Capítulo 3
- Ja, ja, ja, ja. Vaya, vaya, vaya Banzai ¿Qué tenemos aquí?
- Ah, pues no lo sé Shenzi ¿Tú qué crees Ed?
- Ja, ja, ja, uh, ja, ja, ja.
- Eh, eso mismo pienso yo ¡Un trio de tres pasantes! –Zazú trató de hablar educadamente con los sujetos que acababan de llegar.
- Es por un accidente se los aseguro, un pequeño error de navegación. –Con cuidado trató de apartarse junto con los niños, pero Shenzi lo detuvo.
- ¡Ah, no, no, esperen un momento! Te conozco, eres el bufón de Munira ¿No?
- Yo, madam, soy el mayordomo de la reina. –Otro de los hombres miró sonriente a la pequeña princesa.
- Entonces tú debes ser….
- ¡La futura reina! –La mujer igual, dirigió su atención a la niña.
- ¿Sabes lo que le hacemos a las reinas que se salen de su reino?
- Bah, no pueden hacerme nada a mí.
- Eh, técnicamente sí, estamos en sus tierras. –A pesar de que el mayordomo haría lo que pudiera para proteger a los niños, sabía que no podría hacer gran cosa, por lo que intentaba que la joven princesa no empeorara más las cosas con sus palabras. Pero no parecía resultar.
- Pero Zazú, me dijiste que eran unos dementes roñosos y torpes.
- No, grandísimo tonto. –Trató de susurrar, pero uno de los hombres lo escuchó.
- ¡¿A quién le dices gran tonto?! ¡¿Eh?!
- ¡Válgame! Sólo miren el sol, ya es muy tarde.
- No se vayan ¿Por qué no se quedan a la cena?
- Sí, vamos a comer… princesa en escabeche, JA, JA, JA, JA.
- ¡Espera, tengo uno mejor! Yo quiero la mía a la pancha ¿Qué tal? ¿Eh?
Mientras ellos se reían, los tres desafortunados salieron corriendo lo más rápido que pudieron. Cuando los tres forasteros se dieron cuenta, corrieron detrás de ellos, pero al único que lograron atrapar fue al mayordomo. Los niños no se habían dado cuenta de que Zazú ya no los seguía.
- ¿Los perdimos?
- Creo que sí ¿Y Zazú? –Por su parte, los forasteros se estaban divirtiendo con su captura.
- Y el pequeño mayordomo llegó saltando hasta la olla de presión. –Metieron a Zazú en un pequeño cráter que no tardaría en hacer en hacer erupción.
- ¡Oh, no! ¡No la olla a presión! –En cuanto hizo erupción, el mayordomo salió volando por los aires, mientras los tres forasteros sólo reían.
- ¡Oigan! ¡Métanse con alguien de su tamaño! –Al ver lo que pasó, la joven princesa no dudó en hablar.
- ¡¿Cómo tú?!
- Uh.
Ya que los niños aparecieron, los forasteros volvieron a ponerse de pie para tratar de atraparlos. Subira y Nolan corrieron tan rápido como pudieron, aunque no era sencillo hacerlo en una ciudad en ruinas, sobre todo porque los forasteros vivían en ese lugar y ya estaban acostumbrados a correr por ahí, conocían cada rincón y quizá hasta atajos.
Los pequeños lograron llegar a un gran edificio que parecía resistente y lleno de rincones para ocultarse, pero al tratar de subir unas escaleras, estas se rompieron haciendo que los niños cayeran al suelo. Debido al dolor, Subira y Nolan no lograron reincorporarse lo suficientemente rápido lo que hizo que los forasteros los alcanzaran.
- Vengan aquí, pequeños. –Repetían los forasteros mientras se acercaban a los niños.
- ¡Un paso más y se mueren! –Al acercarse más, Subira tomó un pedazo de madera de entre los escombros y los amenazó con él.
- ¡Uy, que miedo! Haber niña, intenta golpearme, vamos. –La mujer acercó su mejilla, pero antes de que Subira pudiera hacer algo, se escuchó un fuerte grito de guerra, casi como un rugido.
Zazú había logrado encontrar a la reina y juntos lograron llegar a tiempo para salvar a los niños. Munira, al ser una líder que vive bajo las leyes de la selección natural y el salvajismo puro, su cuerpo está diseñado para el combate cuerpo a cuerpo. Su agilidad, reflejos y fuerza física bruta superan por mucho a la de los forasteros, quienes dependen de sus herramientas y armas porque sus cuerpos suelen estar más débiles por la mala vida de la ciudad en ruinas. Contra eso, los tres que amenazaban la vida de Subira, no pudieron hacer nada.
Cuando Banzai arremete con su machete, Munira esquiva el golpe con una agilidad felina. Utiliza el propio impulso del forastero para estamparlo de cabeza contra una pared de concreto podrido del edificio, dejándolo aturdido de inmediato. Ed intenta saltar sobre ella con una navaja, pero la reina, usando técnicas de combate cuerpo a cuerpo basadas en la supervivencia salvaje, le atrapa la muñeca, lo obliga a soltar el arma y lo lanza con una fuerza brutal hacia contenedores de basura, sepultándolo bajo los escombros. Shenzi, al ver a sus hermanos derribados en cuestión de segundos por una mujer descalza y llena de furia, retrocede. Munira se interpone entre los forasteros y los niños, abriendo los brazos para protegerlos, con una postura imponente y los ojos inyectados en sangre.
- Cálmate, lo sentimos mucho. –Shenzi levantó las manos en señal de rendición.
- ¡Es mi hija! ¡No vuelvan a acercarse a ella!
- Ah, ella es… tu… tu… tu… tu hija. –Como último recurso, comenzaron a hacer ademanes diciendo que no tenían idea de que la niña era la hija de la reina.
- ¿Lo sabías? –Preguntó a Banzai quien ya se estaba poniendo en pie.
- ¡No, yo no! ¿Cómo crees? No ¿Y tú?
- ¡No, claro que no!
- Ah ¿Ed? –Ambos miraron a su hermano, pero este sólo sonrió y asintió, lo cual hizo que Munira gritara de irá.
- Ja, ja, ja, bueno, adiós. –Rápidamente pusieron de pie a Ed y salieron corriendo. Sin embrago, la mirada dura de la reina no desapareció. Una vez que ya no hubo peligro, Subira y Nolan se aproximaron a Munira.
- Mamá…
- ¡¡DE LIBERADAMENTE ME DESOBEDECISTE!!
- Perdóname mamá.
- ¡Vamos a casa!
- Creo que fuiste muy valiente. –Susurró Nolan mientras caminaba a lado de la princesa.