Hace muchos años existió una gran civilización en un planeta que les brindaba todo lo que sus habitantes necesitaban, los humanos, sin embargo, nada era suficiente para ellos y dejaban de codiciar más. Con los años los humanos sólo se dedicaron a tomar y tomar; tomar de su planeta, tomar de otras personas, sólo tomaban y daban nada a cambio lo que provocó que su planeta poco a poco fuera muriendo.
Cuando a los humanos les pareció que, lo poco que ahora les podía dar su mundo no era suficiente para todos, inició una gran guerra por el control. En el tiempo de conflicto, los humanos lo destruyeron todo, su civilización, los recursos de su planeta, unos a otros. Los pocos sobrevivientes ya no tenían la energía ni las ganas de iniciar una nueva batalla por lo poco que quedaba y en su lugar trataron de hacer lo que sus antepasados no pudieron: Compartir.
Al principio, parecía que las cosas iban a funcionar, pero entonces, hubo opiniones que volvieron a dividir la civilización que empezaba a nacer. Una parte de los sobrevivientes quería encontrar el modo de regresar la tecnología que alguna vez tuvieron, ya que pensaba que eso facilitaba la vida. Pero, muchos otros veían la tecnología como lo que destruyó su mundo, empezaron a creer que esos llamados “progresos” era una aberración, algo que jamás, jamás debió existir, por lo que se oponían firmemente a intentar traerlos de vuelta asegurando que para evitar otra catástrofe así, era necesario que las personar siguieran el ejemplo de los animales vivieran sólo de lo que la tierra podía dar sin alterar su orden natural. Incapaces de ponerse de acuerdo, las discusiones rápidamente escalaron a la violencia y antes de que se dieran cuenta empezó otra guerra por el control.
Sin embargo, al ser la mayoría, los que deseaban acabar con la tecnología ganaron cada discusión y al final ganaron la guerra, pero ni aun así hubo paz y la facción vencedora decidió tomar medidas drásticas. Aquellos que seguían negándose a obedecer, fueron desterrados de los únicos espacios verdes o “vivos” que quedaban, forzándolos a vivir en una ciudad en ruinas cercana al lugar, donde sólo había escombros, basura y muerte; sin embargo, hallaron el modo de sobrevivir y esa zona fue conocida como las Tierras Oscuras.
A partir de entonces, los que ganaron la guerra y se quedaron con el valle llamaron a aquellos que desterraron “Forasteros” y estos, a su vez, llamaron a los que los echaron de su hogar “Salvajes” puesto a que habían cumplido con lo que dijeron y se comportaban como animales, semidesnudos, viviendo en cuevas y cazando con sus uñas, dientes y grandes rocas. Mientras que los forasteros vestían verdadera ropa, usaban armas rusticas y trataban de mantener vivos los viejos conocimientos de la humanidad, como leer y escribir. De vez en cuanto, algunos de estos forasteros entraban en secreto al valle tratando de conseguir alimento, por lo cual, el rey en turno de los salvajes los echaba. Aunque los forasteros tenían armas, los salvajes eran más y no podían ganarles. Y así pasaron incontables generaciones.