El Regreso

36

Peyton

 

Después de tener esa pequeña platica con Derek, salimos en busca de los demás. Cada uno de nosotros tenía que hacer su parte de trabajo. Los encontramos a todos en la sala de reuniones que teníamos aquí. Los chicos habían investigado un poco sobre cómo se está moviendo el bastardo ahora mismo. No podíamos permitir otra amenaza como la que sufrí yo en la madrugada. Me percaté que no estaba Ryan, negué con la cabeza. El sabrá lo que estará haciendo.

–Tenemos que cambiar de celulares –murmure llamando su atención. Casi se me olvida todo lo que pude encontrar en mi casa. Solo recordar que el infeliz tenía llena de cámaras y micrófonos mi casa, me comenzaba a cabrear. Andrew me miro con el ceño fruncido sin entender. Puse los ojos en blanco –El bastardo de mierda los tiene interferidos todos nuestros jodidos móviles. No me preguntes como mierda lo hizo porque no sé –dije aclarándome la garganta –También hay que revisar que no haya cámaras y micrófonos aquí porque en mi jodida casa estaba repleta de ellas. Parecía una tienda de ellas –gruñí ya enfadada. Todos abrieron mucho los ojos con sorpresa. Los entendía. Ni yo me imagine que todas mierdas estuvieran ahí en mis propias narices.

–Maldición –dijo John junto a los demás que mandaron a llamar gente para que revisara todos nuestros almacenes. Cuando ya todo estaba revisado, no encontramos nada. Al menos el infeliz sabe dónde y con que meterse. Infeliz. Seguimos hablando ya tranquilamente después de deshacernos de nuestros teléfonos. Yo conserve el chitt por si cualquiera de mis hermanos me llamara. Cogí un móvil de los nuevos que nos trajeron a los seis.

Cuando pasaron algunas horas decidí ir a mi oficina para ver sobre la gente y las alianzas que teníamos. Necesitábamos toda la gente posible a nuestro lado. Mire la hora y casi se me salen los ojos de orbita. Eran casi la una de la mañana, maldije a mis adentros. Cogí rápida mi chaqueta y salí sin despedirme de nadie. No tenía tiempo para eso ahora mismo. Cuando voy saliendo de los almacenes un sonido hace llamar mi atención. Era mi móvil. Miré quien era el causante de esto y maldije al darme cuenta quien era. Bruno. No conteste, pero después de varios intentos lo hice. Suspire.

– ¿Qué ha pasado? –pregunte mientras visualizaba la furgoneta donde había venido. Mi ceño de frunció al no encontrarla donde la había dejado ¿Qué mierda?

–Estamos preocupados por ti –dijo – ¿Dónde estás? –pregunto entre dientes. Suspiré cansada, cerré los ojos.

–Cariño, por favor... –comencé a decir, pero me interrumpió.

–Cariño ni una mierda. Estoy preocupado por ti –dijo en un susurro lo último. Cuando iba a hablar varios hombres aparecen de la nada interrumpiéndome. Mierda. Traté de sacar mi arma rápido, pero lo vi. Estaba al frente de todos ellos mirándome con una sonrisa siniestra.

Maldición.

–Alex –dije sin ninguna expresión. El me miro sin quitar esa maldita sonrisa de su rostro. Lo apunte con mi arma y cuando iba a jalar el gatillo él se apresura a dispararme. Intente moverme rápidamente pero el muy bastardo fue más rápido y me dio en el pecho. Maldije por el dolor. Me caí de rodillas al piso por el dolor tan insoportable que sentía. Mi vista se comenzaba a nublar poco a poco y cada vez más me sentía débil

– ¿Estas bien? ¿Qué paso? –pregunto histéricamente Bruno atreves del teléfono. Al parecer me había olvidado de colgar.

Esto apenas comienza pequeña –fue lo único que alcance a escuchar que dijo el infeliz que me había disparado. No supe que había pasado.

Todo se volvió negro

 

***

 

¿Dónde estaba? Estaba confundida. Miré a mi alrededor y me di cuenta que era una habitación. Era muy conocida para mí. Mierda. Trague saliva sonoramente mientras miraba al frente. Me congele a ver esa imagen. Me encuentre con una pequeña niña de seis o siete años llorando desconsoladamente junto a una mujer que la abrazaba.

Era yo la niña.

–Tranquila mi niña, todo va estar bien –dijo la mujer a la pequeña mientras le quitaba las lágrimas, pero era en vano. Volvían a salir sin para alguno.

– ¿Por qué me pasa esto? –Pregunto entre sollozos la niña mirando a su madre mientras negaba con la una y otra vez – ¿Por qué me siento débil, sola y desolada? Como si alguien me pudiera hacer daño. Tengo tanto miedo mama –susurro agachando la cabeza mientras volvía a llorar y llorar.




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