El regreso de Charlotte

Capítulo 12: El rugido de Kassandra

El silencio de la mansión Kasdovassilis se rompió no con un grito, sino con el sonido de unos tacones golpeando el mármol con la fuerza de un huracán. Kassandra Kasdovassilis, la madre de Charlotte, había aterrizado en Atenas. No venía como la heredera sumisa, sino como una mujer que finalmente había roto las cadenas del silencio.

Entró al despacho de Constantine sin llamar. El anciano, hundido en su propia miseria, palideció al verla.

—¡Kassandra! No sabía que...

—¡Cállate, padre! —le espetó ella, arrojando su bolso sobre el escritorio—. He pasado cuatro años viendo a mi hija romperse en Nueva York. He vivido cada noche de su dolor. Si no vine antes a escupirte a la cara, fue porque Alexander me lo prohibió, jurándome que él se encargaría de protegerla a su manera y que mi presencia aquí solo empeoraría la guerra familiar. ¡Pero ya basta de hombres decidiendo por mí!

—Kassandra, yo creía que las pruebas de Zacarías eran reales...

—¡Tus pruebas eran el veneno de tu orgullo! —Kassandra se inclinó sobre el escritorio—. Charlotte casi se quita la vida, padre. Pasó meses sumida en la oscuridad porque su propio abuelo la llamó "zorra" y la echó a la calle. Alexander me mantuvo lejos para "protegerme", pero hoy la guerra la declaro yo. ¡Se termino! Y me llevo cada recuerdo que tengo de ti. Quédate solo en este palacio de mármol frío. Es lo que te mereces.

Kassandra salió del despacho sin mirar atrás, dejando a Constantine reducido a un hombre que finalmente entendía que su linaje se había extinguido por su propia mano.

Esa noche, a pesar de la tormenta familiar, Evan convenció a Charlotte de asistir a una gala benéfica de la Fundación Thalassinos. Quería que el mundo viera que ella era la mujer que gobernaba su vida. Charlotte lucía espectacular en un vestido de seda color esmeralda, pero por dentro se sentía de cristal.

Mientras Evan se alejaba un momento para hablar con su padre, Stavros, una figura conocida se materializó desde las sombras de la terraza: Caroline. La pelirroja lucía un vestido rojo sangre y una sonrisa cargada de veneno.

—Vaya, la "resucitada" —soltó Caroline, bloqueándole el paso—. Debo admitir que tienes agallas para aparecerte aquí después del espectáculo que dio tu padre. Se nota que necesitas que te defiendan, como a una niña.

—No tengo nada que hablar contigo, Caroline —respondió Charlotte, intentando mantener la frente en alto.

—Oh, pero yo sí. Disfruta mientras dure, querida. Evan tiene un complejo de culpa muy grande. Se siente responsable de lo que pasó con Zacarías y por eso corre a tus pies, pero no confundas lástima con amor.

Charlotte se tensó, pero Caroline se acercó más, destilando ponzoña al oído.

—¿Sabes lo que me decía Evan hace apenas un mes? Decía que tú eras un recuerdo borroso, una sombra que ya no significaba nada. Que él ya me amaba a mí, que yo era la mujer que realmente encajaba en su mundo. Ahora está contigo por "deber", por limpiar su conciencia ante la sociedad griega. Pero en cuanto el escándalo pase y la culpa se enfríe, volverá a buscarme. Él ya eligió, Charlotte. Tú eres solo su pasado trágico; yo soy su presente real.

Charlotte sintió que el mundo se desdibujaba. Sabía que Caroline era una manipuladora, pero las inseguridades de cuatro años de abandono eran como grietas que absorbían cada palabra.

—No te creo —susurró Charlotte, aunque su voz temblaba.

—¿Segura? —Caroline rió con frialdad—. Pregúntale por qué guardó mis fotos en su teléfono todo este tiempo. Pregúntale por qué me decía que agradecía que te hubieras ido, porque así pudo conocer la pasión de verdad. Estás viviendo una fantasía de redención, Charlotte. Él no te ama, solo intenta no sentirse un monstruo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas y buscó desesperadamente una salida, sintiéndose pequeña y sucia otra vez. Justo cuando Evan regresaba a su lado, ella se soltó de su brazo con brusquedad.

—¿Lottie? ¿Qué pasa? —preguntó Evan, mirando con furia a Caroline.

—Pregúntale si soy solo tu "pago por la culpa" —susurró Charlotte antes de salir corriendo hacia el jardín, incapaz de respirar.

Evan se quedó paralizado un segundo antes de volverse hacia Caroline con una mirada que prometía la destrucción total de su mundo social.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.