El regreso de los dioses

Tlatoc el dios de la lluvia

 

Aquella experiencia desagradable con el sinsimito había terminado, Tzilacatzin y los guerreros otomís le entregaron al tlatoani los restos del enemigo, cumpliendo una vez más con su deber, Moctezuma estaba orgulloso de contar con un ejercito tan competente y poderoso, su angustia se había desvanecido al saber que ahora las mujeres de su imperio podrían vivir en paz, al menos hasta la siguiente amenaza.

Lucia había tratado de dejar atrás su vergüenza y pensaba que con un poco de suerte Tzilacatzin no habría visto nada, no importaba que tan sexy fuera ese hombre, ella no seria su esposa, al menos es lo que pensaba.

Habían pasado tres semanas y el festival al dios Tlaloc se llevaría a cabo ese día, Tlaloc era el dios de la lluvia y del relámpago, para los aztecas este dios era el rey de los fenómenos atmosféricos y el espíritu de las montañas, así que su poder era digno de grandes honores, así como de un sinfín de sacrificios, se le invocaba para agradecer su intervención cuando las cosechas eran exitosas y también cuando las sequias aparecían.

Todos estaban muy solemnes debido a esta celebración, Lucia no sabia lo que vería, tenia miedo de volver a presenciar sacrificios humanos y no estaba tan alejada de la realidad, especialmente en esta celebración al dios de la lluvia, se ofrecían niños como sacrificio a los ayudantes de Tlaloc, los tlaloques, estos eran llevados a los montes para que les sacaran el corazón, además de que varias personas eran ahogadas en honor a esta deidad.

 La vida de Lucia era como el de una princesa ahora, tenía criadas a su disposición, no le permitían realizar tareas del hogar porque era algo mal visto para las personas nobles, así que recibía tratamientos de belleza, baños perfumados todos los días, incluso dos veces al día, era tan bella que las mujeres que la atendían se peleaban por servirla, pues decían que atenderla les daba buena suerte y los dioses las miraban con buenos ojos.

Para el festival lucia se sentaría cerca de la familia del tlatoani, es decir con su esposa Tezalco y con su hija Ixcaxochitzin quien estaba profundamente enamorada de Tzilacatzin y guardaba su amor en secreto, el tlatoani Moctezuma llego atener diecinueve hijos, pero como Tezalco era su esposa legitima solo Ixcaxochitzin y algunos de sus hermanos eran reconocidos como legítimos.  

—Se ve realmente preciosa Siuapilli (significa princesa)

—Dicen que la protegida de su padre es la mujer más hermosa del imperio, pero solo son rumores, no hay nadie igual a usted. —le dijeron sus criadas a la princesa Ixcaxochitzin, una mujer de gran belleza, cabello castaño hasta las caderas, trenzado y adornado con plumas y joyas preciosas, tenia unos labios carnosos y rojos y sus ojos eran como los de un siervo, hermosos y brillantes como las estrellas mismas.

La princesa y sus criadas se dirigían al lugar donde presenciarían los sacrificios al dios de la lluvia, hasta ese momento, la princesa y Lucia no se habían visto en persona, los rumores de que su padre habían comprometido a la extranjera con su amado Tzilacatzin le rompieron el corazón y sufría en silencio, pues era conocida por ser una mujer sabia, inteligente, de buenos modales y etiqueta, el sueño de cualquier hombre.

No podía comprender como su padre se había atrevido a tanto, si bien, era evidente que los dioses tenían un propósito para su vida, creía que comprometerla con el guerrero más importante de Tenochtitlan era una exageración, un honor que debía ser para ella.

La princesa era una mujer segura de si misma y de sus dotes he intelecto, orgullosa, pensaba que esa tal iztlasihuatil era inferior a ella y la menospreciaba sin siquiera conocerla.

Una vez que atravesaron la gran puerta sus oídos recibieron como siempre los gritos de jubilo que le pueblo siempre le dedicaba cada vez que la veían, antes, ella y su familia eran lo más cercano que había de los dioses y eran elogiados y respetados por todo el mundo.

Sonriente saludo con su elegancia y gracia de siempre y una vez que estaba por sentarse, el pueblo grito con mucha más fuerza y lloraban y se emocionaban con la presencia de Lucia, quien recientemente acababa de cruzar la puerta, los ojos de la princesa se abrieron de golpe e incrédula volteó hacia atrás y se quedo sorprendida de lo hermosa que era aquella mujer que sin mucho esfuerzo había conquistado el corazón del imperio mexica.

—¿Por qué la ovacionan tanto? —preguntó la esposa del tlatoani confundida.

—Es protegida por los dioses, además de que los rumores de que ella había ayudado en la captura del sinsimito incremento su popularidad, probablemente el color de su piel ya no les importe tanto. —dijo Moctezuma a quien no le importaba que la elogiaran.

—Debes callarlos, después la gente creerá que ella es un dios. —exclamó la mujer llena de indignación.

—Deja que la gente la salude, es más poder para nosotros.

—Yo no estaría tan segura. —manifestó Tezalco con una expresión de molestia y añadió. —suficiente es que se siente en el mismo lugar que nosotros.

El tlatoani levantó su mano y la multitud comenzó a callarse y poco después los sacerdotes tomaron la palabra para dar inicio con las celebraciones.

—Ah… hola soy Luci…digo, mi nombre es iztlasihuatil, es un placer conocerla princesa.

Le dijo Lucia con amabilidad, pero la princesa no le respondió palabra, si no que la ignoro de manera arrogante.

—Ah…ok…— Lucia se sintió incomoda, pero se sentó donde le habían indicado y llena de nerviosismo por lo que habría de presenciar permaneció atenta, con ceniza aun lado de ella lamiéndole los dedos del pie.

—¡Es un verdadero placer para nosotros celebrar este año tan solemne evento! ¡hoy tendremos ofrendas especiales en honor al dios Tláloc! —decían los sacerdotes llenos de jubilo mientras el pueblo gritaba emocionado.

—No puede ser… nuevamente asesinaran a personas inocentes… —se decía sí misma Lucia aterrada.




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