El regreso de los dioses

Tezcatlipoca el dios de la oscuridad

 

 

 El dios de la noche, cullas manos poseen el espejo con cualidades mágicas, el cual emana un humo mortífero que es capaz de matar a sus enemigos, también conocido como el dios del espejo humeante , se dice que este dios era hermoso y siempre tenia un aspecto joven y viril, poseía unos ojos brillantes color carmín y su cabellera oscura le llegaba a la cintura, su cuerpo bien definido y esculpido, con una personalidad conflictiva y compleja, caprichoso, dios de lo invisible, la oscuridad, el dios más temido y reverenciado por sus maldades y bondades para el hombre, según su estado de ánimo, se dice que es el hermano del dios Quetzalcóatl, según el mito de su dualidad, tiene una antagonía cosmogónica   , Quetzalcóatl era llamado el Tezcatlipoca blanco y a su hermano el oscuro, era como un anti héroe o un villano.

Lucia sintió que un escalofrió le recorría el cuerpo y su corazón se inquietó llenándose de miedo, humo negro comenzó a salir del suelo y Tzilacatzin comenzó a marearse soltando al lobo quien chillaba y se revolcaba de dolor, el tiempo se puso lento, podían escuchar su respiración.

—¿Qué me pasa? ¿Por qué de repente tengo tanto pavor? Jamás sentí tanto miedo en mi vi…. —justo detrás de Lucia alguien le susurró al oído.

—Nos volvemos a ver Mayahuel.

La voz de aquel hombre era varonil y muy grave, casi parecía un gruñido o la voz de una bestia, con sus manos le recorrió lentamente el cuerpo a Lucia hasta que la envolvió entre sus brazos, eran fuertes y de un color bronceado, tenia marcas oscuras en ellos, como si fueran tatuajes, la piel de Lucia se erizaba y no podía dejar de temblar.

—¿Puedo llamarte así? Tienes tantos nombres que debes sentirte perdida, Mayahuel, Iztaccíhuatl, Lucia…¿Quién eres en realidad? Te lo preguntas todo el tiempo…el olor de tu piel sigue siendo el mismo, solo que tu divinidad esta marchita, Mayahuel, la diosa que fue asesinada ha vuelto a la vida con la deshonrosa forma de una humana.

—¿Quién eres tú? ¿Por qué me eres tan familiar? —le preguntó Lucia temblorosa.

—Yo soy el dios Tezcatlipoca, pero ya nos conocemos, más de lo que crees. —Tezcatlipoca le hizo un lado el cabello a Lucia y le besó el cuello para después apretarla contra su cuerpo.

—¿Qué quieres de mí? ¿Qué haces aquí?

—Solo vine a darle un poco de fuerza a esa criatura que me sirve con tanto esmero, el guerrero que nos mira como si quisiera asesinarme le ha roto las costillas y siento algo de compasión por el nahual, pero… ¿ya lo habías descubierto no es así? Que esa criatura es humana.

—¿Tu eres quien ha mandado monstruos a Teotitlán? ¿eres tu el responsable?

—SI…—externó Tezcatlipoca con una sonrisa perversa y añadió, esto solo es el principio de todas las calamidades que se vienen para ustedes, el revivir a una diosa y traerla de vuelta en forma de una humana es realmente vergonzoso, tu debiste dejar de existir, no importa el motivo por el cual te haya traído de vuelta esa mal nacida de Micteccasihuatl, tu destino era perecer…¿creen que podrán impedir la conquista? ¿Qué los hombres dejen de adorarlos? Solo los verdaderos dioses permanecemos por la eternidad, los débiles simplemente serán olvidados, así como te pasó a ti, difunta diosa del maguey.    

Tzilacatzin intentaba liberarse de aquella parálisis en la que se encontraba, era la primera vez que veía al dios Tezcatlipoca y podía sentir toda su maldad, el cielo se oscurecía dándole lugar a las penumbras que formaban parte del reino de esta misteriosa deidad, Tzilacatzin puso todo su empeño por poder soltar su lengua y articular las siguientes palabras, al ver que el dios paseaba sus manos por el cuello y cintura de Lucia.

—Su…suéltala…—exclamó Tzilacatzin con gran dificultad llamando la atención de Tezcatlipoca.

—Tu prometido tiene fuerza de voluntad, lastima que no le servirá para nada, tendrá que ver como deslizó mis dedos por tu delicada y blanca garganta.

¿Qué es lo que hará? ¿acaso me cortara la garganta? ¿Querrá asesinarme? ¿Por qué le tengo tanto miedo? Ni siquiera Micteccasihuatl me infundía tanto terror, debe ser por que este dios tiene un aura maligna…cada vez se acerca más a mí, se que ya antes lo había visto, quizás a en mi otra vida.

Tezcatlipoca se colocó frente a Lucia y ella pudo apreciar su rostro, era tan hermoso como malvado, tenia frente a ella al verdadero villano de esta historia.

—Tus ojos…fueron de los últimos que vi cuando era Mayahuel…

—Tu mente esta muy afectada, tienes lagunas mentales, si recordaras todo te morirías otra vez, jaja. —exclamó Tezcatlipoca con una sonrisa perversa y añadió. —pero debo admitir que eres tan hermosa como te recordaba, esta versión tuya me gusta mucho más, por eso por ahora no voy a asesinarte, mi flor del desierto.

Tezcatlipoca besó los labios de Lucia dejándola en shock, pues ella también estaba paralizada y no se podía mover.

Tzilacatzin logró ponerse de pie y aunque la gravedad estaba en su contra empuño su arma y miró con desprecio a Tezcatlipoca, daba un paso a la vez, sorprendiendo al dios por su fuerza y determinación.

—Aun así, eres muy lento guerrero, me gusta tu mujer, jaja, talvez le robe otro beso y quizás su corazón.

Tezcatlipoca sacó una bruma grisácea con la que sano los huesos rotos del hombre lobo, solo que este tampoco podía moverse debido al efecto del poder del dios de la oscuridad, las cosas se veían muy complicadas para nuestros héroes, cuando de repente calló del cielo un rayo que hizo temblar a toda la tierra, era Quetzalcóatl quien había descendido del cielo como un relámpago, solo que en esta ocasión estaba en su forma humana.

—¡Aleja tus manos de ella! —le ordenó Quetzalcóatl mirándolo con un profundo desprecio y lo golpeó en el rostro y lo lanzo con tal fuerza que el cuerpo de Tezcatlipoca parecía de trapo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.