El Reencarnado

CAPÍTULO 5: El Contrato del Huérfano y el Asedio de la Montaña

Luego de elegir el nombre de Jack, nos encargamos de alimentarlo. Ferry no le quitaba los ojos de encima al pequeño mientras yo me aseguraba de que comiera bien. El silencio del búnker se sentía pesado, pero tierno a la vez.
—Jian Feng, Jack sí que tenía hambre —comentó mi compañero, rompiendo el hielo mientras observaba la prisa del bebé.
—Sí, creo que tenía bastante tiempo de no comer —respondí, limpiando la comisura de sus labios.
A los cinco minutos, Jack se quedó profundamente dormido. Con el niño a salvo, Ferry y yo fuimos por fin a la cocina a preparar nuestra propia cena. Saqué de la nevera dos kilos de pollo, arroz, zanahorias, cebolla y ejotes. Comencé a hervir el pollo mientras ponía a freír el arroz en una sartén grande. Diez minutos después, la comida ya estaba lista y nos sentamos a la mesa con un apetito voraz.
A mitad de la cena, miré a mi compañero al otro lado de la mesa.
—Ferry, ¿después de consumir el núcleo obtuviste alguna nueva habilidad?
Él levantó la vista de su plato y contestó de inmediato:
—No he abierto mi sistema, pero siento una energía increíble corriendo por mi cuerpo.
En realidad, yo tampoco había visto mi sistema en todo el día. Decidí desplegar la interfaz visual en ese mismo instante. Una pantalla holográfica brilló frente a mis ojos con un texto nítido:
¡Ding! El anfitrión ha obtenido una nueva habilidad: Espada del Infierno. Daño +20%. El anfitrión con un pensamiento puede invocar el arma.
Me quedé en shock. ¿Realmente era verdad todo esto? La espada que tenía la había comprado en una vieja armería antigua y estaba casi rota. De la última pelea se había agrietado por completo y ya era hora de cambiarla. Concentré mi mente y la invoqué por primera vez. Apareció de la nada en mi mano derecha: era una katana negra de un metro de largo, que emitía una imponente aura oscura a su alrededor.
Ferry abrió los ojos de par en par, asombrado por el despliegue de energía.
—Jian Feng, esa espada está de lujo. Es muchísimo mejor que la anterior.
—Sí, Ferry, está mejor y es indestructible. Lo mejor de todo es que con un pensamiento aparece en mi mano. Es mucho mejor que cargarla todo el tiempo en la espalda.
Al ver mi demostración, Ferry decidió abrir su propio sistema. Un sonido metálico resonó en su mente mientras una notificación se proyectaba en el aire:
¡Ding! ¡Felicidades! Has subido del nivel 1 al 2. Habilidad unlocked: Aura del Rey Lobo. Somete a bestias, zombis y criaturas de nivel más bajo que el del anfitrión o igual del nivel.
—¡Eso es genial, Jian Feng! —me dijo Ferry emocionado por su nuevo poder.
Con el estómago lleno y sintiéndonos más fuertes que nunca, nos fuimos a dormir a las 9:00 p. m., listos para el descanso.

───

El frío aire de la madrugada se colaba por los recovecos de la montaña. Me desperté a las 6:00 a. m., sintiendo una ligereza eléctrica recorriéndome las piernas. Antes de ponerme las botas, una pantalla holográfica azul parpadeó frente a mis ojos.
¡Ding!
Socio potencial detectado dentro del perímetro.
¿Deseas añadir a Jack a la lista de compañeros? [Aceptar] / [Rechazar]
Miré de reojo al niño. Seguía dormido, envuelto en una manta militar. Presioné Aceptar.
¡Ding!
Vínculo establecido. Estado otorgado al Compañero Secundario: Crecimiento Acelerado (+10% permanente).
Nota: Los picos de estrés biológico pueden acelerar temporalmente el desarrollo celular hasta alcanzar la madurez infantil.
—Bueno, en un mundo donde el cielo llueve sangre, dejar de ser un blanco blando es una ventaja real —encajé la mandíbula, ajustándome los cordones—. Al menos me ahorro los pañales.
Jack se removió entre las cobijas. Abrió los ojos y, al enfocarme, estiró sus manos regordetas. Me acerqué y le ofrecí mi índice; se aferró con una firmeza sorprendente, buscando resguardo. Una calidez extraña me apretó el pecho.
Ferry se acercó al trote y metió su hocico debajo de la manta para darle un lenguetazo en la mejilla. El niño soltó una carcajada limpia que aligeró la tensión del búnker.
—Ya, déjalo en paz, pulgoso —le dije a Ferry, empujándolo despacio—. Cuídalo un momento en lo que preparo algo abajo. Si por ti fuera, este niño desayunaría carne de zombi cruda.
Caminé hacia la cocina de la fortaleza subterránea. Esta base, oculta en una cueva masiva a diez kilómetros de la ciudad, era mi refugio perfecto. Pasé semanas renovándola antes del colapso. Gracias al Anillo del Espacio Infinito, me había preparado para un asedio eterno. Había vaciado almacenes completos: generadores, ropa, gasolina, armas, carros blindados, helicópteros, aviones de reconocimiento y un barco de asalto que descansaba en mis ranuras de almacenamiento espacial. Tenía un ejército logístico guardado en mi dedo.
Mientras encendía la estufa para calentar unas raciones, Ferry se sentó a mi lado, apoyando su cabeza pesada directamente sobre mi rodilla.
—Olvídalo. Ayer te comiste un kilo de pollo tú solo —sirviendo su plato de metal—. Tienes el estómago de un agujero negro. Si seguimos así, tendré que usar uno de los carros para ir a saquear otro centro comercial antes de tiempo.
El siseo de la comida borró mi sonrisa. Una punzada helada me atravesó el estómago. El pensamiento de los centros comerciales me arrastró inevitablemente a Jun Wei y Yue Xue. Visualicé el tejado de aquel supermercado a 30 kilómetros, el brillo del metal hundiéndose en mi espalda por sorpresa, sus risas y la horda de trescientos zombis arrancándome la carne pedazo a pedazo en mi vida pasada. Tragué saliva, estabilizando la respiración. Esta vez no, me juré en silencio. En esta vida, los que van a suplicar son ellos.
Sacudí la cabeza para dispersar los recuerdos y apagué el fuego.
—Vamos a la entrada de la cueva —le dije a Ferry—. Quiero ver esa transformación de Lobo Guerrero bajo la luz del día. Hay que comprobar si eres tan resistente como afirma el sistema.
Avanzamos por el túnel que conectaba los dormitorios con el exterior. El frente de la base estaba protegido por un masivo portón blindado, diseñado para sealizar la entrada de la montaña. El aire exterior entra en ráfagas frías, arrastrando un olor rancio.
—Muy bien, Ferry. Tienes espacio de sobra. Sorpréndeme.
El pastor alemán caminó hacia la explanada. Sus ojos se tiñeron de un carmesí salvaje. Un gruñido profundo hizo vibrar el techo de roca de la caverna. En tres segundos, su estructura biológica se expandió de forma brutal. Los músculos se hipertrofiaron, su pelaje se volvió grueso como filamentos de hierro y sus garras rompieron el pavimento. Frente a mí se alzaba una bestia de dos metros de largo y un metro de alto, con una piel tan compacta que brillaba como el acero templado.
—Vaya... te quedas en la parte trasera del camión a partir de ahora, grandullón —solté un silbido largo, impresionado—. Intenta golpear aquel contenedor de chatarra.
El Lobo Guerrero activó su Embestida Lunar. Se propulsó como un borrón plateado y aplastó el contenedor de metal de un solo impacto. Sin detener su inercia, dio un giro y lanzó un zarpazo: una ráfaga luminosa en forma de medialuna, el Corte Lunar, rebanó un poste de iluminación de acero que estaba a cinco metros.
Before de que pudiera felicitarlo, Ferry se tensó. Sus orejas se pegaron al cráneo y, ignorando por completo mi presencia, giró sobre sus patas y salió disparado hacia el interior del túnel. No necesitó una alerta del sistema; su instinto animal detectó el peligro antes que la tecnología.
Un segundo después, un grito agudo retumbó desde las profundidades de la cueva.
—¡¡Aaaaah!! ¡¡Jian Feng, ayuda!!
Era Jack. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda. Corrí detrás del lobo, con el corazón golpeándome las costillas.
Al llegar a la habitación, la puerta de madera reforzada estaba reducida a astillas. Ferry ya había entrado, interponiéndose de golpe entre el peligro y el niño. En la esquina, Jack temblaba cubriéndose el rostro. Frente a él se balanceaba una criatura esquelética de piel grisácea, con brazos largos y garras negras de treinta centímetros. Un Zombi Delgado.
El monstruo lanzó un zarpazo ciego, pero Ferry bloqueó el impacto con su lomo de acero, haciendo que las garras de la criatura patinaran sin causar daño. De inmediato, mi compañero desató el Aura del Rey Lobo. Una onda de presión invisible inundó el cuarto. El sistema del Zombi Delgado colapsó; sus rodillas crujieron contra el piso y quedó completamente inmovilizado, temblando bajo el yugo del lobo.
Invoqué la Espada del Infierno en mi mano derecha. La katana negra apareció desprendiendo un humo oscuro. Di un paso largo y descargué un tajo vertical perfecto con el 20% de daño extra. La hoja cortó el cuello del monstruo y su cabeza rodó por el cemento.
Hice desaparecer la katana y levanté a Jack en mis brazos. El niño se aferró con fuerza a mi cuello, escondiendo su cara empapada en lágrimas en mi hombro, calmándose poco a poco al escuchar mi respiración. Al sostenerlo, noté que la manta le quedaba notablemente más justa y sus facciones lucían más definidas. El estrés del ataque había acelerado el desarrollo biológico anunciado por el sistema. Se sentía más firme; seguía siendo un niño pequeño, pero ya no era el bebé indefenso de ayer; sus músculos se sentían más firmes.
La tranquilidad duró un suspiro. Ferry volvió a gruñir, apuntando hacia el pasillo de entrada.
¡Ding!
¡ADVERTENCIA DE SEGURIDAD! Múltiples firmas biológicas hostiles aproximándose por el desfiladero exterior.
Probabilidad de brecha en el portón principal: 74%.
Dejé a Jack protegido detrás de una barricada de pesados casilleros de hierro. Invoqué nuevamente la katana.
—Ferry, el desayuno tendrá que esperar. Si revientan el portón del frente, estamos jodidos.
Corrimos hacia la boca de la cueva. Al asomarme por las mirillas del portón blindado, apreté los dientes. Apenas iban tres semanas desde el inicio del Apocalipsis, y el virus ya había mutado para reclamar a la fauna de la montaña.
Liderando el asalto venía una horda de Cánidos Rapiñeros (Nivel 1), coyotes salvajes con la piel colgando en jirones. Trepando por las paredes de roca exteriores y el techo de la caverna avanzaban varios Garras Sombrías (Nivel 2), pumas cuyos tendones hipertrofiados vibraban con violencia mientras sus garras desmoronaban el concreto de refuerzo.
¡CRACK!
Un estruendo colosal sacudió los cimientos de la cueva. Una masa gigantesca de casi cuatro metros de altura se había estampado contra el centro de la entrada. Era el Devastador de las Cumbres (Nivel 3), un oso pardo mutado cubierto por masivas protuberancias óseas que actuaban como una armadura natural.
¡Ding!
¡ALERTA SÍSMICA LOCAL! Integridad del portón principal: 42% y descendiendo.
Chispas de metal saltaron cuando la estructura comenzó a deformarse. El polvo y los fragmentos de roca empezaron a desprenderse del techo de la caverna, llenando el aire con el eco de los rugidos.
—¡Ferry, mantén la línea! ¡Yo salgo al frente! —ordené.
Activé el Paso de la Sombra. Mi cuerpo se disolvió en neblina oscura y aparecí en el exterior, justo detrás de la primera línea de ataque. Sentí un pinchazo agudo en la sien; la habilidad estaba devorando mi energía vital a un ritmo alarmante.
Lancé un tajo horizontal con la katana negra, decapitando a dos coyotes mutados. Al instante, evoqué la Sombra Cortante. Varios tentáculos oscuros nacieron de mi sombra y atravesaron a las bestias salvajes. Me enfrentaba a demasiados enemigos seguidos; el cansancio empezó a nublarme la vista y mis brazos temblaban por el esfuerzo. En mi vida pasada descubrí demasiado tarde que las mutaciones de osos protegían su cuello con el crecimiento óseo, pero su hombro izquierdo solía ser el punto de anclaje más débil. Esta vez no cometería el mismo error.
Giré para posicionarme, pero el cansancio ralentizó mis reflejos. Fallé un tajo horizontal contra un infectado y necesité detenerme unos segundos para tomar aire; ese breve respiro en falso permitió que la garra de un coyote Nivel 1 se colara por mi punto ciego, desgarrándome la manga de la chaqueta y dejándome una línea de heridas en el hombro. Apreté los dientes, tragando saliva para soportar el tormento ardiente.
Adentro de la cueva, las cosas se complicaron. Un Garras Sombrías de Nivel 2 logró filtrarse por el portón doblado y saltó sobre el lomo de Ferry. El puma mutado hundió sus garras en su piel de acero, logrando abrirle una profunda herida en el costado. Ferry soltó un aullido; giró la cabeza con violencia, activó su Corte Lunar y partió al puma por la mitad en el aire, pero el daño ya estaba hecho. Mi compañero goteaba fluido vital sobre la piedra, jadeando.
El Devastador de las Cumbres (Nivel 3) olió el rastro y volvió a embestir con toda su masa contra el centro de la entrada.
¡BOOM!
El portón colapsó hacia adentro in una lluvia de vigas retorcidas y chispas. Parte del techo de la cueva se derrumbó, sepultando a decenas de infectados bajo toneladas de piedra y llenando todo el aire con una densa nube de polvo.
Esquivando los fragmentos de roca, utilicé el último aliento que me quedaba. Mis brazos vibraban tanto que apenas podía mantener el peso, pero la adrenalina pura y el instinto de supervivencia me obligaron a seguir en pie. Extendí mi mano izquierda y activé el Anillo del Espacio Infinito. Un pesado lanzagranadas militar cargado apareció en mis manos. Apunté directamente al hombro izquierdo expuesto del oso de Nivel 3.
—¡Muérete de una vez, bastardo! —grité, apretando el gatillo con los dedos exhaustos.
El disparo generó una explosión que destrozó la armadura ósea del oso en su punto débil, haciéndolo caer de rodillas sobre el pavimento destrozado, bramando de dolor.
Ferry, reuniendo sus últimas fuerzas a pesar de la grave lesión de su costado, saltó desde la nube de polvo sobre el Alfa herido. Con un morder por instinto salvaje, le destrozó la yugular expuesta. La inmensa mole de carne cayó inerte sobre las ruinas del portón.
Me desplomé de rodillas, clavando la katana negra en el suelo para no caer de cara. El cansancio era insoportable, mi respiración era un silbido agónico y la herida del hombro no dejaba de sangrar. Ferry regresó a su tamaño normal, cojeando y jadeando a mi lado Microsoft el polvo comenzaba a disiparse lentamente.
Miré el portón destrozado; la entrada de nuestra cueva estaba completamente abierta al mundo exterior. Tendríamos que usar uno de los carros del anillo para ir a la ciudad a buscar materiales urgentemente si queríamos sobrevivir.
Un pitido agudo inundó mis sienes. La pantalla holográfica del sistema se desplegó en un color rojo.
¡Ding!
Alerta de catátrofe inminente.
Se detecta firma biológica Alfa de Nivel 4 aproximándose en línea recta a 8 kilómetros de distancia.
Tiempo estimado para el impacto: 27 minutos.
Probabilidad de supervivencia permaneciendo en la base: 3.2%.
Recomendación del sistema: Evacuación inmediata.




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