El Quarterback y La chica imposible

Enfrentamiento en los vestidores

Mason

El campo de entrenamiento de las Panteras olía a césped húmedo y a frustración. Para cualquiera que mirara desde las gradas, todo seguía igual: el sol de la tarde, los silbatos del entrenador Wolf y el eco de las hombreras chocando. Éramos los campeones del estado, se suponía que debíamos estar en la cima del mundo. Pero para mí, cada maldito ejercicio se sentía como una tortura. Había estado increíblemente enojado y triste por todo lo ocurrido la semana pasada; la rabia me quemaba el pecho y la culpa me pesaba en las piernas como si arrastrara bloques de cemento.

Cuando entramos al complejo atlético, pasé junto a la vitrina principal. Ahí estaba. El trofeo de campeonato brillaba bajo las luces halógenas, con las placas de oro relucientes y los colores rojo y negro del equipo. Lo miré con desprecio. Ese trofeo no significaba nada; absolutamente nada. Había ganado el anillo, había asegurado las miradas de los cazatalentos, pero en el proceso había perdido lo único que realmente le importaba a mi miserable vida: a Emily.

Había pasado los últimos siete días viviendo en un infierno. La llamaba a su teléfono siempre, a cada hora, insistiendo hasta que la línea me mandaba al buzón; le escribía cartas larguísimas de puño y letra explicándole que la amaba, que me perdonara, dejándolas debajo de su puerta; la buscaba por todo el campus, en sus salones de finanzas, en la biblioteca, en los cubículos de proyectos ecológicos... todo en vano. Ella simplemente no me respondía, ni me veía, ni me dejaba acercarme a menos de tres metros antes de darme la espalda con una frialdad que me partía el alma. Y para colmo, Skyler tampoco me quería ver. Mi propia hermana me esquivaba en los pasillos de la fraternidad y me cerraba la puerta en la cara si intentaba preguntarle por Emily. Estaba completamente solo.

Caminé hacia los vestidores con la cabeza gacha, arrastrando los pies. Me di un baño largo con el agua completamente fría, intentando congelar los pensamientos que me daban vueltas en la cabeza, pero no funcionó. Salí con la toalla alrededor de la cintura y empecé a cambiarme en silencio frente a mi casillero. A mi alrededor, el resto del equipo intentaba mantener la normalidad.

—Oye, Logan, ¿viste el reporte de la cadena deportiva sobre el partido del sábado? —comentó Asher a unos metros, acomodándose la sudadera—. Dijeron que nuestra transición en el tercer cuarto fue la clave para desarmar la defensa de ellos.

—Sí, lo vi —respondió Logan, limpiando sus tacos de juego—. Analizaron la jugada de opción de Mase. Dicen que fue una lectura perfecta de la línea. El entrenador Wolf quiere que usemos ese mismo esquema para los partidos de exhibición de la próxima primavera.

Yo los escuchaba, pero no hablaba con mis amigos. Me mantuve al margen, abrochándome los tenis en absoluto silencio, ignorando el ambiente.

En ese momento, los pasos pesados de Jayden Cooper se detuvieron justo frente a mi casillero. Me quedé inmóvil, mirando fijamente mis agujetas, negándome a levantar la vista.

—Mase... hermano —llamó Jayden. Su voz no tenía rastro de la soberbia o la borrachera de la semana pasada; sonaba apagada, arrepentida—. Sé que estás furioso. Joder, sé que me odias y tienes todo el maldito derecho. Vine a pedirte disculpas, de verdad. Fui un imbécil bocón en la fiesta. Estaba tan tomado que no pensé en lo que decía, ni en las consecuencias, ni en Emily... Yo no quería arruinar las cosas contigo, eres mi capitán, mi hermano...

Yo seguía ignorándolo por completo, apretando los dientes hasta que me dolió la mandíbula. Estaba intentando contener al monstruo que llevaba dentro, pero Jayden seguía hablando, su voz rebotando en los casilleros de metal, recordándome el momento exacto en que mi vida se fue al demonio.

—...Sky casi termina conmigo por eso, y de verdad quiero arreglar esto entre nosotros, Mase. Tienes que creerme, fue un error, una estupidez de borrachera, pero la apuesta ya pasó, nosotros...

No resistí más. La última gota de mi paciencia se desbordó, transformándose en una furia ciega y violenta.

Me volteé a una velocidad salvaje, impulsado por pura adrenalina, y le respondí con un golpe certero directamente en la mandíbula. El impacto de mi puño contra su rostro sonó seco, un estallido que hizo que Jayden se tambaleara hacia atrás, chocando su espalda contra la fila de casilleros contraria con un estruendo metálico.

—¡¡Cállate la maldita boca, Cooper!! —rugí, saltando sobre él, tomándolo de la sudadera para arrastrarlo hacia el suelo—. ¡No vuelvas a decir su nombre! ¡Tú no sabes nada! ¡Destruiste mi vida por tu maldito chiste de vestidor!

Jayden, con un hilo de sangre corriéndole por el labio, levantó los brazos para defenderse, encendiéndose también por el golpe. —¡Fue una maldita equivocación, Johnson! ¡No me vas a culpar a mí de tus mentiras! ¡Tú mantuviste el secreto durante meses, no yo!

—¡Te dije que te calles! —grité, lanzando otro golpe que Jayden logró esquivar a medias.

Comenzamos una discusión violenta, un forcejeo lleno de insultos y golpes torpes en mitad del suelo de los vestidores. El caos duró apenas unos segundos antes de que la línea ofensiva reaccionara.

—¡¡Ya basta, Mason!! ¡Suéltalo! —gritó Logan, metiendo sus brazos de liniero entre nosotros, usándose como una cuña humana para empujar a Jayden hacia atrás.

Asher apareció por el otro lado, rodeándome el pecho con sus brazos fuertes, cargándome prácticamente hacia atrás para separarme de Cooper. —¡Suéltalo, Mase! ¡Cálmate de una maldita vez! ¡Logan, llévate a Jayden de aquí ahora mismo! —ordenó Asher, arrastrándome a la fuerza hacia el pasillo trasero de los vestidores, lejos de la pelea.

Jayden se limpió la boca con el dorso de la mano, mirando con rabia mientras Logan lo empujaba hacia la salida. Yo intentaba zafarme del agarre de Asher, respirando de forma entrecortada, con los puños temblando y los ojos encendidos en lágrimas de pura rabia y frustración.




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