El regreso de Charlotte

Capítulo 2: Verdades a medias

Evan salió del salón con el corazón martilleando contra sus costillas. Si no hubiera llegado a tiempo, estaba seguro de que Constantine habría destruido lo poco que quedaba de Charlotte. Buscó a Helena, la abuela de la chica, y la tomó del brazo con urgencia.

—Mantén a Charlotte lejos de tu marido —le soltó, con la voz cargada de una rabia que no podía ocultar.

—¿De qué hablas, Evan? —Helena palideció.

—Le ha roto el labio de un golpe. Si no los interrumpo, le habría dado una paliza. Por favor... cuídala.

Evan se despidió de su propia familia mecánicamente. "Luego hablamos", le dijo a su madre, incapaz de procesar nada más. Durante el trayecto a su penthouse, la imagen de Charlotte sangrando no lo abandonaba. A pesar de la supuesta traición del pasado, nadie merecía ese nivel de desprecio. Menos ella.

En la mansión, el infierno continuaba.

—¡VÉTE A OCCIDENTE CON ESAS COSTUMBRES DE PUTA! —rugía Constantine, sordo a los ruegos de su mujer—. ¡EN MI TIERRA NO TIENES LUGAR!

Charlotte, con el labio hinchado y la dignidad ardiendo, lo miró con una mezcla de lástima y asco. Ya no era el abuelo que ella amaba; era un monstruo consumido por prejuicios antiguos.

—Me voy, abuela. Iré a un hotel —dijo Charlotte, ignorando por completo los gritos de Constantine.

Mientras cargaba sus maletas en el auto, una figura la esperaba en las sombras de la entrada: Galatea Thalassinos. Charlotte se tensó, esperando otro ataque, pero la castaña la detuvo con un gesto extraño.

—¿Te vas así sin más? ¿No venías a limpiar tu nombre? —preguntó Galatea. No había sarcasmo en su voz, sino una duda genuina.

—En esta casa no soy bienvenida —respondió Charlotte fríamente—. No necesito tu lástima, Galatea.

Subió al auto y arrancó sin mirar atrás. Galatea se quedó observando las luces traseras del coche desaparecer. Por primera vez en cuatro años, el relato de su primo y de Kiersten empezaba a agrietarse en su mente.

Esa noche, Charlotte se refugió en el anonimato de un hotel de lujo. Necesitaba aliados, y solo había una persona en Grecia que conocía la verdad: Colin.

Se citaron a cenar en el restaurante del hotel. —¿No crees que será peor si nos ven juntos otra vez? —preguntó Colin, preocupado, mientras compartían la mesa.

—Ya no me interesa lo que piense esta gente, Colin.

Pero el destino tiene un sentido del humor retorcido. En ese preciso momento, Evan entraba al restaurante acompañado de una hermosa pelirroja. Al ver a Charlotte cenando con el hombre por el que supuestamente lo había abandonado, Evan sintió que el mundo se detenía. La herida se abrió de nuevo, sangrienta y profunda.

Estaba a punto de darse la vuelta y marcharse cuando vio a una tercera persona unirse a la mesa: Leah. La chica se acercó a Colin y lo besó con naturalidad. Evan se quedó paralizado. ¿Por qué Leah estaba con Colin si él era el "amante" de Charlotte? Las piezas no encajaban.

—Evan está aquí —susurró Charlotte a sus amigos, sintiendo un nudo en la garganta al verlo con otra mujer.

—Deberías hablar con él —sugirió Leah.

—No escuchará. Es Evan —sentenció ella—. Solo espero que el plan funcione y puedas recuperar a tu amigo, Colin. Siento haberte metido en esto.

A la mañana siguiente, una visita inesperada llamó a la puerta de la suite de Charlotte. Era Galatea.

—Quiero escucharte —dijo la castaña al entrar—. Cuéntame qué pasó realmente esa noche en la discoteca.

Charlotte suspiró. El cansancio la vencía. —Fuimos todos juntos: Kiersten, Colin, Leah, Evan y yo. Kiersten siempre estuvo obsesionada con él. Esa noche, ella lo convenció para que la acompañara a su casa a buscar algo. Me quedé sola y tu primo me dio unos tragos... sabían raro. Me sentí mal, perdí el control de mi cuerpo. Zacarías intentó tocarme y Colin, que vio mi cara de pánico, me sacó de allí y me llevó al baño para protegerme hasta que Evan volviera.

Charlotte hizo una pausa, las lágrimas asomando en sus ojos. —Cuando Evan entró y nos vio, el plan de tu primo y Kiersten ya estaba ejecutado. Inventaron lo del engaño para separarnos. Nunca quisieron escuchar mi versión. Solo Leah me creyó.

Galatea guardó silencio, procesando el peso de la injusticia. —Es una mierda, Charlotte. Tienes que decírselo a Evan.

—No. Él es feliz ahora, lo vi anoche. Solo me quedaré para el evento de Montgomery Inc. la próxima semana y luego regresaré a América. Prométeme que no dirás nada, Galatea.

—No puedo prometer eso... —murmuró Gala.

—Promételo. Por lo que alguna vez fuimos.

—Está bien —mintió Galatea, mientras en su cabeza ya empezaba a tramar cómo derribar el muro de mentiras que había destruido a su hermano y a su mejor amiga.




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