El Reino

Capítulo 6

En el desierto, un par de días después de haber huido, Subira ya había sucumbido al cansancio y al calor abrazador cayendo inconsciente en la arena. Cuando los buitres empezaban a amontonarse alrededor del pequeño cuerpo de la niña, dos sujetos aparecieron gritando con unos pequeños palos en sus manos, haciendo que las aves se fueran en un instante. Uno de ellos era un hombre bastante alto, de casi 3 metros de altura, además de ser algo robusto; el segundo era bastante pequeño, de aproximadamente 1.20 metros.

  • ¡Yahoo! ¡Me encanta jugar bolos con buitres! –Gritó el más alto.
  • Ja, ja, ja, nunca nos falla, ja, ja, ja.
  • Oh, oye Timón, será mejor que vengas. Parece que esta niña todavía está viva.
  • ¿Qué? -se apresuró a ver a la niña-. Está bien, veamos. –Primero se aseguró de que estuviera respirando acercando su oreja a la nariz de la pequeña, después le tomó el pulso tocando su muñeca.
  • ¿Y bien? –Su compañero ya estaba empezando a preocuparse por el silencio.
  • Está débil, Pumba, pero sobrevivirá. Tenemos que ponerla bajo una sombra y vamos a necesitar agua.
  • Entendido.

Pumba cargó a la niña entre sus brazos, mientras que Timón trepaba a la espalda de su amigo y fueron a un lugar fresco para despertar a la pequeña. Se acomodaron bajo la sombra de un árbol cerca de un pequeño estanque, recostaron a la niña y luego de echarle un poco de agua en la cara, ella despertó algo confundida y desorientada.

  • ¿Estás bien niña? –Timón se le acercó para seguir revisándola.
  • Creo que sí. –Subira apenas podía hablar.
  • Casi mueres. –Pumba le acercó un cuenco de madera para que bebiera agua.
  • Yo te salvé. -Timón notó la mirada de enojo de su amigo- Bueno Pumba ayudó. Algo. –Luego de beber, Subira se puso de pie y empezó a caminar.
  • Gracias por la ayuda.
  • Oye ¿A dónde vas?
  • A ningún lado. –Al verla tan cabizbaja, Timón entendió que ella no estaba así sólo por casi haber muerto bajo el sol.
  • Mm, está desinflada.
  • Oh, yo la veo bastante nutrida.
  • No, quiero decir deprimida. –Ambos se levanta y van a lado de la niña, quien se había quedado sentada mirando el desierto.
  • Oye ¿Qué te pasa? –Pumba puso una mano sobre la espalda de la niña.
  • ¿Y de dónde vienes?
  • ¿Qué importa? No regresaré.
  • Ah, eres fugitiva. Que bien, también nosotros.
  • ¿Qué hiciste niña?
  • Algo terrible. No quiero hablar de eso.
  • Bien, no necesitamos saberlo.
  • Por favor, Timón ¿Podemos ayudarte?
  • Sólo si pueden cambiar el pasado. –Timón acarició la cabeza de la niña alborotándole su cabello.
  • Sabes, en momentos así suelo decir “siempre hay que dejar el pasado atrás”. Mira niña, pasan cosas malas y no se puede poner el remedio ¿Cierto?
  • Cierto.
  • ¡Falso! Siempre que el mundo te dé la espalda, lo que uno debe hacer es darle la espalda al mundo.
  • No fue lo que me enseñaron.
  • Tal vez necesites nuevas lecciones. Repite conmigo -Timón se afinó la garganta- hakunamatata.
  • ¿Qué? –Pumba se le acercó al oído y le repitió.
  • Hakunamatata. Significa no te angusties.
  • Significa vivir la vida relajadamente y sin preocupaciones. Sí, a veces pasan cosas malas, pero si no hay manera de arreglarlo, entonces preocuparse es una pérdida de tiempo. Sólo hay que seguir adelante.
  • ¿Hakunamatata? –Puma cargó a la niña y la sentó en su hombro izquierdo.
  • Sí, es nuestra onda.
  • ¿Qué onda? –Timón trepó por la espalda de su amigo hasta llegar a la niña.
  • ¡Nada, nena! ¡¿Qué onda contigo?! –Ambos hombres empezaron a reír.
  • Sabes qué pequeña, esas dos palabras fueron las que resolvieron todos nuestros problemas. –Pumba empezó a caminar llevando sobre él a Timón y a Subira.
  • Es cierto. De donde veníamos todo el mundo nos rechazó, pero ¿Permitimos que eso nos desanimara? ¡No! Empacamos y nos fuimos de ahí.
  • Vagamos por ahí un tiempo hasta que encontramos este lugar. –Timón dio un salto para bajar de su amigo y abrir paso entre la hierba.
  • Bienvenida a nuestro humilde hogar. –Subira vio un valle muy parecido al que había sido su hogar, sólo que mucho más pequeño, pero eso no lo volvía menos impresionante.
  • ¿Viven aquí?
  • Vivimos donde queremos.
  • Y vivimos como queremos.
  • Es hermoso.
  • Lo sé y ¿Cómo te llamas niña?
  • Subira.
  • Bueno, es un gusto conocerte Subira. –Pumba bajó a la niña y los tres empezaron a caminar mostrándole el lugar.




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