El Reino

Capítulo 4

En la ciudad en ruinas, los forasteros estaban curando sus heridas en uno de los tantos edificios que luchaban por mantenerse en pie. Por supuesto, estuvieron hablando de lo ocurrido, o por lo menos uno de ellos, Banzai, era quien no dejaba de quejarse por sus heridas.

  • Cielos, esa Munira, no podré sentarme bien en una semana. –Sin embargo, su hermano Ed, parecía encontrar eso gracioso por alguna razón.
  • Je, je, je, je, je, ja, ja, ja.
  • No le veo nada gracioso hermano.
  • ¡¡JA, JA, JA, JA!! Ja, ja, ja.
  • ¡Ya cállate! –Ya que Ed seguía riéndose a carcajadas, Banzai enfureció y se lanzó contra él, cosa que sólo disgustó más a Shenzi.
  • ¡Quieren callarse!
  • ¡Él empezó!
  • Qué barbaridad, con razón no podemos salir de este sitio lleno de basura.
  • Ah, me choca la basura.
  • De no ser por esos apestosos salvajes seríamos dueños de todo.
  • Ah, me chocan los salvajes.
  • ¡Son molestos!
  • Y peludos.
  • ¡Y gruñones! –La mujer puso su espalda contra la de su hermano para el ultimo insulto.
  • Y además son… ¡Tan feos! –Tras decir eso, ambos empezaron a reírse, sin embargo, se callaron al instante al escuchar otra voz.
  • ¡Ah! No creo que todos los salvajes olamos tan mal. –Scarlett se había colado por una de las ventanas del edificio y miraba a los forasteros desde lo alto. Banzai fue el primero en “darle la bienvenida”.
  • ¡Oh! Scarlett, eres tú.
  • Creímos que era alguien importante.
  • Alguien como Munira.
  • Ah ¿Sí? –Scarlett sabía que sólo la trataban de hacer enojar, pero se los permitía.
  • ¡Eso sí es poder!
  • Es verdad ¡Oigo el nombre y tiemblo! –Al decir eso, Banzai hizo la prueba diciendo el nombre de Munira, a lo cual Shenzi hacía un temblor. A los hermanos les pareció divertido y lo repitieron varias veces entre risas; aunque Scarlett no le veía la gracia.
  • Mmm, estoy rodeada de idiotas. –A pesar de decir eso y que de vez en cuando Scarlett, Shenzi y Banzai se molestaran entre ellos, en realidad se estimaban y tenían una amistad estrecha. Al mirarlos jugar, la azabache recordó el día que los conoció.

Flashback

Una pequeña Scarlett, de aproximadamente 5 años, acompañada de su gemela Munira, estaban entrando a la ciudad en ruinas. Scarlett estaba claramente emocionada, sin embargo, la pequeña pelirroja sólo quería irse y volver a casa.

  • Creo que no fue buena idea Scarlett, mejor regresemos ¡Sabes que es peligroso! Recuerda las historias.
  • Tal vez son sólo exageraciones y es lo que vamos a averiguar.
  • ¡No! ¡Ya no pienso ir más allá!
  • ¿Qué dices? Recién llegamos.
  • ¡No, Scarlett! ¡Regresemos! Eres la futura reina, no te deberías poner en riesgo.
  • No me vengas con eso ¿Quién tuvo la idea? Además, creo que pondría un mejor ejemplo demostrando que esas historias son sólo cuentos para asustarnos. Es mejor que ser una reina que sólo sigue las reglas sólo porque sí.
  • ¿No te haré cambiar sin importar lo que diga?
  • Tendré que decir que no.
  • Entonces te deseo suerte. Si tardas demasiado le diré a papá dónde estás.

Scarlett sólo asintió y Munira dio media vuelta para salir de la ciudad en ruinas y regresar a casa. Cuando se fue, la pequeña de cabello azabache siguió adelante, se adentró todo lo que pudo en la ciudad y, cuando ya se había aburrido y estaba por regresar, escuchó un ruido. Por su curiosidad, caminó en dirección al sonido, se ocultó entre los escombros y al observar vio a tres niños (dos niños y una niña), más o menos de su edad jugando con unas extrañas cosas que no supo definir exactamente lo que eran. Intentó acercarse más para ver mejor esos objetos, pero uno de los escombros se rompió rebelando su presencia ahí. Los tres niños voltearon y aunque estaban sorprendidos de verla ahí no se asustaron, por el contrario, la niña se le acercó.

  • Hola, soy Shenzi ¿Quién eres tú?
  • Amm… –Scarlett se había sorprendido por la tranquilidad con la que la niña se le acercó, pero antes de que dijera algo uno de los niños se adelantó.
  • No pierdas tu tiempo Shenzi, sabes que los salvajes son tan estúpidos que ni siquiera pueden hablar.
  • ¡A quien le dices salvaje, maldito deforme!
  • ¡¿Deforme?! ¡¿A quién le dices…?!
  • ¡Banzai, basta, tú no debiste llamarla así! –Scarlett miró otra vez a la niña, dejó pasar lo que el niño había dicho y se presentó.
  • Hola Shenzi, soy Scarlett, la futura reina. –Hizo una pequeña reverencia a modo de saludo, a lo que los niños soltaron una pequeña risilla. De nuevo, la niña fue la primera en hablar.
  • Bueno, encantados “futura reina”.
  • ¿Qué es eso que estaban usando? Tenían unas cosas extrañas cuando los vi. –El niño la miró con extrañeza y fue por “la cosa extraña”.
  • Vaya que ustedes los salvajes son raros. Estos juguetes, nuestros carritos de juguete.
  • ¿Jugue…te?
  • ¡Ja, ja, ja, ja! Estos salvajes ignorantes ¡No puedo creer que no sepa lo que es un juguete! –Esta vez, Scarlett no pudo evitar sentirse avergonzada.
  • Pero eso no tiene por qué ser así, Banzai. Ya sé, podemos llevarla con mamá y que ella le enseñe igual que a nosotros, aunque sea una salvaje debería ser capaz de aprender ¿Qué dices Scarlett? ¿Quieres aprender cosas, tener verdadero conocimiento como nosotros?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.