El que deambula en la eternidad

El que deambula en la eternidad. Por Luis Armando Moreno Penagos

Era 1967 cuando me encontraba realizando mis prácticas de campo en la clínica de psiquiatría en la universidad de Miskatonic, me encontraba estudiando a Freud y a Jung para poder desarrollar una teoría que pudiese explicar el origen de todo mal nervioso, las teorías psicosexuales, a pesar de su controvertida historia, tenía una base sólida para poder seguir desarrollándola y perfeccionándola. Pensaba igual que los fundadores de la escuela psicoanalítica que, el origen del malestar tenía que ver con el deseo reprimido del ser humano por poseer aquello que se le fue negada en su infancia. Sin embargo, estaba consciente de que no era una verdad única, en mi interior sabía que el origen de los males nerviosos que nos asolaban desde tiempos inmemoriales era mucho más oscuro, así que a la par que estudiaba a Freud, a Jung y a Lacan, decidí involucrar en mi estudio un poco de las mitologías más olvidadas y prohibidas de la historia.

Era 26 de abril cuando me encontraba en la biblioteca, me encontraba leyendo varios tratados de culturas infames al noreste de Europa. Mi estudio sobre lo prohibido se interrumpió cuando uno de mis profesores, el Doctor en Psiquiatría Randall Parkinson, había llegado para contarme sobre un paciente con el que tendría una oportunidad única para poder desarrollar de forma práctica mis hipótesis.

-Muchacho-me dijo aquel Dr. Siempre acariciando la punta de sus bigotes de morsa anciana-Como bien sabes, eres de mis estudiantes preferidos, por lo tanto me veo en la necesidad de compartirte información muy jugosa para que puedas poner en marcha tus descubrimientos.

Apuesto que mi mirada en ese momento sería comparable a la caricatura de un cuervo o águila curioseando a una presa lejana.

-¿De qué se trata? ¿Un grimorio, una reliquia?- me mantenía un poco escéptico a los comentarios de mi profesor.

Por desgracia, mis investigaciones únicamente habían levantado sobre mí una mala reputación de mala praxis, o de supersticioso que no encajaba con el modelo educativo de mi carrera. Sin embargo, el Dr. Parkinson era de los pocos que no me desalentaba a continuar buscando entre lo oculto para hallar un método alternativo y funcional.

-Mi querido Buford- se aclaró la garganta con un sonoro carraspeo seco-Hay un paciente en la facultad de psiquiatría, sus declaraciones hacen referencia a muchas de las cosas que llevas tiempo estudiando, a parte, posee una reliquia que creo que te será exquisita. Mi curiosidad no pudo más, decidí caer de lleno en lo que decía mi mentor.

Minutos después nos encontrábamos yendo a su despacho para poder organizar la entrevista inicial y luego planear el método a usar. Al llegar me entregó el expediente del paciente, un tal Charles Bronson, un hombre de unos 55 años, pelirrojo, 1.80 de altura, fumador. De acuerdo a las previas entrevistas Bronson estaba en un estado de psicosis paranoide, en un estado de alerta constante, rara vez dormía, afirmaba que una criatura lo asechaba, que este ente lo perseguía, que obligaba a su entorno a doblarse y repetirse para poder cazarlo. Cuando fue ingresado se le fue confiscado un curioso artefacto dentro de una caja, el Sr. Bronson insistía que era por culpa de esa cosa que aquel ser le perseguía.

-Hasta ahora es solo un caso de psicosis paranoide Doctor, no veo donde está lo que podría ayudarme con mi investigación.

-Buford- el Dr. Volvió a aclararse su garganta- el relato del Sr. Bronson dice que por haber usado ese objeto algo le persigue, a parte, mira que es lo que tengo aquí.

El Dr. Parkinson sacó de uno de sus cajones una bonita caja de madera adornada con encajes dorados, al abrirla en su interior había una gema poliédrica completamente negra, en su interior se podía apreciar un débil brillo de colores inimaginables. Había leído algo en la copia del Necronomicón en la biblioteca de la universidad, un misterioso artefacto poliédrico que tenía la capacidad de mostrar paisajes lejanos a nuestra realidad. Ahora sabía lo que quería, tenía que continuar.

-¿Cuando comenzamos?- Pregunté, la cara del Dr. Solo se limitó a esbozar una sonrisa maliciosa.

Dos días después me encontraba en la sala de entrevistas del ala de Psiquiatría, durante esos días me encontré estudiando el expediente del Sr. Bronson, aparte de todo lo anterior, resulta que el Sr. Bronson era alguien muy supersticioso, menciona que en su juventud perteneció a una especie de secta cuyo nombre no quiso revelar, y que en dicha secta consumió sustancias para poder conectar con planos ulteriores a nuestra realidad.

Y allí me encontraba, sentado frente a un hombre en camisa de fuerza, de aspecto descuidado, el pelo rojo y canoso, largo y enmarañado, una barba descuidada y en sus ojos unas ojeras tan enormes por la falta de sueño reparador. Mi profesor se encontraba a mi lado escuchando, grabando en audio todo y para proporcionarme apoyo en caso de que lo necesitara.

-Muy bien Charles, me llamo Buford Richards, seré su terapeuta a cargo de su proceso de sanación, déjeme decirle que todo estará bien.

-No, no, nada estará bien- respondió mi paciente con mucha angustia y cansancio-nadie me cree, esa cosa me persigue, y solo me tienen encerrado para que venga y me devore, nada de esto está bien.

-Yo le creo Charles, yo le creo- le dije con el fin de calmarlo y poder establecer un vínculo paciente/terapeuta- le creo tanto que puedo decirle el cómo podremos curarlo, más bien, de cómo podremos salvarlo.




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