Capítulo 2
Cuando la princesa regresó a la gran roca del rey, fue de inmediato a la pequeña cueva aislada donde vivía su tía. La cual estaba trabajando en uno de sus nuevos artefactos. Este era un refrigerador que funcionaba con luz solar. Mientas terminaba de darle los últimos ajustes, recordó la razón por la que vivía en una cueva separada a la del resto de la tribu. Hubo un día en el que había intentado construir una puerta y una chimenea en la cueva donde dormían todos y eso no fue del agrado de nadie.
Flashback
- ¡¡¿Pero qué demonios Scarlett?!!
- No entiendo por qué te molestas. Con la puerta ya no entrará tanto frio en invierno y la chimenea ayudará a mantenernos más calientes en la noche.
- ¡¡ESTO ES ANTINATURAL!! ¡¿Es tan difícil de entender?! ¡Alteras estructuras que la naturaleza creo! ¡Si las hizo así es por una razón, nosotros no tenemos derecho a alterarlas!
- Lo antinatural es dejar que una decena de nuestra gente muera cada invierno a causa del frio cuando existe una manera para evitarlo.
- ¡¡ASÍ NO HACEMOS LAS COSAS!!
- ¡Pues no me arriesgaré a morir de frío sólo por tu miedo no justificado!
- ¿De verdad crees que es injustificado? ¿Aún después de todas las historias de los ancianos?
- No me arriesgaré a morir de hipotermia sólo por eso.
- Entonces es mejor que busques otro lugar donde dormir.
Fin del flashback
Tras recordar, la mirada de Scarlett se oscureció. Si bien el estar sola en una cueva propia le había brindado toda la libertad de crear los artefactos que quisiera sin que nadie le dijera nada (incluyendo una puerta de madera y metal que con siguió de las Tierras Oscuras y una chimenea para calentarse en invierno), a la azabache le seguía molestando la manera en la que fue echada de la cueva en la que había nacido y crecido.
- Tía Scarlett, adivina. –Al escuchar la voz de su pequeña sobrina, a la azabache se le volvieron a iluminar los ojos, volteó a verla con una cálida sonrisa mientras guardaba sus cosas para ponerle más atención.
- Sabes que aborrezco las adivinanzas.
- Voy a convertirme en reina. –Sonrió emocionada y parándose firme.
- Oh, grandioso.
- Mamá me enseñó el reino, y voy a ser soberana de todo, ja, ja.
- Sí. Eso es excelente, ahora ven a ver esto. Con esta cosa la carne se conservará por más tiempo. Vamos mira pon tu mano aquí -la niña obedeció y sintió el frio salir de la máquina- ¿Qué tal? Ese frio es lo que conservará más tiempo los alimentos. –Subira parecía tan emocionada igual que cada vez que su tía le mostraba algo nuevo, pero esta vez dio unos pasos atrás.
- Mi mamá me dijo que estas cosas están prohibidas en el valle. Dice que son peligrosas.
- Ah ¿Y tú crees eso? –La niña lo piensa un momento.
- La ley… existe por una razón. –Scarlett tenía una clara decepción en los ojos, pero aún conservaba su sonrisa.
- Ya veo. –Dicho eso se dejó caer en la cama que se había hecho con hojas secas y pieles de animales que encontraba por ahí. Al verla recostada, Subira corrió a recostarse en su pecho y la azabache empezó a acariciarle la cabeza.
- Tía Scarlett, cuando sea reina ¿Seguirás creando esos artefactos?
- Seguramente sí ¿Por qué? –Continuó acariciando la cabeza de su sobrina.
- Porque… mi madre me dijo que si, cuando sea reina tú sigues haciendo esas cosas, será mi deber desterrarte del valle, por el bien del reino. –Scarlett se detiene un segundo y después continuó acariciándola.
- Oh, ya veo ¿Y si llega el momento, tú lo harás?
- Mamá dice que es mi deber como reina proteger el reino de cualquier amenaza y que eso incluye tus proyectos, así que sí, como reina lo haré.
- Jm… entiendo. -la azabache se puso de pie y empezó a caminar-. Así que mi hermana te enseñó todo el reino ¿No?
- ¡Todo! –La pequeña siguió a su tía aun sonriendo por lo entusiasmada que seguía del paseo que tuvo con su madre.
- Pero no te enseñó lo que hay en el límite norte. –Se detuvo mirando fijamente a ese lugar. La niña sólo se encogió de hombros.
- Ah, no. Dijo que no fuera allá.
- Y tuvo mucha razón, es muy peligroso, sólo los valientes se atreven.
- Soy valiente ¿Qué hay allá?
- Lo siento Subira, no puedo decírtelo.
- ¿Por qué?
- Subira, Subia, estoy cuidando el bienestar de mi sobrina consentida. –Acarició la cabeza de la pequeña de manera juguetona.
- Sí, pero soy tu única sobrina.
- Con más razón debo protegerte. Una ciudad en ruinas no es para las jovencitas. –Al decir eso, se cubrió la boca de inmediato con una expresión de sorpresa y preocupación.
- Una ciudad en ¿Qué? Wow….
- Oh, cielos se me salió. Bueno, supongo que lo ibas a saber algún día, ya que eres tan inteligente. -abrazó a su sobrina-. Pero ven, hazme un favor, prométeme que nunca, nunca irás a ese horrible lugar. –La niña guardó silencio unos segundos antes de responder.
- Lo prometo.
- Así me gusta, ahora vete a jugar. -le dio un pequeño empujón a Subira para que se fuera de su cueva-. Y recuerda, será nuestro secreto. –La niña asintió, sonrió y se fue corriendo.