dos mujeres más importantes de mi vida en el mismo espacio me causaba una mezcla extraña de emoción y pánico.
Estacioné el auto frente a la casa, una propiedad de fachada cálida, con un jardín delantero bien cuidado que gritaba el toque de mi mamá por todas partes. Apagué el motor y me quedé mirando el volante un segundo antes de girarme hacia Emily.
—¿Todo bien, mariscal? —me preguntó ella con suavidad, estirando su mano para delinear mi mandíbula con sus dedos—. Estás demasiado silencioso y eso en ti es una anomalía matemática.
Sonreí de lado, atrapando su mano para darle un beso en la palma. —Solo... estoy ansioso, Carrington. Sé que mi papá te dio una impresión terrible la semana pasada, y no quiero que pienses que toda mi familia es un bloque de hielo estricto. Mi mamá es... todo lo contrario. Ella es el corazón de este lugar.
Emily suavizó la mirada, esos ojos azules brillando con una ternura que me desarmó. —Mase, sé perfectamente quién eres tú y sé que no te pareces en nada a la rigidez de tu padre. No estoy nerviosa por eso. Si ella te crio a ti y a Sky, sé que voy a amarla. Así que respira, Johnson. Tu jefa está lista para la inspección.
—Eres increíble —le dije, robándole un beso rápido antes de salir del auto para rodearlo y abrirle la puerta.
Tomamos los bolsos del equipaje y caminamos hacia la entrada. Antes de que pudiera sacar mis llaves, empujé la puerta que ya estaba sin seguro. En cuanto pusimos un pie en el vestíbulo, el bullicio familiar nos dio la bienvenida.
—¡Te digo que esa no es la canción, Cooper! ¡Tienes el ritmo al revés! —el grito de mi hermana resonó desde la sala.
—¡Skyler, por favor, soy el que tiene el sentido del ritmo en esta relación! —le devolvió Jayden, provocando una carcajada colectiva.
—Ya veo que la plaga llegó antes que nosotros —le susurré a Emily con una sonrisa, haciéndola reír.
Caminamos hacia la estancia principal, pero antes de que pudiera llamar a nadie, Eloísa, mi madre, apareció desde el arco de la cocina, limpiándose las manos con un delantal de lino.
Me detuve a mirarla con orgullo. Mi madre era una mujer hermosa, una castaña de ojos color miel que irradiaba una calidez inmediata. El parecido con Skyler era abrumador, casi una copia al carbón; tenían la misma forma de los ojos, la misma sonrisa franca y los mismos gestos rápidos con las manos. La única diferencia real era que Sky había heredado el cabello rubio de la familia de mi padre, pero el resto... el resto era pura Eloísa Johnson.
—¡Mi niño! —exclamó mamá en cuanto me vio.
Dejó el delantal sobre una silla y se lanzó a mis brazos. La estreché con fuerza, hundiéndome en ese olor a vainilla y hogar que siempre me curaba todo. Me dio dos besos en las mejillas, sosteniéndome el rostro con sus manos tersas.
—Estás más flaco, Mason. ¿Te estás alimentando bien? Mira que el entrenador Wolf me prometió que cuidarían tu dieta —me regañó con amor, antes de que sus ojos miel se desviaran hacia la chica que aguardaba a mi lado. Su rostro se iluminó por completo—. Oh, tú debes de ser Emily.
Emily dio un paso al frente, extendiendo la mano con su impecable postura corporativa. —Buenas tardes, señora Johnson. Un placer conocerla al fin. Muchas gracias por recibirme en su casa.
Mamá ignoró por completo la mano extendida, dio un paso adelante y la envolvió en un abrazo cálido y maternal que tomó a Emily por sorpresa durante un milisegundo, antes de que ella se relajara y correspondiera el gesto.
—Nada de "señora Johnson", mi vida. Dime Eloísa —le dijo mamá, separándose sutilmente pero manteniéndola sujeta por los hombros, evaluándola con una mirada llena de dulzura—. Dios mío, eres preciosa, Emily. Mason me ha hablado tanto de ti por teléfono que sentía que ya te conocía. Y déjame decirte que las fotos no te hacen justicia. Tienes unos ojos hermosos.
—Muchas gracias, Eloísa —respondió Emily, y por la sutil nota de color rosa en sus mejillas, supe que mamá ya se la había ganado—. Mason también me ha hablado muchísimo de usted. Ahora veo de dónde sacó Skyler toda su energía.
—¡Oigan, dejen de monopolizar a mi jefa favorita! —interrumpió Sky, saliendo de la sala junto a Jayden—. ¡Emily, ven a salvarme! Jayden insiste en poner música country para la cena y necesito tu voto de censura ejecutiva.
—Hola, Mase. Hola, suegra —saludó Jayden con un guiño, ganándose un golpe amistoso de mi parte en el hombro.
—Ve, ve con ellos, mi niña —le dijo mamá a Emily, dándole una palmadita afectuosa en el brazo—. Skyler, llévala a la mesa y ayúdala a acomodarse. Emily, estás en tu casa.
—Gracias, Eloísa. Con su permiso —Emily me miró de reojo con una sonrisa brillante, transmitiéndome una paz absoluta absoluta, antes de seguir a mi hermana hacia el comedor principal para empezar a organizar la mesa entre risas y disputas por el reproductor de música.
Me quedé a solas con mi madre en la cocina. El ambiente olía a lasaña recién horneada y a pan de ajo. Me acerqué a la encimera, tomé un cuchillo y empecé a ayudarla a rebanar el pan de manera automática, buscando mantener las manos ocupadas.
—Mason —me llamó mamá en un susurro, dándome un sutil empujón con la cadera para llamar mi atención. Tenía una sonrisa enorme en el rostro—. Estoy fascinada. Esa chica es un encanto absoluto.
—Te lo dije, mamá —respondí, sintiendo un orgullo inmenso expandirse en mi pecho—. Ella es... es perfecta. Es inteligente, centrada, y me apoya en todo. Estoy completamente enamorado de ella, ma.