El Reino

Capítulo 1

En un pequeño rincón bajo unas rocas, un ratón de campo recién salía de su guarida cuando olió que algo se acercaba y trató de huir de regreso al agujero, sin embargo, no fue suficientemente rápido. Una mano lo atrapó, lo sujetó de la cola y lo acercó a su cara. Era una mujer considerablemente delgada de cabello negro azabache, con una cicatriz que atravesaba verticalmente su ojo izquierdo.

Ver a ese pequeño roedor luchando por zafarse de su agarre, la hizo recordar con amargura, cómo había llegado a ese punto, teniendo que depender de animales tan pequeños para poder sobre vivir.

Flashback:

  • No entiendo por qué te molestas, maté más venados con mi arco en tan sólo unas horas, que los que mata toda la tribu junta en una semana.
  • Así no es como lo hacemos, así no es como la naturaleza caza. Un animal no puede usar ese tipo de cosas, así que nosotros tampoco las usamos.
  • Es estúpido, nosotros tenemos la capacidad ¿Por qué no usarla?
  • ¡Así no hacemos las cosas! ¡Ya deja de cuestionarme, hermana, soy tu reina, debes obedecer!
  • Me niego a seguir pasando hambre sólo por sus supersticiones.
  • Pues si así lo quieres, entonces escucha bien: Cada animal que caces con ayuda de esas cosas será para la tribu primero, tú comerás después de que todos hayan saciado su hambre.
  • ¿Me harás comer las sobras junto a los ancianos?
  • No, creo que no entendiste. Incluso los ancianos pasaron su vida siguiendo fielmente las reglas, a diferencia de ti. Tú comerás después de ellos.
  • No puedes estar hablando en serio. ¡Ellos no dejan casi nada!
  • Hablo muy en serio, si no quieres tener que pasar por eso, deja estas locuras de artefactos y caza como el resto de nosotros.

Fin del flashback

  • La vida no es justa ¿Verdad? -miró al ratón retorciéndose en su mano-. Verás, yo… nunca seré la reina. Y tú… nunca verás la luz de otro día, ja, ja, ja, adiós. –La mujer se disponía a matar al ratón cuando un hombre de baja estatura la interrumpió.
  • ¿Nunca te dijo tu madre que no jugaras con tu comida?
  • Tú ¿Y ahora qué quieres?
  • Vengo a comunicarte que la reina Munira está encamino. Espero que tengas una buena excusa por haber faltado a la ceremonia. –Mientras lo escuchaba, la mujer se distrajo y el ratón logró escapar, escondiéndose de nuevo en su guarida.
  • Zazú, me hiciste perder mi desayuno.
  • Ja, perderás más que eso cuando la reina termine contigo. Está más enfurecida que un rinoceronte.
  • Uh… estoy temblando de miedo. –La mujer miró al hombre como si se tratara de otra presa, mientras se acercaba a él lentamente.
  • Ya Scarlett, no me mires así… ¡¡AUXILIO!! –Lo sujetó contra el suelo y se sentó sobre él mientras apretaba su cuello con un bastón de madera negra que siempre llevaba consigo.
  • Scarlett -al escuchar esa voz, la mujer volteó-. Suéltalo. –Era una mujer notoriamente más corpulenta de cabello rojizo.
  • Siempre tan oportuna majestad. –La azabache soltó al hombre y se levantó para encontrarse con la reina.
  • ¡Vaya! Mi amada hermanita desciende de las alturas para mezclarse con los plebeyos. –Dicho eso, volvió a alejarse y sólo caminó por ahí.
  • Sabino y yo no te vimos en la presentación de Subira.
  • Ah, ¿Era hoy? ¡Ah! ¡Me siento en verdad terrible! -Golpeó la pared con su batón y la arañó con él, provocando un horrible ruido-. Se me debió haber pasado.
  • ¿Sí? Eso es algo imperdonable. Como hermana de la reina ¡Tú debiste estar en primera fila! –Scarlett volvió a amenazarlo con su bastón, por lo que salió corriendo, escondiéndose detrás de Munira.
  • Yo NACÍ en primera fila, por si lo olvidaste, y ahora llegó ese ¡Saco de huesos!
  • El saco de huesos, es mi hija ¡Y tu futura Reina!
  • Oh… ensayaré mi reverencia. –Tras eso dio media vuelta y empezó a alejarse, cosa que no le agradó mucho a la reina.
  • No me des la espalda a mí, Scarlett.
  • Ah, no, Munira, será mejor que tú dejes de dármela a mí. –La azabache siguió caminando, pero la pelirroja gruñó, corrió hacia ella y se paró justo en frente para impedir que siguiera avanzando.
  • ¡¿Es un reto, Scarlett?!
  • Calma, calma, jamás me atrevería a retarte. –En ese momento Zazú se volvió a acercar.
  • Lástima ¿Por qué no?
  • En la inteligencia siempre tendré las de ganar, pero en cuanto a la fuerza bruta…. Bueno, creo que la dieta en la que me tienes y el entrenamiento especial que recibiste de nuestros padres, se encargaron de definir eso, hermanita. –Rodeó a Munira y siguió su camino.
  • (Suspiro) hay uno en cada familia. Dos en la mía. Y siempre arruinan las ceremonias reales.
  • (Suspiro) ¿Qué voy a hacer con ella?
  • Con todo respeto, su alteza, debió haberla desterrado desde hace tiempo, incluso sus padres debieron hacerlo, todos lo saben.
  • No, ellos jamás habrían podido ¿Cómo lo harían? La amaban mucho, el simple hecho de despojar a su primogénita de sus derechos de nacimiento fue un golpe demasiado duro para ellos. Estoy segura de que eso fue lo que los mató. –Dio media vuelta y caminó hacia la roca del rey, donde estaba una gigantesca cueva donde dormía toda la tribu, todos menos Scarlett. Zazú fue detrás de ella.
  • Bien, entiendo eso, pero entonces podría hacerlo usted.
  • ¡No! Eso jamás pasara, es mi gemela, mi hermana mayor, yo siempre la he admirado y ella siempre tendrá un hogar en esta tribu mientras yo exista.
  • Mi reina… usted sabe bien… que ella es peligrosa y muchos creen que jamás ha tenido un lugar real aquí. Además ¿Qué podría admirarle a alguien como ella?
  • ¿Qué? Pues simplemente su fuerza de voluntad y su determinación. De alguna manera logra crear esos artefactos de la nada. Serán peligrosos, pero sigue siendo algo increíble. También está el hecho de que, a pesar de todos sus castigos, sigue siendo fiel a sus ideales sin dudar. Es algo que le admiro mucho.
  • Entiendo eso su majestad, pero… no cambia el hecho de que sigue siendo peligrosa para todos.
  • Scarlett jamás será reina, tengo una heredera y ella tendrá otros con el tiempo. La tribu estará a salvo, pero… si las cosas escalan… mi hija se encargará de desterrarla si llega a ser absolutamente necesario. –Ambos dejaron de hablar y sólo siguieron caminando.




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