El Reflejo Sobre el Hielo

9. Una jaula de oro y odio

La mañana había comenzado con la dulzura de un desayuno compartido sobre las sábanas revueltas, un oasis de paz donde Asia se sentía protegida por la ropa de Erick, que le quedaba grande pero la hacía sentir suya. Sin embargo, la mención de un entrenamiento al que no podía asistir y la extraña urgencia de Erick empezaron a tensar el ambiente.

Sin embargo, en un instante el mundo se fragmentó. Escondida en el baño, el lugar donde horas antes se habían prometido amor eterno bajo el agua caliente, escuchó el susurro de aquella chica.

—¡Cállate, que está en el baño! —había siseado Erick.

Esas palabras, cargadas de un secretismo hiriente, fueron como una bofetada. Asia salió del baño con el alma en vilo, fingiendo una calma que no tenía, mientras veía a Erick marcharse con una excusa barata, dejándola sola con sus miedos.

Sola en la habitación 15, Asia se hundió en el colchón. Sus lágrimas, las mismas que Dilan no había logrado arrancar con sus amenazas, brotaban ahora por la traición del hombre en quien había depositado toda su fe. ¿Quién era esa chica? ¿Era la misma que le abrió la puerta anoche? ¿Qué era lo que Erick tenía "en su habitación" que no podía mostrarle a ella?

Las dudas empezaron a devorarla: ¿Acaso Erick solo la quería para el campeonato? ¿Era ella un estorbo en su vida universitaria? ¿Estaba Dilan diciendo la verdad cuando dijo que ese chico no le convenía? Asia se levantó de la cama, limpiándose las lágrimas con la manga de la sudadera de Erick, una prenda que ahora le quemaba la piel. No podía quedarse allí esperando como una idiota a que él regresara de los brazos de otra. La rabia empezó a sustituir a la tristeza.

África buscaba sus propias ropas, y se vestía con movimientos mecánicos. Si Erick la estaba engañando, París y el campeonato ya no tenían sentido. Pero antes de marcharse, antes de desaparecer de nuevo necesitaba saber la verdad.

Salió al pasillo de la residencia, con el corazón martilleando contra sus costillas. Recordaba que la chica del ascensor vivía en esa misma planta. Siguió el sonido de unas risas que provenían de una puerta entreabierta unas habitaciones más allá. Se acercó sigilosamente, con el aliento contenido, y se asomó por la rendija.

—¿Tengo que abrirte yo la puerta? —le soltó la joven con un desparpajo que a Asia le supo a provocación.

La tomó de la mano y la arrastró hacía un vehículo. Asia no entendía nada. El trayecto fue un interrogatorio silencioso, buscaba respuestas, pero solo encontraba sonrisas crípticas. La llegada a una tienda de estilo "hippy", cargada de olor a incienso y telas vaporosas, fue el primer indicio de que la noche. La aparición de Lisa en la tienda solo aumentó el desconcierto.

—Veo que no te han contado nada —dijo Lisa, riendo ante la impaciencia de Asia.

Asia se sintió atrapada en una red de afectos que conspiraban a sus espaldas. Erick estaba organizando algo, una "fiesta en la playa" que requería un atuendo específico, lejos de los vestidos rígidos y caros de su padre. Al elegir su ropa, Asia sintió el peso de su nueva realidad: ya no tenía su tarjeta de crédito infinita, pero tenía a una extraña pagando con la tarjeta de Erick, demostrando que él estaba dispuesto a gastar lo poco que tenía para verla brillar.

Al regresar a la residencia, el instinto de Asia la empujó hacia la habitación de su amor, pero la chica la desvió hacia su propio cuarto.

—Entra aquí —le ordenó la joven, cerrando la puerta tras de ellas.

La habitación olía a perfume dulce y estaba llena de espejos. Asia se sentía una intrusa en el territorio de su supuesta "rival". La chica empezó a sacar maquillajes y flores naturales, mientras afuera el sol empezaba a caer, pintando el cielo de naranja.

—¿Por qué no me dejas ver a Erick? —preguntó, al borde de la desesperación.

—Porque la sorpresa no es solo la fiesta —respondió la chica, mientras empezaba a deshacer las trenzas de África—. Es que hoy, por fin, vas a dejar de ser la hija de los Martínez para ser simplemente tú. Erick te espera en la arena, pero antes... tenemos que transformarte.

Asia se miró al espejo. El vestido que había comprado, lleno de colores y libertad, esperaba sobre la silla. Pero en el fondo de su mente, una sombra persistía: sabía que mientras ella se preparaba para ser feliz, Dilan y su padre estarían moviendo cielo y tierra para encontrarla. La calma era solo el ojo del huracán.

Asia se sentó en la silla, sintiendo cómo varias manos trabajaban con destreza sobre su cabello mientras el murmullo de las risas y las conversaciones ajenas llenaba la habitación. Tras el peinado, el ajetreo continuó sobre su rostro y sus uñas. Ella permanecía en silencio, con la garganta anudada por unos nervios que le impedían articular palabra, sintiéndose casi como una marioneta mientras las chicas la preparaban para un destino incierto.

Cuando finalmente le indicaron que debía vestirse, Asia se observó rodeada de rostros resplandecientes, aunque algo en el ambiente le confirmaba que ella era la verdadera protagonista de la velada. Al intentar cruzar el umbral de la puerta, Abi la detuvo con una instrucción inesperada.

—No puedes salir de la habitación sin una venda —le advirtió.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Asia al instante.

—¿Es la condición que ha puesto Erick? —preguntó con un hilo de voz.

Asintió en silencio. Confiando plenamente en él, Asia permitió que cubrieran sus ojos. Abi, la amiga de Erick la tomó de la mano para guiarla, mientras el cuerpo de la joven no dejaba de temblar ante lo desconocido. Las chicas bromeaban y le preguntaban si estaba tranquila, pero su respuesta, constante y sincera, era siempre un rotundo "no".

Pronto notó la brisa fresca de la calle golpeando su rostro. La ayudaron a subir a un asiento acolchado y cómodo, y sintió a Abi sentarse a su lado antes de que el motor arrancara. Durante el trayecto, la música intentaba relajarla, pero sus pensamientos la mantenían en tensión hasta que un frenazo brusco anunció el final del viaje. Al bajar del vehículo, el silencio absoluto la rodeó, provocándole una punzada de angustia.




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