El jardín de la Fundación Thalassinos era un laberinto de estatuas, pero Evan conocía cada rincón. Antes de ir tras Charlotte, hizo una seña rápida a dos de sus hombres de seguridad personal.
—Retengan a Caroline en la terraza. Que no se mueva de ahí hasta que yo regrese —ordenó con una voz gélida.
Encontró a Charlotte junto a una fuente, abrazándose a sí misma. El vestido esmeralda brillaba bajo la luna, pero ella parecía querer romperse.
—Lottie —susurró él, acercándose—. Mírame, por favor.
—¿Es por culpa, Evan? —preguntó ella sin girarse—. ¿Estás conmigo porque no puedes soportar el peso de lo que me pasó? ¿Soy tu penitencia? ¿Ella es a la que realmente amaste estos años?
—Nunca vuelvas a decir eso —la tomó de los hombros y la obligó a girarse—. Ven conmigo. Ahora mismo vas a escuchar la verdad, y ella también. Porque no voy a permitir que su veneno ensucie lo que siento por ti.
Evan la llevó de la mano de regreso a la terraza privada. Allí, Caroline forcejeaba con la seguridad. Al ver a Evan llegar con Charlotte, intentó recuperar su máscara de suficiencia.
—Evan, querido, diles que me suelten. Tu "pajarito herido" no aguanta que le digan cómo fueron las cosas entre nosotros —soltó Caroline con malicia.
Evan se detuvo a un metro de ella, apretando la mano de Charlotte para que sintiera su pulso firme.
—Escúchame bien, Caroline, porque estas son las últimas palabras que vas a escuchar de mi boca —dijo Evan, y su voz proyectaba un desprecio que hizo que la pelirroja retrocediera—. Nunca te amé. Ni un solo día, ni un solo segundo de los meses que "pasamos" juntos.
—Eso es mentira, Evan... las noches, las cenas...
—¡En las cenas apenas te miraba y en las noches solo cerraba los ojos deseando que fueras otra persona! —la interrumpió Evan con una crudeza que dejó a Caroline muda—. Nunca te dije que te amaba, nunca te hice una promesa, porque para mí no eras más que un ruido de fondo. Estuve contigo por pura inercia, por intentar convencer a mi padre y a esta sociedad de que seguía vivo, cuando en realidad estaba muerto por dentro desde que Lottie se fue. Fuiste una distracción vacía, Caroline. Una sombra que usé para no enfrentarme a mi propia soledad.
Charlotte miró a Evan, viendo la sinceridad brutal en sus ojos. No había rastro de duda. Caroline, por su parte, empezó a temblar; su orgullo se desmoronaba frente a los guardias y frente a la mujer que ella despreciaba.
—Si hubiera sentido una pizca de lo que tú inventas —continuó Evan—, no habría movido cielo y tierra para encontrarla. No habría desafiado a mi familia, ni al abuelo de Charlotte, ni al mundo entero por ella. He pasado cuatro años en un desierto emocional porque la única persona a la que amo, la única que ha habitado mis pensamientos cada maldita noche, es ella. Tú no fuiste nada, Caroline. Absolutamente nada. Solo el recordatorio constante de que nadie podía ocupar el lugar de Charlotte Montgomery.
Se giró hacia Charlotte, ignorando por completo la existencia de Caroline. —Lottie, tú no eres mi culpa. Eres mi vida. No estoy aquí por deber; estoy aquí porque sin ti, el resto de mi existencia no tiene ningún sentido.
Caroline intentó replicar, pero Evan simplemente le hizo un gesto a los guardias. —Llévensela. Y asegúrense de que su nombre sea borrado de cualquier lista de esta familia. No quiero volver a respirar el mismo aire que ella.
Caroline fue escoltada fuera, derrotada y humillada, mientras Evan atraía a Charlotte hacia su pecho, ocultando su rostro en su cuello. —Perdón por dejar que ese veneno te tocara. Nunca más, Lottie. Te lo prometo.
Charlotte finalmente suspiró, dejando que la tensión abandonara su cuerpo. La duda se había disipado.
Editado: 01.03.2026