El Reencarnado

capítulo 3 El primer combate

El mundo había cambiado.

Ya no existía la tranquilidad que alguna vez conocí. El canto de las aves había desaparecido y el viento arrastraba el olor de la sangre y la muerte por todas las montañas.

Me encontraba sentado en la sala de control de mi fortaleza mientras observaba las decenas de pantallas de vigilancia.

Todo estaba en silencio.

Ferry permanecía acostado junto a mí. A pesar de que solo era un pastor alemán, siempre había sido más inteligente y leal que muchas personas.

Sonreí mientras acariciaba su cabeza.

—Parece que tendremos unos días tranquilos...

Sin embargo, apenas terminé de hablar, Ferry levantó la cabeza de golpe.

Sus orejas se movieron.

Sus ojos permanecieron fijos hacia una de las pantallas.

Entonces comenzó a gruñir.

Grrrrrr...

Fruncí el ceño.

Nunca reaccionaba así sin motivo.

Me levanté de inmediato.

—¿Qué ocurre, Ferry?

Caminé rápidamente hacia la consola y amplié la imagen de la cámara exterior.

Al principio no vi nada extraño.

Solo el bosque.

Los árboles moviéndose por el viento.

Pero...

Segundos después...

La tierra comenzó a vibrar.

¡BOOM...!

Una bandada de aves salió volando desesperadamente.

Después aparecieron ellos.

Uno...

Cinco...

Veinte...

Cien...

Miles.

Una inmensa marea de zombis salía del bosque caminando directamente hacia mi fortaleza.

Sus cuerpos estaban cubiertos de sangre.

Sus ojos eran completamente rojos.

Sus rugidos resonaban entre las montañas.

Observé aquella escena con calma.

—Así que ya comenzaron a moverse en grupos...

Era algo normal.

En mi vida anterior, las hordas crecían cada día conforme más personas eran infectadas.

Sin embargo...

Algo llamó mi atención.

Al fondo de la horda caminaba una enorme figura.

Cada paso hacía temblar el suelo.

Los árboles caían a su alrededor.

Era un monstruo de casi diez metros de altura.

Su piel era gris oscura.

Sus brazos parecían capaces de destruir un edificio de un solo golpe.

En ese instante apareció una ventana azul frente a mis ojos.

DING.

[Objetivo especial detectado.]

Nombre: Zombi Tanque.

Nivel: 2.

Altura: 5 metros.

Fuerza: Extremadamente alta.

Velocidad: 30 % de la velocidad de un humano adulto.

Defensa: Muy alta.

Debilidad: Sin datos.

Leí toda la información lentamente.

No pude evitar sonreír.

—Un zombi de nivel dos...

—Parece que tendré un buen calentamiento.

Recordé el día en que desperté el poder del Dios de la Sombra.

En mi vida anterior jamás tuve una oportunidad como esta.

Morí después de ser traicionado por las dos personas en quienes más confiaba.

Mi novia...

Y mi mejor amigo.

Apreté los puños.

Aquella traición seguía grabada en mi memoria.

Pero esta vida sería diferente.

No volvería a confiar ciegamente en nadie.

No volvería a ser una víctima.

Miré nuevamente la enorme horda acercándose.

Después bajé la vista hacia Ferry.

Él ya estaba de pie, preparado para luchar.

Sonreí.

—¿Qué dices, compañero?

—¿Les damos la bienvenida?

Ferry respondió con un fuerte ladrido.

—¡Guau!

Caminé hasta la enorme puerta de acero de la fortaleza.

Presioné el panel de apertura.

CLANK...

CLANK...

Los enormes mecanismos comenzaron a moverse.

La puerta blindada se abrió lentamente.

Una ráfaga de viento cargada con el olor de la sangre golpeó mi rostro.

Frente a mí...

Miles de zombis levantaron la cabeza al mismo tiempo.

Y, detrás de todos ellos...

El gigantesco Zombi Tanque lanzó un rugido que hizo temblar toda la montaña.

Sonreí mientras la oscuridad comenzaba a envolver mis brazos.

—Ha llegado la hora...

—Veamos cuál de los dos es el verdadero depredador.

Respiré profundamente.

La enorme horda avanzaba sin detenerse.

Miles de rugidos llenaban el aire mientras los zombis corrían hacia Ferry y hacia mí.

No había miedo en mi corazón.

Solo una enorme emoción.

Después de todo...

Llevaba toda una vida esperando este momento.

Apreté con fuerza mi espada.

Las sombras comenzaron a cubrir lentamente la hoja.

—Ferry.

El pastor alemán giró la cabeza hacia mí.

—Quédate cerca. No quiero que hagas locuras.

«¡Guau!»

Parecía haber entendido perfectamente.

Al segundo siguiente, la horda nos alcanzó.

El primer zombi se lanzó contra mí.

Di un paso hacia un lado y utilicé el Pase de la Sombra.

Mi figura desapareció por un instante.

Cuando reaparecí, ya estaba detrás de él.

Con un solo movimiento de mi espada, el enemigo cayó.

No tuve tiempo para descansar.

Otros cinco zombis llegaron inmediatamente.

Levanté la mano.

—Lanzamiento Cortante.

Varias cuchillas de sombra cruzaron el aire.

Los enemigos fueron derribados uno tras otro, abriendo un pequeño camino entre la horda.

A unos metros de distancia, Ferry peleaba con una valentía impresionante.

Saltaba sobre los zombis.

Los empujaba.

Los alejaba de mi posición.

Cada movimiento suyo era rápido y preciso.

No era un perro cualquiera.

Era un verdadero compañero de combate.

Sonreí.

—Así se hace, Ferry.

Pero la cantidad de zombis aumentaba cada segundo.

Parecía que todo el bosque se había vaciado para venir hasta mi fortaleza.

Fruncí el ceño.

—Son demasiados...

Entonces...

¡BOOM!

Un fuerte temblor recorrió el suelo.

Los zombis cercanos comenzaron a apartarse por iniciativa propia.

Abrían un enorme camino entre la multitud.

Levanté lentamente la mirada.

El Zombi Tanque ya estaba frente a nosotros.




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