El Quarterback y La chica imposible

La detonación

Mason

El sabor a ron y a victoria de Emily seguía en mis labios, borrando por completo el ruido ensordecedor de la música que hacía retumbar las paredes de la casa de la fraternidad. Estábamos en una esquina del sofá principal de la sala VIP, apartados del caos de la pista de baile. Emily estaba sentada directamente en mi regazo, con sus piernas rubias rodeando mis caderas y sus manos enredadas en mi cabello, jugando con los mechones rebeldes.

Nos estábamos besando con una intensidad que me quemaba las entrañas, un vaivén lento y apasionado que celebraba no solo el trofeo que descansaba en la mesa central, sino el simple hecho de tenernos. Me separé apenas unos milímetros, rozando su nariz con la mía, mirándola fijamente a esos ojos azules que brillaban bajo las luces rojas de la fiesta.

-Estás insoportablemente hermosa esta noche, Carrington -le susurré contra los labios, con mi mano grande firme en su cintura, apretándola más contra mí-. Creo que ganar el campeonato es solo la segunda mejor cosa que me pasó hoy.

Emily soltó una risita suave, esa que solo me dedicaba a mí cuando dejaba caer su máscara de jefa corporativa. Su mirada bajó a mis labios y volvió a subir, cargada de un coqueteo delicioso. -Vaya, Johnson. El éxito te está volviendo un poeta. Pero lamento informarte que tus habilidades de negociación no te van a salvar de que vaya al baño. Necesito un respiro del calor de esta sala.

-Te doy exactamente tres minutos -le advertí, robándole un último beso húmedo y lento antes de dejarla ponerse de pie-. Si tardas más, mandaré a la línea ofensiva a escoltarte de regreso.

-Inténtalo, mariscal -me desafió con la mirada, acomodándose el vestido antes de darse la vuelta y caminar hacia el pasillo de los baños con esa elegancia innata que me volvía loco.

En cuanto se marchó, me reincorporé en el sofá, dejando caer la cabeza hacia atrás con una sonrisa estúpida en el rostro. Los chicos no tardaron ni dos segundos en invadir mi espacio. Logan se dejó caer a mi izquierda con una botella de cerveza en la mano, mientras que Jayden y Asher, que estaban visiblemente más tomados que el resto, se sentaron frente a nosotros tropezando con la mesa de centro.

-¡Miren al MVP! -gritó Asher, arrastrando las palabras con una felicidad desbordante y levantando su vaso-. ¡El hombre que no solo nos dio el anillo de las Panteras, sino que se quedó con la mujer más cotizada de la facultad! ¡Salud por el maldito Mason Johnson!

-¡Salud! -coreó Jayden, riendo con los ojos entrecerrados y dándole un trago largo a su vaso de plástico-. Joder, Mase... todavía no me lo creo. Qué maldita noche. El estadio estaba que se caía. Cuando hiciste ese acarreo por el centro, pensé que te partían en dos.

-Teníamos la muralla roja y negra al frente, Cooper -respondí, riendo y chocando mi vaso con el de él-. No había forma de que me detuvieran. Además, el bloqueo que le metiste a ese apoyador fue una maldita obra de arte.

-¡Soy un artista, hermano! Un artista del tacleo -celebró Jayden, abrazando a Asher por los hombros mientras ambos estallaban en carcajadas flojas por el efecto del alcohol-. Estábamos hablando de eso hace un rato con Sky. Este equipo es histórico. Pasamos de ser unos idiotas que hacían tonterías a ser los malditos reyes del estado.

Pasamos unos minutos charlando de todo, recordando las jugadas, riendo con fuerza y disfrutando de la absoluta felicidad de ser campeones. Todo era perfecto. El ambiente estaba cargado de fraternidad, alcohol y música alta.

Hasta que Jayden, con la guardia completamente baja por el alcohol, soltó la detonación.

-Es que... piénsenlo bien -dijo Jayden, limpiándose una lágrima de la risa y apuntándome con el dedo, con una sonrisa floja-. El destino es un maldito genio. ¿Quién hubiera dicho que todo esto iba a terminar así? Cuando empezamos con la estúpida apuesta de conquistar a la intocable Emily Carrington, juro que pensé que nos ibas a hacer perder el tiempo a todos, Mase. ¡Y miren ahora! Te enamoraste como un imbécil y ganamos el campeonato. ¡La mejor apuesta de la historia!

El mundo se detuvo. Las palabras flotaron en el aire de la sala VIP como un bloque de cemento.

A mi lado, la sonrisa de Logan se borró al instante. El vaso de Asher se quedó congelado a mitad de camino a su boca. Sentí cómo la sangre se me congelaba en las venas y el alcohol se me evaporaba del sistema de un solo golpe.

-Jayden, cállate -le corté de inmediato, con una voz que salió como un látigo, áspera y cargada de pánico. El corazón me dio un vuelco violento cuando desvié la mirada por encima de su hombro.

Detrás de Jayden, saliendo del pasillo del baño, estaba Emily.

Se había quedado completamente inmóvil. Su rostro, que hace unos minutos estaba encendido por las risas y los besos, era una máscara de piedra, completamente seria, pálida y fría. A su lado, Skyler sostenía un vaso, mirándome a mí y luego a Jayden con los ojos abiertos de par en par, en un estado de absoluto shock.

Jayden, completamente ajeno al desastre y demasiado borracho para leer el ambiente, siguió hablando con total normalidad, creyendo que todo ya se sabía entre nosotros porque, en su mente alcoholizada, nadie mantendría un secreto así después de tantos meses.

-¿Qué? ¿Por qué me dices que me calle, hermano? -se rió Jayden, dándole un golpe amistoso a la rodilla de Asher-. Si ya todos lo sabemos. Fue el empujón que necesitabas para acercarte a ella. Al final saliste ganando tú, ganó el equipo y...

-¡Que te calles la maldita boca, Cooper! -rugí, poniéndome de pie de un salto, tirando mi vaso al suelo. La furia y el terror me nublaron la vista. Di un paso al frente, agarrando a Jayden por el cuello de la camisa con tanta fuerza que lo obligué a levantarse del sofá-. Vuelves a decir una sola palabra y te juro por mi vida que te voy a romper la cara aquí mismo. ¡Cállate!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.