El Ratón Del Campo Y El Ratón De La Ciudad

Capítulo 1 - Una Visita Inesperada

El sol apenas comenzaba a asomarse detrás de las colinas cuando Tomás abrió los ojos.

Su pequeña casa se encontraba bajo las raíces de un viejo árbol, en medio de un extenso campo de trigo.

No era una casa elegante ni estaba llena de objetos valiosos, pero era cálida, segura y tenía todo lo que un ratón podía necesitar.

Tomás se levantó de su cama de hojas secas, estiró las patas y abrió la diminuta puerta de madera que había construido con un trozo de corteza.

Una brisa fresca entró inmediatamente.

-Buenos días, campo.

Dijo mientras respiraba profundamente.

Frente a él, las plantas se movían suavemente con el viento.

A lo lejos podía escucharse el canto de los pájaros y el sonido de un pequeño arroyo que atravesaba el bosque cercano.

Tomás sonrió.

Le gustaban mucho las mañanas.

Cada día comenzaba casi de la misma manera: primero revisaba sus provisiones, después salía a buscar alimento y, antes del anochecer, regresaba a casa para descansar.

Aquella mañana abrió un pequeño armario hecho con una caja de madera que había encontrado cerca de una granja.

Dentro quedaban solamente algunos granos de trigo y dos semillas de girasol.

Tomás frunció el ceño.

-Parece que hoy tendré que trabajar un poco más.

Tomó una pequeña bolsa, se la colgó al hombro y comenzó a caminar entre las plantas.

El campo estaba lleno de pequeños caminos que Tomás conocía perfectamente.

Sabía dónde encontrar las mejores semillas, cuáles arbustos daban frutos dulces y qué lugares debía evitar cuando los humanos trabajaban cerca.

Después de caminar durante varios minutos encontró algunos granos de trigo caídos en el suelo.

-Uno... dos... tres...

Los guardó cuidadosamente en su bolsa.

Un poco más adelante encontró una semilla de maíz.

-Esta será perfecta para la cena.

Mientras continuaba buscando comida, escuchó una voz desde lo alto.

-¡Buenos días, Tomás!

Era Clara, una pequeña golondrina que había construido su nido en un árbol cercano.

-¡Buenos días, Clara!
-¿Otra vez buscando provisiones?
-Así es. Mi almacén está casi vacío.

Clara descendió y se posó sobre una piedra.

-Anoche hubo mucho movimiento cerca de la granja. Creo que los humanos dejaron caer varios granos junto al granero.

Los ojos de Tomás se iluminaron.

-¿De verdad?
-Sí, pero debes tener cuidado. Vi al gato de la granja caminando por allí esta mañana.

Tomás tragó saliva.

Conocía muy bien a aquel gato.

Era enorme, gris y silencioso.

Los animales del campo lo llamaban Sombra porque podía caminar entre los cultivos sin hacer el menor ruido.

-Entonces buscaré por otro sitio.

Decidió Tomás.

-Prefiero encontrar menos comida que convertirme en el desayuno de Sombra.

Clara soltó una pequeña risa.

-Esa es una decisión inteligente.

Tomás se despidió y siguió caminando.

Durante varias horas reunió semillas, algunos frutos secos y un pequeño pedazo de pan que encontró cerca del camino.

No era mucho, pero era suficiente.

Cuando el sol comenzó a subir, decidió regresar a casa.

Mientras caminaba pensaba en la comida que prepararía.

-Un poco de trigo, una semilla de maíz y quizás ese pedazo de pan...

De pronto escuchó un ruido entre las plantas.

Tomás se detuvo.

Las hojas se movieron.

-¿Quién está ahí?

No hubo respuesta.

Tomás dejó lentamente la bolsa en el suelo.

El ruido volvió a escucharse.

Más cerca.

Tomás miró a su alrededor buscando algún lugar donde esconderse.

-¿Sombra?

Susurró.

Entonces algo salió repentinamente de entre las plantas.

-¡Sorpresa!

Tomás dio un salto.

-¡Ah!

Frente a él apareció un ratón de pelaje brillante, vestido con un pequeño chaleco azul y una elegante corbata roja.

Llevaba además una diminuta maleta.

Tomás tardó unos segundos en reconocerlo.

-¿Leonardo?

El ratón elegante abrió los brazos.

-¡Primo!

Tomás sonrió sorprendido.

-¡Leonardo!

Los dos se abrazaron.

Hacía mucho tiempo que no se veían.

Leonardo vivía muy lejos, en una gran ciudad, dentro de una enorme mansión perteneciente a una familia adinerada.

-¡No puedo creer que estés aquí!

Dijo Tomás.

-Pensé que no volverías al campo.

Leonardo miró a su alrededor.

-Yo también lo pensaba.

Una mariposa pasó volando frente a su nariz.

Leonardo retrocedió inmediatamente.

-¿Qué fue eso?

Tomás comenzó a reír.

-Una mariposa.
-En la ciudad las cosas que vuelan suelen ser bastante más molestas.
-Ven.

Dijo Tomás recogiendo su bolsa.

-Mi casa está cerca.

Los dos comenzaron a caminar.

Leonardo observaba todo con curiosidad.

-¿Siempre está tan silencioso este lugar?
-Casi siempre.
-¿Y no te aburres?

Tomás lo miró.

-¿Aburrirme? Tengo el bosque, el río, los árboles, las estrellas...

Leonardo levantó una ceja.

-Precisamente. Árboles, río, estrellas. No parece muy emocionante.

Tomás sonrió.

-Para mí lo es.

Cuando llegaron a la casa, Leonardo se quedó mirando la pequeña entrada bajo el árbol.

-¿Vives aquí?
-Sí.

Tomás abrió la puerta.

-Adelante.

Leonardo tuvo que agacharse un poco para entrar.

Observó las paredes de tierra, la mesa hecha con madera, la cama de hojas y los pequeños estantes donde Tomás guardaba sus provisiones.

-Es... acogedor.

Dijo finalmente.

Tomás dejó la bolsa sobre la mesa.

-Siéntate. Prepararé algo para comer.

Sacó algunos granos, las semillas que había encontrado y el pequeño pedazo de pan.

También puso sobre la mesa una raíz tierna que había guardado desde el día anterior.

-Aquí tienes.

Leonardo observó la comida.

Primero miró las semillas.



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En el texto hay: aprendizaje, fábula

Editado: 01.09.2026

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